Revista de Prensa

Oriente Medio: Trump tiene razón

 

Donald Trump.

En Politico, Steven A. Cook, del Council on Foreign Relations, analiza la política mesoriental del presidente norteamericano y la valora positivamente por su enfoque realista.

Trump ha señalado que él y su Administración son conscientes de los límites del poder americano en Oriente Medio y que, así las cosas, seguirán una política que vuelva a los principios básicos: asegurar el libro flujo del suministro energético, contribuir a la seguridad de Israel, impedir que ningún país (excepción hecha de EEUU) domine el Golfo Pérsico, luchar contra el terrorismo y poner freno a la proliferación nuclear.

Aunque Trump se equivoca en muchas cosas (…), tiene razón en [pensar] que es muy probable que la promoción del cambio democrático en Oriente Medio fracase. El mundo raras veces es como los idealistas quisieran que fuera, si es que lo es alguna.

En Israel Hayom, el periodista Oded Granot reflexiona sobre el estado de la guerra contra el Estado Islámico luego de su derrota en Mosul (Irak) y sobre las consecuencias que ésta tendrá sobre la seguridad nacional de Israel, cuyo enemigo fundamental sigue teniendo sus cuarteles generales en Teherán.

En varios aspectos, este es el principio del fin del Estado Islámico en su forma actual. Tras Mosul, caerá Raqa, capital del grupo en Siria. Y aunque su infraestructura colapsará, su ideología extremista y asesina continuará alentando a los yihadistas en Europa, el Medio Oriente y cualquier otro lugar.

Por supuesto, Israel debería saludar la derrota del Estado Islámico en Mosul, pero también debería tener en mente que (…) nunca ha sido uno de los objetivos principales [del ‘califato’ terrorista]. La principal amenaza para Israel siguen siendo Irán y sus aliados, Hezbolá y las milicías chiíes enfeudadas a Teherán. Estos grupos continúan operando en Siria y el Líbano, y en cierta medida podrían hacerse más fuertes en el Irak post Estado Islámico.

En Hurriyet, la analista Barçin Yinanç critica a la Eurocámara porque, a su juicio, con sus votaciones en principio pensadas para lanzar mensajes de advertencia al régimen autocrático de Recep Tayyip Erdogan, en realidad no hace sino debilitar a los demócratas turcos.

El 6 de julio, mientras los miembros del Parlamento Europeo votaban la congelación de las conversaciones para el ingreso de Turquía en la UE, Kemal Kiliçdaroglu, líder de la principal formación opositora turca, el Partido Popular Republicano (CHP), estaba en el 22º día de su marcha desde Ankara a Estambul. El mismo día, miles de personas se sumaron a su marcha en demanda de “justicia”, en protesta por el retroceso democrático [que vive Turquía], que se ha acelerado desde el intento de golpe de Estado de julio de 2016.

(…)

No sé si los europarlamentarios eran conscientes de la detención de los activistas pro derechos humanos en el mismo momento en que votaban, ni si afectó a su decisión o no. Pero estoy segura de que quienes votaron a favor de suspender las conversaciones [para el ingreso de Turquía en la UE], y fueron una gran mayoría de eurodiputados, no tuvieron en cuenta a los miles [de turcos] que demandaban justicia. Esos miles en realidad representan a los millones de turcos que anhelan una Turquía democrática. Con ese voto, el Parlamento Europeo no hizo sino fortalecer (…) a quienes en Turquía quisieran romper con la UE para dar rienda suelta a sus prácticas antidemocráticas.