Revista de Prensa

Para Israel, la Era Netanyahu ha sido una buena era

 

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El analista norteamericano Jeff Jacoby hace una valoración claramente positiva del desempeño de Benjamín Netanyahu como primer ministro de Israel. Bibi ha tenido entre sus grandes enemigos a una clase periodística que sigue negando el pan y la sal a quien acaba de desbancar al mítico David ben Gurión como el más duradero gobernante del Estado judío.

Durante toda su carrera política, Netanyahu ha sido acremente repelido por la izquierda, nacional e internacional, y sobre todo por los medios. Como bruscamente remarcó en una reciente entrevista con la revista ‘Time’, los periodistas están “cansados de Netanyahu desde el primer día”.

Pero los votantes israelíes no.

Puede que Netanyahu sea controversial, arrogante, exasperante, pero también es un hombre de éxito. Bajo su vigilancia, Israel se ha hecho más fuerte y próspero. Pese a la creciente ola de antisemitismo global, el Estado judío es más seguro que nunca. La “nación que mora sola” jamás ha estado menos aislada diplomáticamente. Y pese a que Oriente Medio sigue siendo notablemente violento, la década que ha transcurrido desde la vuelta al poder de Netanyahu (2009) ha sido la más pacífica de la historia de Israel.

(…)

Cuando Netanyahu cerró su primer mandato con una derrota electoral (1999), algunos cometieron el error de enterrarlo como fuerza política. “Si acaso, será una nota a pie de página en la historia de los primeros ministros israelíes”, se regodeó un prominente periodista israelí. Los israelíes volverán a la urnas en septiembre, y Netanyahu confía en conseguir una sexta victoria. No hay garantías; puede que los votantes decidan que su tiempo se ha acabado. Pero, pase lo que pase, Netanyahu nunca será confundido con una nota a pie de página. No es el amado Ben Gurión, pero su lugar en el panteón israelí está asegurado.

En un artículo para el BESA Center, el profesor israelí Edy Cohen, de la Universidad Bar Ilán, escribe sobre las relaciones jordano-israelíes, mucho más complicadas de lo que suele pensarse por el tremendo odio al Estado judío que demuestran vastas capas de la población jordana, así como sus representantes políticos.

En una inaudita y particularmente indignante declaración, el diputado jordano Tarek Juri instó recientemente a (…) volar los conductos que se supone llevarán gas natural a Jordania desde Israel. Juri, que pertenece a la comunidad cristiana, declaró (…): “Quiero proponer algo a todos los miembros del Parlamento: la firma de un pacto de honor. Cada uno de nosotros es libre de sacrificar su vida y la de sus hijos con tal de volar cualquier conducto [israelí] de gas que atraviese territorio jordano. Todos nosotros seremos mártires (…)”.

(…)

Pese al tratado de paz y las dos décadas y media de relaciones diplomáticas, en Jordania son legión los que siguen viendo en Israel un ilícito Estado enemigo. El Gobierno juega a dos bandas: su hostilidad pública hacia Israel le permite preservar su popularidad, mientras, entre bambalinas, mantiene sus buenas relaciones [con el Estado judío]. 

El comentarista argentino Julián Schvindlerman escribe en el Times of Israel sobre la histórica decisión del presidente de su país, Mauricio Macri, de designar terrorista a Hezbolá, la organización islamista libanesa de obediencia iraní.

Ya era hora de que la Argentina –país que padeció la violencia de Hezbolá en 1992 (atentado contra la embajada de Israel) y 1994 (atentado contra la AMIA), con un total de 114 muertos– designase a este grupo como organización terrorista, tal como ya han hecho, de manera parcial o completa, la Liga Árabe, la Unión Europea, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Holanda, Estados Unidos e Israel. Aunque con una demora de un cuarto de siglo, la medida no tiene precedentes en América Latina y pone a la Argentina en la vanguardia de la lucha contra el terrorismo en la región.

(…)

la determinación del presidente Mauricio Macri era necesaria. Es de esperar que sea prontamente imitada por las democracias de la región.