Contextos

¿Nuevos niveles de represión a la prensa en Turquía?

Por Michael Rubin 

silencio mordaza censura
"A comienzos de la semana pasada, Lütfi Elvan, ministro de Comunicaciones turco, propuso sacar a Turquía de la red mundial de internet, y reemplazar la “www” por “ttt”, lo que, en la práctica, sería una intranet turca"

Cuando los diplomáticos consideraron que Turquía era un modelo, se referían a que lo era como Estado mayoritariamente musulmán que abrazaba la democracia. Tenemos así, por ejemplo, a Hillary Clinton, que encuentra en el régimen islamista turco la misma clase de esperanza que antaño halló en la Rusia de Vladimir Putin. Por su parte, la Administración Bush no fue mucho mejor, con personajes como Colin Powell, Condoleezza Rice e incluso el mismo presidente, que rebajaban la democracia colocándole detrás el adjetivo “islámica”. Esto no tiene nada que ver con el término “islámico”; ponerle cualquier añadido a la palabra democracia (cristiana, judía, socialista, revolucionaria o cualquier otro adjetivo) limita necesariamente a la misma democracia.

Por desgracia, toda la ciega palabrería sobre la democracia turca por parte de los políticos norteamericanos (y aquí debería señalarse especialmente a los miembros del Caucus sobre Turquía del Congreso) no hizo sino dar cobertura a Ankara para que prosiguiera con su represión.

Así, Turquía se ha desplomado en cuanto a libertad de prensa. Pero limitarse a confiscar los periódicos de sus opositores ya no le basta a Recep Tayyip Erdogan, el Putin turco. Mientras los manifestantes se concentraban en contra suya, denunció e incluso prohibió Twitter. YouTube sigue estando censurado pese a que hay una orden judicial al respecto. A comienzos de la semana pasada, Lütfi Elvan, ministro de Comunicaciones turco, propuso sacar a Turquía de la red mundial de internet, y reemplazar la “www” por “ttt”, lo que, en la práctica, sería una intranet turca. Aunque esta declaración se hizo ante numerosos periodistas, ahora el Gobierno turco se echa atrás en su propuesta. Sin embargo, parece que el pecado de Elvan parece hallarse en el momento elegido para hacer esos comentarios más que en el contenido de los mismos. No nos equivoquemos: el mero hecho de considerar un plan tan descabellado sitúa firmemente a Turquía en el club dominado por países como Irán, China o Corea del Norte.

El historial de Erdogan refuerza el hecho de que Turquía no pertenece ni de lejos a Europa. Los liberales turcos no volverán nunca a ser mayoría en su país, y el primer ministro cree que mientras su electorado anatolio lo apoye ciegamente podrá ser en la práctica el sultán que siempre fue en espíritu. Los turcos y los kurdos se merecen algo mejor, pero hasta que no defiendan más enérgicamente sus derechos o Turquía se divida – lo que finalmente ocurrirá, teniendo en cuenta las actuales tendencias demográficas y el resurgir nacional kurdo-, los turcos liberales no volverán a conocer la libertad en su propio país.

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