Revista de Prensa

Occidente, Arabia Saudí y el yihadismo

 

El rey Abdalá de Arabia Saudí.

El argentino La Nación reproduce esta columna de Thomas L. Friedman, publicada originariamente en The New York Times, en la que se sostiene que la ambivalencia de las sociedades occidentales y países árabes como Arabia Saudí, por un lado socio de EEUU y por otro principal financiador de la corriente teológica que propicia el yihadismo, es el caldo de cultivo del terrorismo islámico que provoca matanzas como la de Charlie Hebdo.

La ambivalencia también recorre las relaciones de Washington con Arabia Saudita. Desde que los jihadistas tomaron el santuario más sagrado del islam en La Meca, en 1979, proclamando que los gobernantes sauditas no eran lo suficientemente fieles al islam, Arabia Saudita redobló su compromiso con el islam salafista, la versión más purista de esa fe, y la que más se opone al pluralismo y al desarrollo femenino. Ese giro a la derecha de los sauditas, combinado con los ingresos petroleros utilizados para construir mezquitas, sitios web y madrazas en todo el mundo árabe, ha inclinado a toda la comunidad sunnita hacia la derecha.

Pero los presidentes de Estados Unidos nunca confrontan con Arabia Saudita, debido a nuestra adicción al petróleo. El gobierno saudita se opone a los jihadistas. Lamentablemente, sin embargo, es muy corto el paso que separa al islam wahabita del jihadismo violento practicado por Estado Islámico. Los terroristas de Francia eran nacidos en Francia, pero se marinaron en el pensamiento wahabita-salafista a través de la Web y las mezquitas locales. No se marinaron en la lectura de Voltaire.

Además, la otra guerra civil en el islam –entre sunnitas y chiitas– impulsó a organizaciones de caridad, mezquitas y regímenes sunnitas a apoyar a los jihadistas, porque son los más feroces combatientes contra los chiitas. Finalmente, y siguen las ambivalencias, durante 60 años rigió una alianza tácita entre los dictadores árabes y sus cleros sunnitas. Ambos sofocaron el surgimiento de cualquier islam reformista, auténtico e inspirado, que pudiese reemplazar al wahabismo-salafismo.

Con este título, la web de información en español de la cadena británica BBC publica un reportaje donde se recogen las opiniones de distintos expertos sobre el fenómeno de los terroristas no vinculados directamente a una organización pero que aun así son capaces de cometer matanzas como la de París.

La poco clara conexión de los terroristas responsables de los atentados de la capital gala con Al Qaeda y el Estado Islámico, o la circunstancia aparente de que pertenecieran a las dos organizaciones, enfrentadas entre sí por el liderazgo del yihadismo global, abona la tesis de la existencia de cada vez más lobos solitarios, capaces de actuar sin obedecer a una determinada jerarquía.

Pero ¿cuál de los grupos está, entonces, detrás de los ataques?

«La respuesta parece ser ninguno. O ambos», asegura Clint Watts, investigador del Foreign Policy Research Insitute de Washington, experto en terrorismo, en su blog ‘The War of the Rocks’.

Lo que plantea Watts es lo mismo que piensan muchos de quienes estudian el tema: ha nacido un nuevo tipo de combatiente que ejecuta actos extremistas. Uno que no necesariamente pertenece a uno en particular, sino que se inspira en una combinación de ambos grupos, como los Kouachi.

«Sin embargo, que sus acciones estuvieran completamente dirigidas parece poco probable», asegura Watts.

Este reportaje del argentino Clarín relata la manera en que Lassana Bathily salvó la vida a varios clientes del supermercado judío durante el ataque del terrorista islámico Amedy Coulibaly. El Estado francés ha considerado que su gesta merecía un reconocimiento y pocos días después otorgó la ciudadanía gala por carta de naturaleza.

El destino quiso que Bathily trabajara en un supermercado judío, el Hyper Casher, en el este de París. Hacía cuatro años que era su empleado, cuando la semana pasada, otro hombre de origen africano igual que él y musulmán, igual que él, entró armado y tomó el lugar bajo amenaza de matar judíos en nombre del islam.

Y Bathily reaccionó escondiendo a seis rehenes en la cámara frigorífica del local. Los encerró. Apagó el enorme aparato. Y les pidió que guardaran silencio. El asesino yihadista jamás los vio. Y todos se salvaron. Otros cuatro rehenes afuera, murieron ejecutados.