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Mientras Hezbolá se debilita, los chiíes iraquíes se refuerzan

Por Husein Abdul Husein 

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"Abu Yafar al Asadi es una joven estrella emergente chií. Encabeza la ofensiva contra el Estado Islámico en Irak, es el secretario general de Yund al Imán y portavoz de Movilización Popular, la coalición de milicias chiíes patrocinada por el Ministerio del Interior iraquí""Hasta hace poco, el grupo libanés Hezbolá, con todo su formidable poder militar y de inteligencia y sus redes sociales, era la joya de la corona de las milicias internacionales iraníes. Pero tras el levantamiento sirio de 2011, y después de que Irán ordenara a la organización libanesa que entrara en Siria para combatir de parte de Basar al Asad, las limitaciones de Hezbolá se han vuelto evidentes"

Abu Yafar al Asadi es una joven estrella emergente chií. Encabeza la ofensiva contra el Estado Islámico en Irak, es el secretario general de Yund al Imán y portavoz de Movilización Popular, la coalición de milicias chiíes patrocinada por el Ministerio del Interior iraquí.

Asadi, antiguo estudiante del seminario religioso iraní de Qom, visitó Estados Unidos el mes pasado y pronunció un discurso en la conferencia La Movilización es Nuestra Dignidad, celebrada en Dearborn (Michigan).

Nacido Ahmad Yasim Saber en 1971, se unió en 1991, mientras aún estaba en la universidad, al levantamiento chií contra Sadam Husein en el sur de Irak. Fue detenido y posteriormente puesto en libertad. Se unió al Movimiento Islámico fundado por un desertor del también islámico partido Dawa llamado Mahdi Adeb Mahdi, alias Abu Zainab al Jalisi.

A mediados de los 90, Asadi se había trasladado a Irán, donde recibió formación militar y de inteligencia. Fue destinado al mando Eje 70 en la frontera irano-iraquí y participó en operaciones de guerrilla contra las fuerzas de Sadam. Después de que Estados Unidos derrocara en 2003 al dictador iraquí, el Movimiento Islámico regresó a casa.

En Irak, el grupo prometió “no pactar jamás con la ocupación norteamericana”, y aunque Asadi dijera que su grupo sólo “apoyó” operaciones contra las tropas estadounidenses, pero que nunca las llevó a cabo, Estados Unidos detuvo a Jalisi en 2003 y lo liberó en 2006. Semanas después, éste murió de un cáncer que Asadi y su grupo creen que los norteamericanos le implantaron.

Tras el martirio de su fundador, la destacada posición del grupo sufrió diversos vaivenes hasta que Asadi fue elegido secretario general en 2009. Cuando el primer ministro Haidar al Abadi sustituyo a Nuri al Maliki en agosto de 2014, Asadi quedó segundo en las elecciones y ocupó el escaño de Abadi como diputado por Bagdad.

Asadi dijo que el Movimiento Islámico quiso participar en las elecciones legislativas de 2005 y 2009, pero que no pudo hacerlo debido a las restricciones impuestas por los estadounidenses, que prohibieron la participación de los grupos con nombres islamistas o violentos.

Añadió que en enero de 2014 se reunió con Maliki y propuso la formación de comités de defensa popular. El experto iraquí Nebras al Kazimi publicó las actas de una reunión, celebrada en abril de 2014, de la Coalición Nacional Iraquí, el bloque parlamentario chií, en la que Maliki anunció la creación de esa milicia popular chií, dos meses antes del desmoronamiento de las unidades del Ejército Iraquí en Mosul ante el ataque del Estado Islámico.

Cuando el gran ayatolá Alí Sistani lanzó una fetua en la instaba a los chiíes a la defensa de Bagdad y de la zona sur chií del país tras la derrota de Mosul, el nombre de las milicias se cambió al de Movilización Popular.

Según Asadi, el Ministerio del Interior iraquí, con un presupuesto anual de 3.800 millones de dólares, entrena y arma a Yund al Imán y paga los salarios de sus hombres. El ministerio está al mando de Mohamed al Gaban, miembro de la milicia pro-iraní Badr.

Al parecer, Asadi y su grupo reciben especial atención por parte del general Qasem Soleimani, comandante de la Fuerza Quds de la Guardia Revolucionaria Iraní, y de su segundo al mando en Irak, el parlamentario Yamal Yafar (alias Abu Mahdi al Mohandes), acusado de organizar atentados contra la misión estadounidense en Kuwait en los años 80.

Hasta hace poco, el grupo libanés Hezbolá, con todo su formidable poder militar y de inteligencia y sus redes sociales, era la joya de la corona de las milicias internacionales iraníes. Pero tras el levantamiento sirio de 2011, y después de que Irán ordenara a la organización libanesa que entrara en Siria para combatir  de parte de Basar al Asad, las limitaciones de Hezbolá se han vuelto evidentes.

Sólo uno de cada cuatro libaneses es chií. En Siria, los alauitas de Asad suponen el 13% de una población de 18 millones de personas. Pese a su superioridad militar, Asad y Hezbolá acabaron por sufrir escasez de personal. Irán se quedó con los chiíes iraquíes, más de la mitad de los 25 millones de habitantes del país.

A diferencia de Hezbolá y de Asad, que dependen enormemente del dinero del petróleo iraní, las milicias chiíes de Irak tienen a su disposición los ingresos de uno de los mayores productores de petróleo del mundo.

Y a diferencia de Hezbolá, cuyos líderes llevan acumuladas décadas de mala sangre con Occidente, especialmente con Norteamérica, Asadi es una cara nueva que puede ir a Dearborn para conquistar apoyo chií. Probablemente maquilló el nombre de su milicia, Yund al Imán, para que no pareciera violento ni islamista y resultara más fácil de aceptar para sus contactos estadounidenses.

Asadi es la estrella ascendente chií de Irán en Irak y el resto de la región. Es joven, carismático y cuenta con unas reservas aparentemente ilimitadas de fondos estatales y reclutas iraquíes. Y no está solo. Irán controla actualmente una decena de milicias chiíes en el país, y tiene muchos líderes emergentes como Asadi.

El poder de Hezbolá está menguando, e Irán prepara ya la segunda generación de peones chiíes. Asadi no es más que un ejemplo de ellos.

© Versión original (en inglés): NOW
© Versión en español: Revista El Medio