Contextos

Occidente, Israel y el 'espíritu Charlie Hebdo'

Por Noah Beck 

Bandera de Israel.
"Israel es aún el país que todo el mundo gusta de odiar. Y esto es una manera bien barata de complacer a los votantes musulmanes en Europa y a los productores de petróleo del Golfo. Pero lo que ocurre con Israel finalmente le ocurre a Occidente, porque Israel es una extensión de Occidente. Y así como la entrega de Checoslovaquia fracasó a la hora de saciar el apetito expansionista y la violencia desenfrenada del totalitarismo nazi, la entrega de Israel al totalitarismo islámico tampoco saldrá bien""La mejor respuesta a los ataques contra 'Charlie Hebdo' es intensificar la libre expresión que los islamistas pretenden reprimir. De manera similar, la mejor respuesta a los ataques islamistas sobre la única democracia de Oriente Medio, Israel, es redoblar el apoyo que recibe"

La matanza islamista contra el semanario Charlie Hebdo ha captado comprensiblemente la atención internacional por ser un ataque terrorífico contra Francia y la libertad de expresión. En un momento de desafiante claridad moral, “Je suis Charlie” surgió como una frase popular de solidaridad con las víctimas. Ojalá esta claridad persista y se extienda a aquellos que hacen frente diariamente a desafíos similares en Oriente Medio.

Los cristianos y los miembros de otras religiones minoritarias han sido decapitados por islamistas durante años, pero no fue hasta la decapitación del periodista estadounidense James Foley que Occidente empezó a preocuparse. El Estado Islámico violó y masacró a miles de yazidíes –los supervivientes quedaron abandonados a su suerte en el Monte Sinyar– antes de que Occidente tomara nota, pero el asalto de un islamista a una cafetería en Sydney, en el que murieron dos personas, dominó el escenario mediático global durante las 16 horas que duró el secuestro.

Los líderes y la prensa de Occidente deben asumir que las religiones minoritarias de Oriente Medio son como el canario en la mina cuando se trata de amenazas islamistas. Especialmente Israel, ya que, a pesar de estar en una región de islamismo y dictaduras, el Estado judío tiene elecciones libres, libertad de expresión, una vida política vigorosa, prensa independiente, igualdad de derechos y protección para las minorías y las mujeres (presentes en todos los ámbitos de la vida civil, legal, política, artística y económica), así como una próspera economía de libre mercado.

Si un grupo de palestinos armados atacara el diario más importante de Israel, ¿habría tanta cobertura mediática o solidaridad internacional? Israel ha sufrido numerosas matanzas terroristas seguidas de acuciantes persecuciones a los criminales. De cada una de ellas, el mundo no fue informado hasta que Israel respondió de manera contundente y murieron palestinos, con la consiguiente condena global a Israel.

Cuando hay un ataque en Europa, Norteamérica o Australia hay un sentimiento generalizado de solidaridad y de aceptación de las medidas adoptadas. Pero cuando Israel es el blanco casi siempre se produce una llamada a la “contención”, como sucedió el pasado mes de noviembre, tras los apuñalamientos perpetrados por terroristas palestinos en Tel Aviv y la Margen Occidental.

Si dos palestinos entrasen en una iglesia europea o norteamericana, atacaran a los feligreses con cuchillos de carnicero y mataran a cinco personas, sacerdotes incluidos, la indignación sería palpable en cada una de las voces políticas y periodísticas que se alzaran. Pero cuando los israelíes fueron las víctimas de un ataque así, la reacción de Obama fue de perfil bajo. ¿Condenó Obama la matanza de Charlie Hebdo haciendo alusión a la cantidad de musulmanes que han muerto en África y Oriente Medio a manos de las fuerzas militares francesas? Por supuesto que no. Sería impensable tal equivocación moral con cualquier país aliado, excepción hecha de Israel.

De manera similar, ¿sugeriría el secretario de Estado, John Kerry, que el proceder del Estado Islámico está de alguna manera motivado por las políticas francesas (por ejemplo, la prohibición del uso del velo en las escuelas públicas o la lucha contra los islamistas en Mali)? Obviamente, no. Sin embargo, Kerry hizo exactamente eso con Israel cuando sugirió que el Estado Islámico se mueve impulsado por el conflicto palestino-israelí.

