Contextos

Más sobre esa crisis humanitaria de Gaza

Por Evelyn Gordon 

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"Si el sufrimiento de los palestinos no puede usarse como maza con la que golpear a Israel, los antiguos paladines de Gaza no sienten interés alguno por él""Egipto ha cerrado casi por completo el paso fronterizo de Rafah, lo que ha convertido a Gaza, por primera vez, en la prisión al aire libre que sus antiguos paladines proclamaban falsamente que era""No podemos sino compadecer a los palestinos que hayan sido tan ingenuos como para creer que al mundo le importaba verdaderamente su sufrimiento"

Como Jonathan [Tobin] señalaba hace unos días, muchos diplomáticos, periodistas y organizaciones pro derechos humanos se han pasado años criticando enérgicamente a Israel por una crisis humanitaria en Gaza que nunca existió. Sin embargo, lo que verdaderamente llama la atención es lo callados que se han quedado todos ellos en los últimos meses, mientras Gaza sufría mucho más que cuando su crisis humanitaria era una causa popular. El motivo, naturalmente, es que no hay forma posible de culpar a Israel de la crisis actual: los responsables son Egipto y los Gobiernos rivales de los propios palestinos; Israel, en cambio, ha estado intentando aliviar el padecimiento. Y resulta que si el sufrimiento de los palestinos no puede usarse como maza con la que golpear a Israel, los antiguos paladines de Gaza no sienten interés alguno por él.

Desde que los militares egipcios derrocaran este verano al Gobierno electo de los Hermanos Musulmanes, han adoptado medidas implacables respecto a Gaza, acusando a su Gobierno de Hamás de complicidad con el terrorismo yihadista del Sinaí y de conspirar con los Hermanos Musulmanes para atacar comisarías y prisiones. Como escribió recientemente el periodista Jaled Abu Toameh, esta represión está afectando a Hamás mucho más de lo que haya hecho cualquier ofensiva militar israelí sobre Gaza. He aquí algunas de esas medidas adoptadas por Egipto:

Como compensación, Israel ha aumentado sus propios envíos de alimentos y otros suministros a Gaza, pero los productos israelíes son más caros que los egipcios, altamente subvencionados. Además, Hamás rechazó una oferta egipcio-israelí de enviar a través de Israel un producto especialmente necesario que antes llegaba por los túneles, el combustible egipcio barato, lo que ha provocado una grave escasez.

Y ahora viene lo bueno: compadecido ante su angustiosa situación, Israel ofreció la reapertura de su propio paso fronterizo con Gaza, a condición de que la Autoridad Palestina se ocupara de la seguridad en el lado palestino. Eso solucionaría el problema que provocó inicialmente el cierre del paso: como Hamás se niega a reconocer a Israel, no puede coordinarse la seguridad con él. Pero Hamás no aceptó la oferta, y, de no haberlo hecho, seguramente habría sido la Autoridad Palestina quien la rechazara, dado que hizo lo mismo con una propuesta similar por parte de los egipcios que habría permitido la reapertura de Rafah.

Estas y otras medidas han provocado en Gaza una crisis de una gravedad sin precedentes. Pero como no hay forma de culpar de ella a Israel, los anteriores defensores de Gaza están desaparecidos en combate. No podemos sino compadecer a los palestinos que hayan sido tan ingenuos como para creer que al mundo le importaba verdaderamente su sufrimiento.

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