Revista de Prensa

Netanyahu y Obama: ya no se tendrán que soportar más

 

Barack Obama y Benjamín Netanyahu.

El primer ministro israelí será recibido hoy en la Casa Blanca por el presidente estadounidense, en el que será el último encuentro oficial entre ambos. David Horowitz, del Times of Jerusalem, pasa revista a las grandes cuestiones que han marcado la relación entre ambos mandatarios y, con seguridad, seguirán influyendo en el futuro sus respectivos países.

Detrás de las sonrisas, los apretones de manos y las buenas palabras, Obama terminará su presidencia creyendo que Netanyahu es un cabezota arrogante y pesimista, que tuvo la audacia de sermonearlo en el Despacho Oval y cabildear contra él en el Congreso, y que daña a Israel por no hacer más para fomentar la posibilidad de una reconciliación con los palestinos.

Y Netanyahu se irá agraviado por que el presidente forjó un acuerdo peligroso con Irán afirmando de manera inexacta que ningún acuerdo satisfaría a Israel y, más recientemente, de manera inverosímil, que los responsables de seguridad de Israel lo apoyan.

Netanyahu se irá siendo consciente de que Obama, el presidente cuya principal promesa fue el cambio, terminará su mandato con un electorado americano buscando tan amargamente un cambio de liderazgo y filosofía que incluso podría elegir al inexperto e intolerante Donald Trump para sustituirlo.

El exembajador israelí en EEUU Moshé Arens recuerda en este artículo que ambos pueblos conviven pacíficamente en Israel, lo que probaría que la coexistencia sería también posible en un hipotético Estado palestino.

Por debajo de la oposición de muchos que se oponen a los asentamientos judíos en la zona está la asunción de que judíos y los árabes no pueden vivir juntos pacíficamente, y por tanto deberían ser separados… [Necesitan] que se les recuerde lo obvio: que judíos y árabes viven juntos pacíficamente en el Estado de Israel, y que si se estableciera un Estado palestino que hubiera de existir en paz junto a Israel, no hay razón para que no incluyera también una minoría judía.

De hecho, esa minoría podría representar realmente una ventaja económica para ese Estado. Entonces ¿a qué viene todo este follón?

Los detractores de Israel suelen afirmar que el establecimiento de un Estado judío fue parte de la agenda colonial europea y que el Estado judío sigue siendo un puesto de la avanzadilla imperialista en la región. Jonathan Adelman y Asaf Romirowsky afirman que se trata de una concepción completamente equivocada.

El rechazo de los [colonialistas] británicos a permitir que en Palestina hubiera algo más que un puñado de judíos (75.000 en 1939-1944, y ninguno más después), mientras millones estaban dispuestos a emigrar, se combinó con la declaración británica de 1939 que apoyaba un Estado árabe en Palestina. (…) Durante el periodo 1945-1948, Inglaterra envió 80.000 soldados a Palestina a fin de evitar cualquier movimiento judío para crear un Estado.

En el voto de la ONU de 1947 para [la creación de] un Estado judío y otro árabe en Palestina, Gran Bretaña rechazó apoyar la resolución. Los votos ganadores fueron proporcionados por un bloque que nunca podría ser considerado un poder colonial occidental: la Unión Soviética y sus aliados de Europa del Este.

(…) la noción de que las grandes potencias coloniales fueron la fuerza principal detrás de la creación de Israel no está apoyada por la Historia. Fueron precisamente las grandes potencias coloniales las que dificultaron el camino de los judíos hacia la creación de Israel.