Revista de Prensa

Palestina: victoria pírrica en la ONU

 

Kefia palestina.

Walter Russell Mead, de The American Interest, considera que la resolución antiisraelí aprobada por el Consejo de Seguridad la semana pasada no va a ayudar realmente a los palestinos, condenados a padecer unas instituciones corruptas y enfermas de judeofobia.

La resolución es, ciertamente, una victoria propagandística para la causa palestina, pero no va a ayudar en nada a los palestinos en términos prácticos. (…)

Los palestinos han estado organizándose para combatir al sionismo durante más de 100 años. Durante todo ese tiempo, Sus problemas fundamentales han tenido causa en la debilidad de su liderazgo político y la falta de capacidad de sus instituciones.

(…) Ya no es que los territorios palestinos se hayan convertido en dos micro-Estados (Gaza y la Margen Occidental, de modo que en lugar de una solución de dos Estados podríamos hablar de una solución de tres Estados, a menos que se produzca una guerra civil palestina), sino que tanto Hamás en Gaza como Al Fatah en la Margen Occidental se han vuelto cada vez más corruptos e ineficaces. Las dos principales organizaciones políticas palestinas dependen de los donantes extranjeros que cubren sus gastos; ninguna ha mostrado gran habilidad para construir un auténtico Estado o solucionar los problemas del pueblo palestino.

Es lo que cree Eran Lerman, coronel israelí en la reserva y miembro del Begin-Sadat Center for Strategic Studies, que en este trabajo pone de relieve las implicaciones de la resolución antiisraelí aprobada por el Consejo de Seguridad.

La resolución reduce en gran medida la probabilidad de que los líderes palestinos tengan lo necesario para lograr un compromiso viable en la mesa de negociaciones. Son débiles y están divididos (…) y no han mostrado el coraje necesario (…).

Madmud Abás ofreció una nota conciliatoria después de la votación de la ONU, haciendo un llamamiento a la coexistencia y diciendo tácitamente que es consciente de que el futuro sigue dependiendo del electorado israelí. Pero es menos capaz que nunca de ofrecer una visión que se aparte del esquema de expectativas que él mismo y sus colegas han generado. Una ‘solución’ que satisfaga las esperanzas despertadas por el texto de la resolución –con la deslegitimación y expulsión definitiva de todos y cada uno de los judíos que viven más allá de las líneas del armisticio de 1949, incluyendo absurdamente Jerusalén Este–, simplemente no puede ejecutarse. Cualquiera que anime a los palestinos a creer que el traslado forzoso de cientos de miles de personas es preferible a un compromiso complicado pero práctico, que podría implicar una deslocalización humana muy inferior –y que mantenga a Jerusalén como una ciudad viva y unida– está alimentando una quimera.

El vicerrector de la Universidad de Tel Aviv, Eyal Zisser, cree que van a seguir fortaleciéndose a pesar del magnicidio, dado el interés de ambas naciones y la retirada norteamericana de la región.

En el fondo del cambio de posición de Turquía está el reconocimiento del poderío militar ruso y su capacidad de infligir daños, pero también la constatación de que Washington ha abandonado la región y a sus aliados. Los turcos son también lo bastante realistas para comprender que, bajo las presentes circunstancias, sus aliados en Siria, los rebeldes que luchan contra Asad, tienen solo una leve oportunidad de salir victoriosos. Aparte de todo esto, los turcos ven a los kurdos como la auténtica amenaza. Por lo tanto, aferrarse a Moscú e ir contra los kurdos, que están apoyados por Washington, es un paso prudente y necesario.

Podemos asumir que, a cambio de su voluntad de ayudar a estabilizar la situación en Siria, los aliados de Turquía –que luchan en el norte de Siria, en la provincia de Idlib y el norte de Alepo– recibirán inmunidad para seguir al mando allí y centrarse fundamentalmente en combatir al lado de los turcos contra los kurdos, que están buscando establecer su propia autonomía en esas áreas. (…)

El apego de Turquía a Rusia fortalece a Moscú, que ahora puede maniobrar a placer entre Ankara y Teherán, y avanzar en sus intereses a expensas de ambos a través de la política del “divide y vencerás”.