Contextos

Palestina se ocupa a sí misma

Por Asaf Romirowsky 

Bandera de Palestina.
"Ya pueden sostener los palestinos que son un 'Estado ocupado' o 'territorios palestinos bajo ocupación': mientras sigan aferrados al concepto de ocupación e Israel siga siendo el ocupante, estamos condenados a las dinámicas del pasado. Sin autocrítica y sentido de la rendición de cuentas, la identidad y la estadidad palestinas seguirán bajo 'ocupación'. Palestina está efectivamente 'ocupada'... por las sombras que ella misma teje"

Con el relato de la “ocupación”, se ha codificado la estrategia palestina de afanarse por la estadidad mientras se culpa a Israel de su inexistencia. El aniversario de la guerra de 1967 trajo esta cuestión al primer plano, con interminables denuncias de la “ocupación” israelí de la Margen Occidental. Incluso se ha afirmado que Gaza sigue “ocupada”.

La ocupación es un reclamo palestino para evitar las negociaciones: “Ni la brillantez táctica en las negociaciones, ni la cantidad de preparación experta ni la alineación perfecta de las estrellas pueden superar ese obstáculo”, se dice. Tampoco habría progreso posible en la economía, o en la construcción de instituciones y de la sociedad civil palestinas, porque, como dijo el ministro de Finanzas palestino, Nabil Kasis, “el desarrollo bajo la ocupación es una mascarada”. Incluso la represión y la mano dura contra la libertad de prensa practicadas por la Autoridad Palestina (AP) son causa, “por supuesto, de la ocupación israelí”, según Hanán Ashrawi. Y a pesar del visible subdesarrollo de las instituciones y la sociedad civil palestinas, Europa debe seguir financiándolas, ya que lo que se necesita de la UE y otros donantes de Palestina es que estén “preparados para varios escenarios posibles” y tengan “la mira a largo plazo puesta en el funcionamiento de las instituciones”.

En 2011, cuando el presidente de la AP, Mahmud Abás, presentó la Declaración Unilateral de Independencia (DUI), vimos el proceso en acción. Este enfoque está específicamente diseñado para impedir cualquier negociación directa con el Estado de Israel. Algunos defensores de los palestinos incluso se opusieron a la DUI precisamente porque Palestina 

carece de los elementos más esenciales de la estadidad: independencia y soberanía, y control efectivo sobre el territorio. La realidad es que Israel, la potencia ocupante, tiene la última palabra en la mayoría de los asuntos que afectan al destino del pueblo palestino.

Pese a la altisonante retórica que siguió a la “Declaración de Independencia” palestina de 1998, el objetivo era poner la pelota del Estado palestino en el tejado de la ONU. Pero la ONU ya trata a los palestinos como a ninguna otra entidad, sea un Estado o un pueblo. Se dedican ingentes recursos financieros y administrativos al “ejercicio de los derechos inalienables del pueblo palestino”. A pesar de los esfuerzos, que han costado muchos millones y durado casi setenta años, pues empezaron mucho antes de la ocupación de 1967, aún no hay un Estado palestino.

Los palestinos y sus defensores están por la ocupación en dos sentidos. Es su mejor baza para mantener su negativa a negociar y no desarrollar su propia sociedad, pero también es un instrumento útil para internacionalizar más el conflicto y prolongar las subvenciones internacionales.

Este patrón ha sido evidente durante décadas. Incluso Hillary Clinton, siendo secretaria de Estado, vio que todo era una farsa. “Nada puede sustituir las conversaciones cara a cara y un acuerdo que conduzca a una paz justa y duradera”, declaró. “Ese es el único camino que llevará al cumplimiento de las aspiraciones nacionales palestinas (…) Tampoco es viable construir las instituciones de un futuro Estado sin las negociaciones que en última instancia lo crearán”.

Hasta ahora, sin embargo, las sucesivas Administraciones estadounidenses sólo han contrarrestado la retórica, no los métodos palestinos, y la retórica de la “ocupación” no ha sido directamente contrarrestada en absoluto. Esto se debe a que, junto a la cuestión de los refugiados y el victimismo, aquélla forma parte del núcleo de la identidad palestina, al menos en términos políticos.

