Revista de Prensa

Obama-Israel: la guerra sigue

 

Barack Obama y Benjamín Netanyahu.

A pesar de que los propios políticos demócratas insisten abiertamente en recuperar la especial relación entre EEUU e Israel, el presidente norteamericano parece tener planes bien distintos, que pasan por apoyar en el Consejo de Seguridad de la ONU un borrador de resolución presentado por Francia que, alerta el analista Steven J. Rosen, niega a los judíos el derecho a «la tierra de sus antepasados». 

Esta resolución sería un triunfo para aquellos que han intentado durante mucho tiempo que los Grandes Poderes dicten el futuro de Israel, como viene pidiendo la Liga Árabe desde la misma creación de Israel. El pueblo judío volvió a su casa ancestral y por tanto debería tomar las decisiones sobre su propio destino y no estar sujeto a los deseos de otros.

La historia del Yemen abunda en episodios sangrientos. Las guerras civiles entre el norte y el sur en los años 70 del siglo pasado y el actual conflicto que enfrenta a los huzis –un conglomerado de tribus chiíes financiadas por Irán– con el Gobierno, apoyado por los países árabes suníes, ponen de manifiesto la volatilidad de un territorio de importancia estratégica. No en vano el 40% del petróleo pasa por aguas internacionales yemeníes para entrar en el estrecho de Bab el Mandeb.

Si los planes regionales de Irán han de ser revertidos, es algo que debe ser llevado a cabo desde el exterior. Lamentablemente, hay muy pocas oportunidades de que eso ocurra mientras la Administración Obama permanezca en la Casa Blanca. La estrategia de Obama de permitir al poder iraní llenar el vacío dejado por una retirada americana de Oriente Medio es una de las principales razones por las que los Estados árabes como Arabia Saudí están optando por la guerra en lugar de por la diplomacia. En consecuencia, Yemen podría llegar a ser sólo el último capítulo en la épica y sangrienta historia de la guerra civil entre las ramas suní y chií del islam.

La decisión del rey Salman de alterar la línea sucesoria ha dirigido los focos de la atención internacional al elegido, su sobrino Mohamed ben Nayef, ministro del Interior desde 2012. En este reportaje de la web de noticias de la cadena británica BBC se da cuenta de su perfil.

Entre todos los miembros de la familia real saudita, Ben Nayef es quien goza de las relaciones más cercanas con Washington.

Lo que se sabe es que en los dos años en que ha estado a cargo del ministerio, no se ha suavizado la tolerancia [sic] del gobierno ante la disensión.

(…)

Un número de activistas han sido detenidos y apresados con cargos como «hablar con los medios extranjeros».

Ben Nayef, sin embargo, no es considerado «conservador por instinto», como lo era su padre.

El príncipe estudió en Estados Unidos, donde se graduó en Ciencias Políticas en 1981.

Los rumores acerca del estado de salud del líder del grupo terrorista islamista, que habría sido gravemente herido en un ataque aéreo el pasado 18 de marzo en Irak, cobran fuerza. El diario británico The Guardian publicaba el pasado viernes un reportaje en el que se apunta a que Bagdadi podría haber sufrido daños medulares, de los que estaría tratándose con dos especialistas llegados de Mosul. El sustituto de Bagdadi sería Abu Alaa al Afri, hasta ahora mano derecha del califa.

Solo una pequeña camarilla de líderes conoce el alcance de las lesiones de Bagdadi y dónde está siendo tratado. Muy pocos de ellos lo han visitado. Sin embargo, los rumores sobre sus heridas han comenzado a extenderse en el segundo escalón de dirigentes del grupo, donde ya se está hablando de cómo vengar el golpe más serio sufrido por el EI desde que la organización se hizo con la mitad de Irak.