Revista de Prensa

Por el cambio de régimen en Irán

 

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Raymond Tanter, del Washington Institute, examina en esta nota la madurez de la situación social y política en la República Islámica para un eventual cambio de régimen. Tanter considera que las circunstancias iraníes son mucho mejores que las de otros países de la región para que el cambio se consolide.

(…) apoyar un cambio democrático en Irán no significa necesariamente [una repetición de lo sucedido en] Egipto o Libia: ambos países carecían de alternativas democráticas para llenar el vacío de poder [y] los opositores islamistas tomaron el control (…) Irán sería diferente.

Al contrario que algunos otros países en Oriente Medio que pasaron por un cambio de régimen, Irán tiene el ingrediente más importante para el éxito: una alternativa local y viable. Los islamistas ya están en el poder, y hay un movimiento opositor antiislamista con una clara base prooccidental. Con un empujón de Occidente, los disidentes iraníes serían capaces de retar al régimen y reemplazarlo en una transición comparativamente pacífica.

(…)

El levantamiento de 2009 demostró que millones de iraníes quieren un cambio de régimen, una meta perseguida por el CNRI [Consejo Nacional de la Resistencia Iraní], cuyos miembros pagaron un precio desproporcionado por su participación en el mismo. Algunos Gobiernos árabes se están alineando ahora con los disidentes iraníes porque ven al revolucionario régimen enemigo a sus puertas. Ahora que el príncipe [Turki, de Arabia Saudí] trata de reconfigurar el curso de la Historia, es el momento para que Occidente se una a la coalición que podría remodelar el futuro.

La entrevista concedida por el ministro de Defensa israelí al diario palestino Al Quds sigue siendo objeto de numerosos análisis políticos. En esta ocasión es Smadar Bat Adam la que escribe a este respecto, poniendo de manifiesto las diferencias que hacen que ni la izquierda ni la derecha israelí acepten al cien por cien las tesis de Avigdor Lieberman, que aboga por una resolución del conflicto con los palestinos mediante el intercambio de tierras y población.

La izquierda, apoyada por la mayoría de los medios de comunicación, se aferró decididamente a la política de que la retirada de Judea y Samaria y de la Franja de Gaza, que Israel conquistó en la guerra de los Seis Días en 1967, es el único camino a la paz. La derecha, por el contrario, ve la retirada de ese territorio ancestral como una amenaza existencial, puesto que comprende una renuncia al principio que guió el establecimiento del Estado en ese particular trozo de tierra, “no a través de la fuerza, sino por derecho”, como aseguró el fallecido primer ministro Menájem Béguin.

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La propuesta de Lieberman es compleja y merece un debate público en profundidad. Incluye una enorme cesión para cualquiera que pertenezca a la derecha y también reclama ciertas cesiones a la izquierda.

El aspecto cochambroso de la flota rusa que viaja a los escenarios de conflicto en Oriente Medio es un buen indicador del verdadero poderío del régimen de Putin, sostiene The American Interest en esta pieza.

Rusia realmente tiene una mano muy débil para jugar contra Occidente. Eso ciertamente se extiende a su capacidad militar: la flota y la aviación rusas, viejas y oxidadas, no son rivales para la superpotencia americana. (…)

La capacidad de Rusia para cambiar la situación sobre el terreno en Siria es una cuestión de oportunismo político y astucia, no de superioridad técnica. La cantilena sobre el poderío militar ruso oculta su debilidad y la falta de escrúpulos de Occidente al dejar a Putin las manos libres. Putin ha jugado bien sus cartas, calculando correctamente que Occidente no podría construir un consenso para enfrentarse a él. (…)

Si EEUU y la OTAN quisieran desafiar a las fuerzas rusas en Siria, tendrían todos los medios para hacerlo. Pero Putin ha actuado con decisión, mientras Occidente ha sido débil, y eso ha marcado la diferencia.