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Occidente debe actuar contra la creciente hostilidad de Irán en Medio Oriente

 

A continuación, damos cuenta de un comunicado que nos ha remitido la Friends of Israel Initiative:

Irán está atacando directamente a Israel y Occidente no debe aceptarlo. La confrontación fronteriza entre Israel e Irán el pasado 10 de febrero es una evidencia innegable de las intenciones reales del régimen de los ayatolás de dominar Oriente Medio y destruir a Israel.

La primera agresión directa y abierta de Irán contra Israel también constituye un claro indicador de la posición hegemónica que Teherán ha ganado en la región durante estos últimos años –con la aquiescencia de Occidente–. Irán controla ahora la mayor parte de la región, y ahora está apuntando a aquellos actores capaces de contrarrestar su agenda expansionista. Destruir a Israel ha sido la principal obsesión de los líderes del régimen iraní desde 1979. Sin embargo, otros aliados occidentales, como Arabia Saudí y Egipto, también viven bajo la amenaza de Irán.

Actualmente somos testigos –insistimos, con el beneplácito de Occidente– del surgimiento de un Creciente Chií liderado por Irán, que va desde Teherán a Beirut, pasando por Saná, Bagdad y Damasco. Irán busca controlar Medio Oriente y está teniendo éxito en ello. En este plan estratégico, la aniquilación del Estado judío es uno de sus principales objetivos. Occidente ha permitido a Irán erigir ese creciente chií que no solo amenaza la existencia de Israel, sino que también pone en peligro la estabilidad del Medio Oriente y la seguridad del mundo.

El último ataque muestra que Irán está dando un salto cualitativo en su hostilidad contra Israel, y probablemente seguirá presionando e incluso incrementará la escalada de violencia si no se hace nada para evitarlo.

Las malas intenciones del régimen iraní nunca han sido un secreto. El 12 de febrero, dos días después del enfrentamiento en la frontera norte de Israel, el régimen teocrático celebró a lo grande el aniversario de la Revolución Islámica en las calles de Teherán y la multitud volvió a cantar “¡Muerte a América!” ​​y “¡Muerte a Israel!”.

Irán ha estado utilizando durante años a su apoderado Hezbolá para hostigar a Israel. La organización terrorista chií es la punta de lanza de Irán en el Líbano, donde controla la política en Beirut, y en Siria, donde han apoyado al dictador y asesino en masa Bashar al Asad. Una tercera Guerra del Líbano podría estallar en cualquier momento, tal como ha advertido el High Level Military Group en su informe Hizballah’s Terror Army: How to Prevent a Third Lebanon War. Sin embargo, aún se puede prevenir.

Occidente debería adoptar medidas concretas para frenar el expansionismo de Irán en el Medio Oriente y detener las actividades de Hezbolá en Líbano, Siria y más allá de la región. Para estos fines, el acuerdo nuclear debe ser arreglado y Hezbolá en su conjunto –no sólo la denominada “ala militar”– debe estar en la lista de organizaciones terroristas. Ambas cuestiones requieren una implicación importante de los países europeos, y deben hacerlo.

El tiempo se acaba. Irán está violando directamente la soberanía del Estado de Israel y forzando enfrentamientos transfronterizos en Siria. Occidente ha sido constantemente advertido sobre este peligro; no obstante, nada fuera de lo normal se ha hecho para disuadir las intenciones de Teherán. Por el contrario, Occidente ha aplacado a Irán y ha levantado las sanciones que pesaban sobre el país por sus actividades ilícitas.

Una solución en falso para el acuerdo nuclear o una mala decisión sobre Hezbolá allanan el camino a otra agresión iraní contra Israel.

Irán hostiga hoy directamente a Israel desde Siria y el Líbano. No nos cansaremos de repetirlo: una democracia liberal similar a las occidentales ha sido atacada por una dictadura teocrática que viola los derechos humanos y promueve el terrorismo internacional. Occidente debe actuar ahora. La mejor manera de defender a Occidente es defender a Israel, como siempre ha afirmado Friends of Israel Initiative. El último ataque iraní en suelo israelí debería desencadenar una respuesta rápida de Occidente, porque la seguridad occidental también está en juego.