Es bien conocida la tendenciosiad antiisraelí de la prensa, pero se hizo especialmente evidente a la hora de cubrir los ataques palestinos con vehículos contra israelíes. Compare cómo titula The Guardian cuando Francia o Canadá sufren ataques de ese estilo y cuando el atacado es Israel.

Recuerden la justificada cobertura informativa del atentado contra la maratón de Boston (2013) y la indignación que suscitó el crimen; ahora imaginen que algo así sucede cada semana. ¿Se atrevería alguien a sugerir a Estados Unidos que hiciera la paz con cualquier grupo islamista que demandara un cambio en su política? Pues bien, Israel sufrió ataques con bomba como ése casi todas las semanas de 2002 y se le pidió contención y que hiciera concesiones a quien le estaba atacando (como sucedió el verano pasado, cuando Hamás lanzó miles de cohetes contra el Estado judío).

Como lamenta el primer ministro Netanyahu:

Hay un rasero para las dictaduras, otro para las democracias y otro para la democracia llamada Israel.

Incluso si lo comparamos con las democracias de Occidente, ¿qué otro país presta una atención médica tan delicada a los terroristas y accede a cuidar de los niños de aquellos que luchan para destruirlo? Israel es el lugar donde un miembro de una familia de Hamás converso al cristianismo encuentra refugio. Pero esto sigue siendo una verdad inconveniente para los principales medios de comunicación (como lo es el hecho de que algunos árabes israelíes apoyaran a las Fuerzas de Defensa de Israel en la guerra contra Hamás del año pasado). ¿Por qué reportar lo que contradice el relato de grupos antiisraelíes como Human Rights Watch? Relato que no hace sino reforzarse en los campus (en los colleges izquierdistas los profesores de historia apoyaban abiertamente a Hamás el pasado verano). La financiación estadounidense de grupos antisraelíes no hace sino empeorar el problema de la desinformación.

Israel es aún el país que todo el mundo gusta de odiar. Y esto es una manera bien barata de complacer a los votantes musulmanes en Europa y a los productores de petróleo del Golfo. Pero lo que ocurre con Israel finalmente le ocurre a Occidente, porque Israel es una extensión de Occidente. Y así como la entrega de Checoslovaquia fracasó a la hora de saciar el apetito expansionista y la violencia desenfrenada del totalitarismo nazi, la entrega de Israel al totalitarismo islámico tampoco saldrá bien. Al final, no hay concesión alguna, salvo la rendición civilizacional, que vayan a aceptar los islamistas.

Un tribunal europeo ha decidido quitar a Hamás de la lista de organizaciones terroristas de la Unión Europea pese a que Hamás es responsable de numerosos ataques terroristas que han costado la vida a cientos de israelíes, norteamericanos y europeos, y pese a que en su carta fundacional llama a la destrucción de Israel. Por otro lado, países de Europa Occidental han votado por el Estado palestino en las Naciones Unidas y en sus Parlamentos, con lo que se ha recompensado el terrorismo y la intransigencia palestinos. Europa apoya a la Autoridad Palestina como si Hamás no pudiera derrocar a ésta en la Margen Occidental como hiciera en 2007 en la Franja de Gaza. ¿Cómo puede Europa no saber que Hamás tiene planes para la Margen Occidental, y que cualquier retirada israelí de este territorio los facilitaría? ¿Y cómo puede Europa creer que Israel podrá alguna vez sellar la paz con Hamás, si ésta ha lanzado tres guerras no provocadas contra Israel en los últimos cinco años (Israel se retiró de Gaza hace diez)?

Si la noble preocupación por la autodeterminación y los derechos humanos son los verdaderos motivos del apoyo de Europa a la independencia palestina (a pesar de su violenta y antidemocrática trayectoria), ¿por qué Europa calla ante la independencia kurda? Teniendo en cuenta que seis millones de judíos fueron aniquilados en un genocidio perpetrado en suelo europeo, su hipocresía sobre Israel debería avergonzar aún más al Viejo Continente.

Peor aún, los gestos apaciguadores de Europa únicamente envalentonan a los islamistas. La mejor respuesta a los ataques contra Charlie Hebdo es intensificar la libre expresión que los islamistas pretenden reprimir. De manera similar, la mejor respuesta a los ataques islamistas sobre la única democracia de Oriente Medio, Israel, es redoblar el apoyo que recibe.

The Algemeiner