La estrategia de la DUI fue una forma diplomática de sellar la “ocupación”. Nada puede darse en la sociedad o la política palestinas, empezando por el desarrollo de instituciones de Estado o una cultura de convivencia pacífica con Israel, por culpa de la “ocupación”. Un simbolismo huero como el de la DUI facilita hábilmente el objetivo palestino –a largo plazo– de erradicar a Israel cooptando la ONU y las ONG internacionales. Esta larga marcha por las instituciones ha ampliado la deslegitimación global de Israel a un coste muy bajo. El inevitable fracaso de la DUI para crear una Palestina viable sirve igualmente a la causa, al tiempo que sus éxitos políticos socavan a Israel. El ritmo del cambio es suficientemente lento como para mantener la ilusión de la paz y la vital ayuda de Occidente.

Las amenazas figuran en cualquier manual de diplomacia, y a los palestinos se les dan de maravilla. Las dudas a propósito de la “imparcialidad” a Estados Unidos y, sobre todo, cualquier cuestionamiento del discurso victimista palestino (y por ende de la necesidad de la ayuda internacional) producen nuevas rondas de amenazas. La Autoridad Palestina ve estancamiento y falta de entusiasmo en la Administración Trump, especialmente tras la última visita de Jared Kushner, y Ahmad Majdalani, ayudante de Abás, dice: “Si el equipo estadounidense no trae esta vez respuestas a nuestras preguntas, vamos a estudiar nuestras opciones, porque el statu quo no está sirviendo a nuestros intereses”.

Se está desarrollando una nueva estrategia para internacionalizar el conflicto y promover el relato palestino. De ahí el plan para cambiar la definición internacional de “territorios palestinos bajo ocupación” por Estado palestino bajo ocupación”. Esto llevaría de nuevo la atención a la “ocupación” sin exigir nada de la Autoridad Palestina.

Por supuesto, declarar un Estado no lo convierte en realidad. Tampoco lo hará declarar que ese Estado está “bajo ocupación”. La realidad es que la inexistencia y el carácter victimista del Estado palestino son una decisión consciente de asumir el fracaso. Esto no cambiará a menos que haya negociaciones directas, opción que la AP ha rechazado sistemáticamente.

Aunque lo deseable sigue siendo un Estado palestino funcional, es muy revelador que los líderes palestinos se hayan negado a negociar directamente con Israel y utilicen entidades como la ONU para que avalen su Estado virtual sin instituciones viables. ¿Cuál es el objetivo palestino, tener un Estado propio o la erradicación de Israel? Si es esto último, ¿qué vendría después? La insistencia en un Estado palestino debe ir acompañada de la reanimación del moribundo sistema político palestino y de las instituciones que lo respaldarían, como una prensa libre. Pero esas demandas deberían venir en primer lugar de los palestinos. Cuando provienen de Israel o de los países occidentales, chocan con el relato de la “ocupación”.

El nacionalismo palestino jamás ha considerado que el conflicto se da entre dos grupos nacionales con reivindicaciones y aspiraciones legítimas. La existencia de Israel –de hecho, el sionismo, la misma idea del nacionalismo judío– se considera totalmente ilegítima. La aceptación palestina de la solución de dos Estados es un medio de apaciguar a Occidente y su deseo declarado de que todas las partes vivan en paz de acuerdo a los ideales democráticos y nacionales. Pero para Arafat en su día y para Abás ahora, la solución de dos Estados es un mecanismo para ganar tiempo hasta que los palestinos puedan por fin superar y derrotar a Israel. El lenguaje de la “ocupación” es un factor clave.

Ya pueden sostener los palestinos que son un “Estado ocupado” o “territorios palestinos bajo ocupación”: mientras sigan aferrados al concepto de ocupación e Israel siga siendo el ocupante, estamos condenados a las dinámicas del pasado. Sin autocrítica y sentido de la rendición de cuentas, la identidad y la estadidad palestinas seguirán bajo ocupación. Palestina está efectivamente ocupada… por las sombras que ella misma teje.

© Versión original (en inglés): BESA Center
© Versión en español: Revista El Medio