Contextos

No es ningún 'moderado'

Por Lee Smith 

Hasán Ruhaní, ante un retrato de Jomeini.
"Como uno de sus primeros seguidores, acompañó al exilio al futuro fundador de la República Islámica, Ruholá Jomeini. Durante los últimos 34 años este clérigo de 64 años educado en Qom ha ocupado puestos políticos clave""Estas elecciones han sido, con casi con total seguridad, tan fraudulentas como las de 2009 (que fueron impugnadas y llevaron a las calles la 'revolución verde'), o incluso más""Algunos analistas se preguntan si la elección de Rohani pretende servir para comprar más tiempo para el programa de armamento nuclear. Si el régimen coloca una cara amable y 'moderada' al frente, es probable que Occidente redoble sus esfuerzos por alcanzar la largamente buscada solución diplomática"

No está claro por qué buena parte de los medios de comunicación occidentales sigue describiendo al recién elegido presidente iraní como “moderado. Al fin y al cabo, Hasán Ruhaní es uno de los pilares del régimen. Como uno de sus primeros seguidores, acompañó al exilio al futuro fundador de la República Islámica, Ruholá Jomeini. Durante los últimos 34 años este clérigo de 64 años educado en Qom ha ocupado puestos políticos clave. Asimismo, sirvió en destacados puestos militares durante la década de guerra contra Irak. Como interlocutor principal de Irán con Occidente en la cuestión nuclear, Ruhaní alardeaba de engañar a sus colegas en las negociaciones. En el plano doméstico, ha amenazado con aplastar a los manifestantes “de forma despiadada y monumental”, y probablemente participó en la campaña de asesinatos contra enemigos iraníes del régimen tanto en el país como en el extranjero, sobre todo en Europa. Actualmente es el representante del Líder Supremo, Alí Jamenei, en el Consejo Supremo de Seguridad Nacional.

Aparte del hecho de que la cadena de televisión iraní en lengua inglesa Press TV le considera moderado, ¿qué es exactamente lo que lo convierte en uno, desde el punto de vista occidental? El expresidente Mohamed Jatamí denominó a su campaña de diplomacia pública un “diálogo de civilizaciones”, lo que casaba perfectamente con las ideas occidentales de tolerancia y moderación. Pero Ruhaní no ha hecho nada parecido en el pasado.

“Creo que lleva esa etiqueta porque ha sido el factótum de Rafsanyaní”, dice el antiguo miembro de la CIA Marc Gerecht. Al expresidente Alí Akbar Hachemi Rafsanyaní, otro de los pilares del régimen, se le suele considerar un “pragmático” en la prensa occidental. “Comparado con el círculo de Jamenei, estos tipos parecen moderados”, afirma Gerecht. Y añade:

Ruhaní dirigía su pequeño think tank, en torno al que se reunían los individuos encargados de la política exterior, la clase de gente con la que se reúnen los occidentales. Además, Ruhaní era partidario de la “congelación”, sólo temporal, del programa nuclear iraní. Algunos –especialmente Javier Solana, de la Unión Europea– atribuyeron una enorme importancia a eso. No deberían haberlo hecho.

En realidad, todo lo que hizo Ruhaní fue enfrentar a Estados Unidos y a la Unión Europea entre sí. En 2006 dijo:

Desde el principio, los estadounidenses les dijeron a los europeos: “Los iraníes os están mintiendo y engañando, no os lo han contado todo”. Los europeos les respondían: “Confiamos en ellos”. (…)  Mientras negociábamos con los europeos en Teherán seguíamos instalando parte del equipo en el centro de Isfahan. Quedaba mucho trabajo por hacer allí para completar las instalaciones (…). En realidad, al crear una situación de gran hastío pudimos terminar las instalaciones de Isfahan.

Algunos analistas se preguntan si la elección de Ruhaní pretende servir ahora a la misma finalidad: comprar más tiempo para el programa de armamento nuclear. Si el régimen coloca una cara amable y moderada al frente, es probable que Occidente redoble sus esfuerzos por alcanzar la largamente buscada solución diplomática.

