Contextos

“No sabían muy bien qué pensar de mí”

Por Oren Kessler 

Naim Araidi
"Noruega ha sido considerada el país occidental más antisemita y antiisraelí, pero el poeta druso Naim Araidi, embajador de Israel en Oslo, dice que no debe hacerse caso de las exageraciones""Noruega, anfitriona de los desafortunados Acuerdos de Oslo entre Israel y Palestina, es uno de los mayores donantes mundiales a la Autoridad Palestina"

Noruega ha sido considerada el país occidental más antisemita y antiisraelí, pero el poeta druso Naim Araidi, embajador de Israel en Oslo, dice que no debe hacerse caso de las exageraciones. Las relaciones bilaterales no están exentas de desafíos, admite, pero tampoco están destinadas a una hostilidad eterna.

“Cuando recibí este nombramiento, muchos israelíes me advirtieron de que, básicamente, iba a un país hostil”, me dijo Araidi en una entrevista exclusiva, celebrada en la elegante embajada israelí del centro de Oslo.

No he visto hostilidad. La mayoría de la gente de aquí es neutral y no está muy involucrada los asuntos de Oriente Medio. Las críticas que surgen generalmente proceden de los medios de comunicación, del mundo académico o de ciertas personas del Gobierno. Pero también puede encontrarse a gente así en Israel.

Aun así, Noruega es uno de los destinos más conflictivos del mundo para un diplomático israelí. El año pasado, la exitosa autora noruega Hanne Nabintu Herland se lamentó del arraigado “prejuicio” antiisraelí existente en el discurso público de su país, que hace imposible un debate abierto. “El grado de antiisraelismo en los medios, los sindicatos, las universidades, los colegios y las escuelas carece de precedentes en la historia moderna del país”, afirmó en Jerusalén; asimismo, denunció la existencia de un “odio políticamente correcto” hacia el Estado judío.

Los drusos –fieles de una religión escindida del islam hace un milenio– son unos 125.000 en Israel, y viven diseminados en una docena de pueblos del norte del país. Araidi procede de Magar, un pueblo de la Galilea con 20.000 habitantes, entre drusos, musulmanes y cristianos. Su esposa y su hija, arquitecto, aún viven allí; su hijo es militar de carrera en las Fuerzas de Defensa de Israel (casi todos los varones drusos sirven en el Ejército o la Policía, desempeñando tareas de combate, mando o logística).

Si bien Israel ha designado anteriormente embajadores drusos o musulmanes –el adjunto de Araidi es George Deek, un cristiano árabe de Yafo–, el actual enviado a Noruega es el primer druso que representa internacionalmente al Estado judío sin ser diplomático de carrera.

No sólo es su religión lo que le hace único. Además es un célebre poeta, tanto en hebreo como en su lengua nativa, el árabe. En 1972 publicó su primer poema en hebreo, “¿Es posible el amor?”, que fue muy aclamado, y en 1986 recibió el Premio de Literatura Hebrea de manos del primer ministro. Es uno de los poquísimos autores israelíes a los que se publica en Egipto (los otros son los afamados novelistas Amos Oz y David Grossman, y Eli Amir, nacido en Irak).

Araidi, de 53 años, posee dos licenciaturas y un máster de la Universidad de Haifa, así como un doctorado de la Universidad Bar Ilán, todos ellos en Lengua y Literatura Hebreas. Ha dado clase en ambas universidades, y ostenta el título de decano del Colegio Académico Árabe de Educación, una escuela de Magisterio en Haifa.

El año pasado el ministro de Exteriores abordó a Araidi y le preguntó si le gustaría ser embajador. Éste accedió de inmediato, recuerda, y le comunicaron que pronto sería enviado a Nueva Zelanda.  “Después de años de representar al Estado de Israel de forma no oficial, sería un gran privilegio para mí hacerlo en un puesto oficial y mostrar el lado hermoso del país, así como la coexistencia, que, pese a todas las dificultades, sólo puede mantenerse en una verdadera democracia”, dijo entonces.

