Revista de Prensa

Paranoia y venganza en Turquía

 

Bandera de Turquía.

En Hurriyet Daily News, Semih Idiz denuncia la cacería de opositores que sigue perpetrando el régimen del islamista Recep Tayyip Erdogan, que está provocando una tremenda fractura en la sociedad turca.

La condena a 25 años de cárcel contra Enis Berberoglu, exdirector del diario ‘Hurriyet’ y actualmente diputado del opositor Partido Republicano del Pueblo (CHP), es solo el último episodio de una cadena de acontecimientos negativos que no muestra signos de remitir. Incluso algunos partidarios islamistas del presidente Recep Tayyip Erdogan están cuestionándose la justicia de este caso en particular.

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Todo el mundo se pregunta ahora quién será el próximo. Si el líder del principal partido de la oposición (…) decide organizar una gran marcha en defensa de la Justicia, es difícil decir que las cosas son normales en ese país.

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Desde la perspectiva [de los gobernantes turcos], el trabajo no está acabado todavía. A pesar de los cientos de miles de personas que han perdido su trabajo y los miles que están en la cárcel, siguen viendo enemigos por todas partes. Esto es el reino de la paranoia, que por su propia naturaleza es irracional.

El tiempo, sin embargo, es lo que iguala al final. Es un misterio cómo piensan mantener la tendencia actual y salir airosos, dada la agitación que han contribuido a provocar.

El periodista saudí Abdulramán al Rachid analizalas fortalezas y debilidades del controvertido emirato y concluye que sólo la protección que le brinda su hoy tambaleante relación con los países suníes de la zona puede garantizar su supervivencia.

Las autoridades de Doha tienen tres puntos fuertes: sus medios de comunicación, su dinero y su eficaz diplomacia. Con ello compensan otras tres condiciones: una población pequeña, un territorio reducido y un Ejército débil. (…)

[Los países suníes del Golfo, liderados por Arabia Saudí] le han dado a probar su propia medicina. Qatar, repentinamente, se encuentra en un lugar en el que está siendo insultado y despreciado. Está aislado y comienza a temer por su seguridad y supervivencia. Con el tiempo, y a medida que crezcan las calamidades, Qatar se dará cuenta de que es realmente un país pequeño y que sin sus hermanos árabes y del Golfo carece de importancia y no podrá vivir en paz. Qatar ha descubierto que la enorme base militar de Al Udeid no lo protegerá y que sus amenazas de recurrir a Irán o a Turquía en busca de ayuda no asustan a sus rivales. También sabe que el apoyo de los medios a la Hermandad Musulmana, las inversiones de 170.000 millones de dólares en Occidente y sus redes de beneficiarios en Arabia Saudí, Baréin, Kuwait y otros países no preocupa a sus enemigos. Nada de esto proporcionará a Doha una sola noche de tranquilidad.

El analista saudí Turki Aldajil denuncia los manejos de Qatar contra los intereses de sus vecinos, a los que acusado de haber traicionado proporcionando información a Teherán y financiando el terrorismo.

El conflicto con Qatar no va de economía, asuntos sociales, de juzgar posiciones o evaluar soluciones. Está provocado por un régimen que tiene como objetivo desestabilizar países, derribar regímenes e intentar dividir geográficamente Arabia Saudí y otros países.

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El problema (…) es que el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) ha estado infiltrado los últimos 20 años. Proporcionar información a Irán y apoyar el terrorismo contra el pueblo bareiní es una puñalada por la espalda histórica y sin precedentes. Un país como Qatar ha dado refugio a terroristas de la organización Al Qaeda y les ha proporcionado más de 64.000 millones de dólares.

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Hace unos días, el ex primer ministro catarí Hamad ben Jasem dijo que los países deberían ver a Qatar como “su hermano pequeño”. Es como si hiciera un llamamiento a olvidar esta fase considerando que la política catarí “cometió errores”. Sin embargo, sus palabras no incluyeron ninguna disculpa, clarificación o justificación.

Cuando Tamim asumió el poder, los principales líderes pensaron que haría un buen trabajo. Le dieron una oportunidad, que ampliaron tres años. Sin embargo, los acontecimientos del Yemen, el apoyo continuo de Qatar a Al Qaeda y a los Hermanos Musulmanes, y su protección (…) a enemigos de los países del Golfo (…) todas las esperanzas (…) Está claro que nada ha cambiado.