Contextos

Meretz, ¿todavía sionista?

Por Julián Schvindlerman 

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"Al perder protagonismo por defender perimidas ideas de izquierda, el partido se encuentra en la paradoja de que debe moverse aún más a la izquierda para asegurar su supervivencia. Con su autoeyección del campo sionista, Meretz está, finalmente, arribando a su hogar natural"

El partido de ultraizquierda israelí Meretz fue fundado en 1992 y tuvo un estreno electoral espectacular: doce bancas sobre ciento veinte en la Knéset; fue en esos comicios el tercer partido más votado y obtuvo un 9,6% de los votos. De allí en más inició un descenso oscilante hasta las magras cuatro bancas, el noveno puesto y apenas el 3,63% de los votos en las últimas elecciones, este mismo 2019.

No fue una caída libre, pero sí sostenida, a lo largo de los años. En sus segundas elecciones, en 1996, perdió tres bancas y cayó al quinto puesto. En las de 1999 ganó una banca pero cedió un puesto, ubicándose cuarto. Esa fue la última elección de la era Oslo, en la que Meretz vindicó su ideología dialoguista con la OLP de Yaser Arafat. Tras el colapso del proceso de paz en el año 2000 y el lanzamiento palestino de una nueva y sangrienta intifada, Meretz ya no volverá a tener bancas de dos dígitos. En las elecciones de 2003 perdió cuatro y cayó al puesto sexto. Tres años más tarde, en 2006, perdió otra banca, cayó al puesto número nueve y cosechó apenas el 3,77% de los votos. En 2009 tuvo peor performance aun, logrando tan sólo tres bancas y persuadiendo a un paupérrimo 2,95% del padrón. Las elecciones de 2013 le obsequiaron una alegría al darle tres bancas más y recuperar dos posiciones, pero dos años después perderá una banca y caerá otros dos puestos. En 2019, finalmente, obtuvo sólo cuatro bancas –lo que representa un encogimiento del 66% respecto de su resultado estelar de 1992–, quedó en novena posición –lo que implica un rendimiento tres veces peor que el logrado en sus primeras elecciones– y pudo seducir a sólo el 3,63% de los israelíes, pérdida en el orden de los dos tercios de sus votantes originales y que por poco le deja fuera de la Knéset (el umbral de ingreso es del 3,25%).

Con sólo el doce por ciento de los israelíes judíos identificándose como izquierdistas, según datos del Instituto de la Democracia de Israel, Meretz quedó relegado a los márgenes de la vida política. Una de sus cuatro bancas se la debe al voto árabe. Y acaba de anunciar que buscará un “liderazgo conjunto árabe-judío” para las próximas elecciones. Su última lista incluía en sus cinco primeras posiciones a Isawi Freij y a Alí Shalalha, un árabe y un druso, respectivamente. (Un antecedente de esta cooperación partidista judeo-árabe pudo verse en 1999, cuando Husniya Yabara se convirtió en la primera parlamentaria árabe; en representación de Meretz, precisamente). Lo cual es muy auspicioso en cuanto a la coexistencia árabe-judía en Israel y a la integración política de la minoría árabe. Y es también un tributo al pluralismo de Meretz. Pero refleja a la vez dónde está ubicado el nuevo distrito electoral partidario. Meretz casi triplicó sus votos entre los ciudadanos árabes respecto a la última elección (aproximadamente 36.000 sobre 12.000), a la par que vio caer un 20% su voto judío (de alrededor de 150.000 a 120.000). Con un umbral electoral de 140.000 votos, esto quiere decir que Meretz no estaría en la actual Knéset si no fuera por los votantes árabes.

¿Hasta dónde estará dispuesto a ir Meretz? Tamar Zandberg, su actual lideresa, declaró: “El futuro de la izquierda israelí es una asociación entre judíos y árabes”. Dijo también: “A nivel político y electoral, si el campo de centro-izquierda no crea asociaciones con la comunidad árabe, no podrá regresar al poder. Si los árabes votan como los judíos, no habrá un primer ministro de la derecha”. Y en un mensaje enviado por email a sus partidarios aseguró: “La nueva izquierda israelí (…) debe incluir una verdadera asociación entre judíos y árabes: social, civil y política”. La Autoridad Palestina ve con buenos ojos este desarrollo.  

Golda Meir acusó cierta vez a Shulamit Aloni, futura partera de Meretz, de fomentar una forma israelí de “egoísmo burgués progresista”. ¿Qué diría hoy de Zandberg, su heredera y sucesora ideológica? ¿Qué diría del partido, que no se definió como sionista en sus plataformas de las  tres campañas electorales previas, y que llevó al Jerusalem Post a titular “Meretz debate si es sionista” en octubre de 2017?

¿Lo es? Liel Leibovitz reportó acerca del debate surrealista en la revista Tablet. La entonces titular del partido, Zehava Gal-On, aseguró que Meretz seguía tan comprometido como siempre con el sionismo. Su portavoz, May Osi, dijo lo opuesto: “Meretz es un partido político israelí no sionista, el partido de todos los ciudadanos, porque la idea del sionismo necesariamente borra a todo otro pueblo”. Mosi Raz, el secretario general, afirmó que Meretz nunca se había definido como sionista. Ilán Guilón, figura destacada de Meretz, afirmó que el lema del partido seguía siendo “el sionismo, el socialismo y la hermandad de los pueblos”.

Asumiendo que Meretz sigue siendo filosóficamente sionista, otro debate pertinente emerge a la luz de su lema: ¿es Meretz más sionista que socialista, o todo lo contrario? A juzgar por su decisión de julio del año pasado, parecería que el socialismo es su carta preferida. Aquel mes, la Internacional Socialista, de la que Meretz es miembro, adoptó una resolución que tachaba a Israel de practicar el apartheid y respaldaba al movimiento BDS. Entonces, el Partido Laborista israelí abandonó dicha organización. Meretz no. Entre su lealtad al sionismo y al socialismo, optó por la segundo. Por cierto, su lema es “No hay revolución sin Meretz”, más propio de la época de la fundación de la Internacional Socialista que de nuestros tiempos.

La mayoría de los israelíes judíos, parece, no están interesados en la revolución. Al menos no en la revolución socialista, judeo-árabe o lo que sea que los camaradas post-sionistas de Meretz tengan en mente. Dedicados a la revolución del high-tech, una nueva generación de israelíes ha transformado el país, que ha pasado de ser una entidad socialista a una pujante nación start-up capitalista. Políticamente, han abandonado las fantasías peligrosas que Meretz promovió con celo durante toda su historia.

Al perder protagonismo por defender perimidas ideas de izquierda, el partido se encuentra en la paradoja de que debe moverse aún más a la izquierda para asegurar su supervivencia. Con su autoeyección del campo sionista, Meretz está, finalmente, arribando a su hogar natural.