Contextos

Mohamed VI: 20 años en el trono

Por Ricardo Ruiz de la Serna 

mohamed VI
"Mohamed VI ha ralentizado el ciclo de reformas sociales y políticas que comenzó en 1999. La frustración por las expectativas defraudadas no va a provocar cambios inmediatos. Su figura sigue siendo popular, a pesar de que es el primer monarca alauí que se ha divorciado y de que el impulso inicial de renovación parece haberse detenido. El islam, la monarquía y la reivindicación del Sáhara siguen siendo las líneas rojas de una sociedad que, sin embargo, ha ido viendo cómo las esperanzas de los primeros años se enfriaban"

Apenas dos años después del ascenso del rey Mohamed VI al trono alauí, el periodista francés Jean-Pierre Tuquoi publicó un libro de título inquietante: El último rey. Crepúsculo de una dinastía. El joven monarca, que había accedido al poder máximo el 30 de julio de 1999, encarnaba de reformas en el reino. A sus 35 años –nació en Rabat el 21 de agosto de 1963–, el heredero de Hasán II fue recibido como una bocanada de aire fresco dentro y fuera de Marruecos. Formado en el Colegio Real del Palacio, rodeado de jóvenes escogidos para ser los compañeros de clase del príncipe, y doctor en Derecho por la Universidad de Niza, el joven monarca gustaba de los coches, las motos y el deporte. Hablaba árabe, francés, español e inglés. Era descendiente del profeta Muhamad. Ostentaba el título de Comendador de los Creyentes. Lo apodaban el Rey de los Pobres. Las muestras de duelo por la muerte de su padre, que se prodigaron por todo Marruecos, fueron sucedidas por la promesa de renovación representada por Mohamed, que destituyó al todopoderoso ministro del Interior Dris Basri a los tres meses de ascender al trono. Su matrimonio con la princesa Lala Salma, nacida Salma Benani, lo llevó a las máximas cotas de popularidad entre el pueblo. La joven princesa era su mejor embajadora y daba rostro a ese nuevo Marruecos que tantos esperaban.

Y hubo reformas

La instancia Equidad y Reconciliación, creada en 2004, brindó un espacio para afrontar los denominados Años de Plomo e hizo visibles los horrores y el dolor de la represión política entre 1956 y 1999. Testimonios como los que se habían conocido gracias a libros como Nuestro amigo el rey, que creó tensiones formidables entre Marruecos y Francia después de su publicación en París el año 1990, pudieron escucharse de boca de las propias víctimas. 

La reforma del Código de Familia reconoció a las mujeres derechos que hasta entonces no tenían. Castigó como delito el acoso sexual. Exigió un proceso civil para el divorcio, además del certificado de la autoridad islámica, y permitió que también la esposa pudiese divorciarse del marido. Dificultó la poligamia. Con todas las reservas que se quieran, eran cambios profundos para un país conservador y tradicional como Marruecos.

La política de infraestructuras del joven rey no solo se desplegó en el sur, la zona más desarrollada del país, sino que incluyó al norte, al que Hasán II tanto había castigado. Tal vez la obra más representativa de este tiempo haya sido el puerto Tánger-Med, que mide 10 kilómetros y tiene cinco polos de desarrollo industrial en un radio de 40 kilómetros. El reino ha pasado de tener 400 kilómetros de autopistas (1999) a 1.800. En 1999, en Marruecos había 95 pantanos; hoy hay 270. 

La inversión militar ha venido de la mano de su alianza estratégica con los Estados Unidos. En 2019 ha comprado 25 cazas F-16 nuevos. Además, ha modernizado otros 23. En 2016 adquirió 200 carros de combate M1A1 Abrams y 2000 proyectiles anticarro. En 2014 se hizo con la fragata antisubmarina Mohamed VI. Y este mismo año ha comenzado el reclutamiento para el servicio militar obligatorio. 

Sin duda, Rabat es el aliado más estrecho de Washington en el Magreb. La ruptura de relaciones diplomáticas con la República Islámica de Irán –que hacía activismo revolucionario chií en territorio marroquí– en 2009 fue el precedente de la que se ha producido en 2019 a raíz de las denuncias de que Irán y Hezbolá estaban armando al Frente Polisario. 

Por otra parte, Mohamed VI ha relanzado a Marruecos como potencia africana y tratado de liderar la toma de posición en asuntos de interés mundial como la política migratoria. Ha llevado a cabo procesos de regularización de inmigrantes en su propio territorio, aunque no ha alcanzado aún las cifras de los países europeos. En la primera fase del proceso, acometida en 2014, se regularizaron unos 25.000. La segunda, iniciada en 2017, benefició a otros 15.000. La firma del Pacto Mundial por la Migración en Marrakech los días 10 y 11 de diciembre de 2018 fue un hito en la proyección exterior del reino. 

Sin embargo, Marruecos sufre tensiones internas que no sólo no se han aplacado, sino que se han ido enquistando. Así sucede, por ejemplo, con la cuestión del Sáhara Occidental, el malestar en el Rif o el deterioro ambiental, que está provocando movimientos de población por la falta de agua en el sur. En Europa se suele hablar mucho de la amenaza yihadista en Marruecos y de la ayuda que el reino presta –entre otros países– a España. Es cierto que Mohamed VI ha realizado grandes esfuerzos para hacer frente al terrorismo, pero sería un error pensar que las organizaciones armadas son el mayor peligro que se cierne sobre Marruecos. Tal como lo fue en el pasado para proteger a Hasán II, el aparato de seguridad es lo bastante poderoso para impedir que la actividad terrorista desestabilice la Monarquía. En cambio, el descontento y la frustración por la corrupción, la impunidad de los poderosos y la pobreza sí pueden ser un factor que fuerce cambios. Marruecos conjuró la primavera árabe, pero las reformas acometidas no se han traducido, por ejemplo, en una reducción de la pobreza. En 20 años, el país sólo ha pasado del puesto 125 al 123 en el Índice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas.

Veinte años después de su ascenso al trono, Mohamed VI ha ralentizado el ciclo de reformas sociales y políticas que comenzó en 1999. La frustración por las expectativas defraudadas no va a provocar cambios inmediatos. Su figura sigue siendo popular, a pesar de que es el primer monarca alauí que se ha divorciado –la opacidad de todo este proceso no ha ayudado– y de que el impulso inicial de renovación parece haberse detenido. El islam, la monarquía y la reivindicación de las “provincias del sur”, el Sáhara, siguen siendo las líneas rojas de una sociedad que, sin embargo, ha ido viendo cómo las esperanzas de los primeros años se enfriaban. 

En su XX Discurso del Trono, Mohamed VI ha prometido dar un nuevo impulso a las reformas en pro de un país más igualitario. Habrá que ver si el tiempo está jugando a su favor… o todo lo contrario.