Como si estuviera en el guión, Washington reaccionó con entusiasmo a la victoria de Ruhaní y anunció que de nuevo estaba preparado para iniciar negociaciones directas. “Hay una gran oportunidad para que Irán y el pueblo de ese país de gran pasado tengan la clase de futuro que creo que justificadamente desean”, dijo el jefe de Gabinete de la Casa Blanca, Denis McDonough.

Las elecciones presidenciales no proporcionaron mucha información sobre lo que el pueblo iraní desea. Supuestamente habría participado el 72% de los 50 millones de votantes inscritos, pero fuentes locales bien informadas acusan al régimen de multiplicar la verdadera cifra por cuatro o por cinco. Estas elecciones han sido, con casi con total seguridad, tan fraudulentas como las de 2009 (que fueron impugnadas y llevaron a las calles la revolución verde), o incluso más. Hasta la semana pasada el alcalde de Teherán, Mohamed Baqer Qalibaf, lideraba las encuestas con un 32,7% en intención de voto; Jalili era segundo con un 28,7 y Ruhaní y el resto iban a la zaga. El jueves, después de que se retirara el otro candidato reformista, Mohamed Reza Aref, Ruhaní se había puesto al frente. En una encuesta del servicio de consultoría independiente IPOS, con sede en Virginia, Ruhaní tenía el 31,7%, Qalibaf el 24,1 y Jalili el 13,7. Otra encuesta llevada a cabo por una página web vinculada al Gobierno mostraba que Ruhaní estaba en cabeza con un 43%. Pero el escrutinio final superó con mucho incluso las expectativas del sondeo encuesta oficial: Ruhaní ganó con algo más del 50% de los votos. Podría parecer que el régimen hinchó la cifra para evitar cualquier posibilidad de una segunda vuelta que pudiera llevar de nuevo los manifestantes a las calles.

En cualquier caso, el sábado hubo algunas manifestaciones en Teherán, en las que los participantes exigieron que el Gobierno liberase a todos los presos políticos, e invocaron a la mártir de la revolución verde Neda Aga Soltán. Coreaban:

Dama de Irán, seguimos tu camino (…) No temas, estamos todos unidos.

En otros lugares, la República Islámica muestra lo que les espera a los opositores. En Irak, la milicia Kataeb Hezbolá, vinculada a Irán, lanzó cohetes contra el campamento Libertad, en el que han estado viviendo unos 3.000 miembros de la formación opositora Muyahidín e Jalq (MEJ) desde que fueran trasladados del campamento Ashraf, y cuya seguridad habían garantizadoEstados Unidos y la ONU. John Kerry declaró: “Estados Unidos condena enérgicamente el ataque con cohetes de hoy contra el campamento Hurriya, brutal, absurdo y completamente inaceptable”. Murieron dos personas, y los heridos se contaron por docenas.

“Atacar el campamento Libertad envía un mensaje a todo aquel que esté comprometido con el derrocamiento del régimen”, afirma Alí Safavi, portavoz en Estados Unidos del Consejo Nacional de la Resistencia de Irán, una organización paraguas cuyo principal miembro es el MEJ. “El MEJ encabeza la oposición que llama a derribar al régimen”, dice Safavi, que cree que hay una conexión entre las elecciones y el ataque al campamento. “Un mes después de los comicios de junio de 2009 atacaron el campamento Ashraf. En febrero de 2011 hubo grandes manifestaciones y en abril volvieron a atacar Ashraf: hubo 36 muertos”. “Con los ataques del sábado”, dice, “el régimen está enviando un mensaje: ‘Ni se os ocurra’. Su lenguaje son los cohetes y las balas”.

El hombre al que han escogido para leer ese guión, el recién electo hombre de paja, no es ningún moderado.

The Weekly Standard