“Acepté muy feliz la oferta de ser embajador. Sin embargo, cuando me dijeron Nueva Zelanda pensé: ‘Oh, no. ¡Está tan lejos, y allí no es que suceda mucho!’”, recuerda; “pero luego me dijeron Noruega y me emocioné. Es uno de los países más hermosos que hay, estoy disfrutando cada minuto”.

Aun así, no puede decirse que los siete meses que lleva en el puesto hayan estado libres de tensión.

A principios de este año Palestinian Media Watch (“Vigilancia de los Medios Palestinos”) acusó a la Autoridad Palestina de emplear fondos de ayuda noruegos para pagar los salarios de terroristas convictos que cumplen condena en prisiones israelíes por el asesinato de civiles. En marzo, el ministro noruego de Exteriores, Espen Barth Eide, criticó a la AP por engañar al Parlamento del país escandinavo respecto al empleo de los fondos y calificó de “desafortunado” que “la información incorrecta obtenida de la Autoridad Palestina fuera comunicada al Parlamento”, que ha creado un comité para investigar el asunto.

Otra potencial fuente de tensión surgió el mes pasado cuando la Corona noruega nombró a los médicos Mads Gilbert y Erik Fosse comandantes de la Orden de San Olaf. Gilbert es un declarado marxista radical que ha expresado su apoyo a los atentados del 11-S y a Hamás. En cuanto a Fosse, tras ser apuñalado en 2009 durante un mitin de Hamás en Gaza dijo que “comprendía” el motivo del atacante:

Lo veo como un signo de lo desesperada que está la gente. Tienen motivos para estar insatisfechos con Occidente (…) Yo era el único occidental rubio presente. Entiendo que la gente esté frustrada con Occidente. Es una expresión de desesperación.

Al año siguiente, lo dos médicos escribieron conjuntamente el libro Ojos en Gaza. Las fotos de perfil de Facebook de Gilbert y Fosse lucen la frase “En solidaridad con Gaza” en un texto con manchas de sangre.

Al presionarles sobre la cuestión, Araidi y otros miembros del personal de la embajada admitieron que la elección de los galardonados “sorprendió a algunos”, pero declinaron hacer más comentarios. Este diplomático de nuevo cuño sabe perfectamente que no debe considerarse que interviene en las decisiones de su país anfitrión.

Y no es que Gilbert y Fosse sean las primeras elecciones controvertidas para recibir un premio de la Corona noruega. En noviembre, Palacio se vio obligado a retirar la Medalla Real al Mérito a otro médico antiisraelí, y en este caso claramente antisemita. Trond Ali Linstad, noruego converso al islam, escribió un artículo en el que advertía a los lectores de que tuvieran “cuidado con los judíos”, debido a su supuesta influencia desmedida en los medios y en el Gobierno, donde promueven los “intereses judíos” tras la fachada de los derechos humanos. El Centro Simon Wiesenthal ha incluido a Linstad en la lista de “los diez mayores antisemitas del mundo”.

A condición de permanecer en el anonimato, varios noruegos declararon a The Tower que, sin bien no creen que, generalmente, sus paisanos sean antisemitas, a veces pueden ser “ingenuos”:

Ven a personas a las que creen desamparadas, así que naturalmente se ponen de su parte, aunque no conozcan toda la historia. Además, Noruega es un país rico, bendecido con recursos naturales. Los noruegos quieren ayudar a mejorar el mundo, y se resienten si se les impide.

Noruega, anfitriona de los desafortunados Acuerdos de Oslo entre Israel y Palestina, es uno de los mayores donantes mundiales a la Autoridad Palestina. Araidi dijo que muchos noruegos culpan del fracaso de los acuerdos únicamente a Israel. “Creo que se equivocan”, comentó, sin querer añadir más para no parecer “poco diplomático”. Los noruegos, añadió, no son conscientes de que Israel es el hogar de una amplia población no judía que disfruta de una alta calidad de vida, buena parte de la cual (aunque aún no toda) está integrada en la economía y la Administración del país.

“Cuando piensan en las relaciones de Israel con los no judíos, piensan en los palestinos”, dice. “Así que, ¿traer a un israelí no judío y nombrarlo embajador? No sabían muy bien qué pensar de mí. Pese a ello, me ofrecieron una calurosa bienvenida”.

The Tower