Contextos

Netanyahu en el Congreso norteamericano

Por Eli Cohen 

Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel.
"Netanyahu insistió, una vez más, en su gran preocupación: que Irán consiga desarrollar bombas atómicas, una amenaza existencial para Israel y para todo Oriente Medio"

En noviembre de 2012, en la cumbre del G-20 en Cannes, Obama y Sarkozy protagonizaron un micrófono abierto en el que el auténtico protagonista fue Netanyahu. Sarkozy confesó a Obama que estaba “harto” de Netanyahu, “un mentiroso”, y Obama, lejos de defender al premier israelí, o al menos calmar al mandatario francés, se compadecía de él respondiendo que tenía que “lidiar” con aquél “todos los días”. Sarkozy, apenas 48 horas después, pidió disculpas. Y el mundo contempló cómo el mandatario de un país pequeño, con una extensión inferior a la región española de Galicia, traía por la calle de la amargura a los líderes más poderosos del mundo.

Tras la última polémica que ha protagonizado, al aceptar la invitación de John Boehner para hablar ante el Congreso norteamericano de las negociaciones con Irán sin el beneplácito de la Casa Blanca, el primer ministro israelí ha vuelto a demostrar que no es de los que se amilanan.

Las críticas han sido numerosas. La asesora de Seguridad Nacional de Obama, Susan Rice, le ha acusado de intentar romper el consenso bipartidista que hay en EEUU en punto a las relaciones con Israel. Mel Levine y Oded Eran, exmiembro –demócrata– de la subcomisión sobre Oriente Medio de la Cámara de Representantes de California y antiguo embajador de Israel en Jordania y la Unión Europea, respectivamente, han afirmado en Político que Bibi está inmiscuyéndose en la lucha política norteamericana y desafiando a Obama por razones también electoralistas, con la vista puesta en las elecciones israelíes, que tienen lugar este mismo mes y en las que las quinielas no son concluyentes. Por si fuera poco, una encuesta de la CNN reveló que un 63% de los estadounidenses creían que había sido mala idea invitar a Netanyahu a dar un discurso a espaldas de Obama, por sólo un 33% que opinaba lo contrario.

Las acusaciones de partidismo hacia Netanyahu fueron acalladas por el mismo Obama, que recordó que los lazos entre Estados Unidos e Israel son irrompibles, así como por Netanyahu, que declaró que esta relación está por encima de la política. De hecho, la colaboración estratégica y militar es hoy más intensa que nunca, como recordaron los propios Levine y Eran.

Ahora bien, antes del famoso discurso también hubo voces prominentes en Estados Unidos pensaron que eso de hablarles a los senadores y congresistas del peligro de llegar a un mal acuerdo con Irán sobre su programa nuclear no era tan mala idea. El columnista de The Atlantic Jeffrey Goldberg, conocido por ser cercano a la Administración Obama, señaló que Netanyahu tenía “un caso creíble” con Irán, y recalcó:

Cualquier acuerdo nuclear que permita a Irán mantener una capacidad de enriquecimiento de uranio autónoma es una propuesta arriesgada; de hecho, cualquier acuerdo con un imperio en construcción que  patrocina a Asad, conquista Yemen, odia a Israel y es un régimen teocrático que promueve el terror es una propuesta arriesgada.

Y es que el acuerdo que se perfila no es precisamente óptimo ni para la seguridad de Israel ni para los enemigos de Irán en Oriente Medio, como Arabia Saudí. En este sentido, el CEO y editor de la prestigiosa Foreign Policy, David Rothkopf, que llamó a Netanyahu “estúpido” y escribió textualmente que lo mejor que puede hacer Bibi es “callarse la puta boca” (shut the fuck up), reconoció en el mismo artículo que el acuerdo al que se va a llegar con Irán es malo, puesto que deja a Teherán con la capacidad de producir armas nucleares en un corto periodo de tiempo y con una economía más fuerte por el levantamiento de las sanciones; y además no contempla mecanismos fiables que garanticen el cumplimiento de lo que se pacte.

Pese al aluvión de críticas y acusaciones, el día llegó y Netanyahu hizo lo que dijo que iba a hacer. En realidad, no dijo nada nuevo respecto a sus últimas intervenciones ante los legisladores norteamericanos en los dos últimos años. Se limitó a recordar algo que por obvio no debería de dejar de ser preocupante: el iraní es un régimen que proclama su intención de aniquilar Israel, que financia el terrorismo, que viola los derechos humanos, que arma a Hezbolá en el Líbano y que está ayudando a Asad en la carnicería siria. En suma, Bibi recordó una vez más que Irán no es un país muy fiable para dejarle jugar con átomos y que no preocupa sólo a Israel, sino a sus vecinos y a todo Occidente.

Justo después del discurso del israelí, el redactor jefe de Al Arabiya, Faisal Abás, publicó una columna titulada “Presidente Obama, escuche a Netanyahu sobre Irán” en la que decía:

En pocas palabras, el Sr. Netanyahu logró resumir con precisión un peligro claro y presente, no sólo para Israel (que obviamente es su preocupación), sino para otros aliados de Estados Unidos en la región.

Por otro lado, un grupo de legisladores demócratas calificó el discurso de insulto contra EEUU y contra el presidente Obama. Otros fueron más lejos y hablaron de tambores de guerra, debido a que Bibi mencionó que este acuerdo llevaría a una guerra inevitable. Pero ¿es que de verdad Netanyahu quiere comenzar una guerra contra un país como Irán? ¿es que de verdad Netanyahu quiere desencadenar un conflicto regional con miles de muertos en el ya inestable Oriente Medio? ¿Es que, dadas las simpatías mundiales que suscita Israel, Netanyahu quiere aislar aún más a su país con un ataque preventivo? El exembajador israelí en EEUU Michael Oren fue claro en este punto:

Lo último que queremos es la guerra. Parte de nuestra responsabilidad está en tratar de evitar la guerra. Y si podemos evitar la guerra por elevar la conciencia internacional sobre la naturaleza de la amenaza iraní, entonces estamos cumpliendo con nuestra responsabilidad.

Al fin y al cabo, Netanyahu insistió, una vez más, en su gran preocupación: que Irán consiga desarrollar bombas atómicas, una amenaza existencial para Israel y para todo Oriente Medio. Y advirtió que, aunque sea en solitario como en tantas otras veces, Israel hará lo necesario para garantizar su supervivencia.