Contextos

Túnez dice 'no' a los islamistas

Por Michael J. Totten 

"Túnez es el país árabe más liberal. Lo sé desde hace una década. En marcado contraste con Egipto, Libia y Siria, ha emergido de los levantamientos de la Primavera Árabe más o menos como una democracia que funciona como es debido"

Túnez acaba de celebrar elecciones legislativas y Ennahda, el partido islamista de tipo moderado pero no del todo, ha perdido frente al fervientemente laico Nidaa Tunis, que significa “Llamada de Túnez”.

Ennahda es la rama tunecina de los Hermanos Musulmanes, y presenta un rostro más moderado que la egipcia. Túnez es un país realmente moderado y los dirigentes de la formación no tienen más remedio que rebajar el tono de su discurso y de su programa si quieren competir en serio en las elecciones. Aun así, sólo han obtenido el 30% de los escaños.

El régimen anterior era agresivamente laico; la religión no estaba prohibida, pero sí enormemente regulada por el Estado, al igual que los derechos religiosos de los ciudadanos. Los pañuelos para cubrirse la cabeza, por ejemplo, estaban tajantemente prohibidos en escuelas y edificios gubernamentales. El Gobierno no es que fuera laico; es que era ateo y hostil a lo religioso. La gente religiosa normal, que no tenía interés alguno en vivir sometida a una teocracia autoritaria o totalitaria, encontraba ofensivo esto y votó a Ennahda. No porque quisiera un Estado islámico, sino porque quería un Gobierno que no le fastidiara.

Ennahda logró también el apoyo de los auténticos creyentes, naturalmente; la clase de gente que realmente ansía lo que Mohamed Morsi prometió para Egipto antes de que lo echaran. En Túnez hay gente así. La hay en todas partes, incluso en Estados Unidos. Pero no pueden ganar unas elecciones con su programa preferido.

La política tunecina podría ser más coherente si un partido conservador compitiera con un Ennahda más descarado y se produjera una división electoral entre religiosos moderados y extremistas, pero, desde luego, Ennahda no se dividirá a sí mismo. De ser así, los islamistas tendrían aún menos escaños en el Parlamento. Su partido no puede siquiera ganar unas elecciones con su programa aparentemente moderado.

Se está tratando de explotar mucho el hecho de que un elevado porcentaje de terroristas del Estado Islámico que se encuentran en Siria e Irak procede de Túnez. Podemos especular acerca de las razones, pero puedo asegurarles con total confianza que no es porque en Túnez haya una base de apoyo más amplia para el islam político totalitario que en otros países musulmanes.

Al contrario: Túnez es el país árabe más liberal. Lo sé desde hace una década. En marcado contraste con Egipto, Libia y Siria, ha emergido de los levantamientos de la Primavera Árabe más o menos como una democracia que funciona como es debido. El 26 de enero de este año ratificó la Constitución más liberal del mundo árabe.

Allí no hay posibilidad de establecer un califato al estilo del Estado Islámico, a menos que un ejército invada y conquiste el país desde el exterior. En Túnez puede surgir la ideología, pero no puede crecer. A quienes estén realmente interesados en conseguirlo no les queda prácticamente más remedio que irse a otro sitio. Así que se han ido a Siria y a Irak, donde matarán y morirán. Piensen en ello como si se tratara de una fuga de cerebros; sólo que quienes se fugan no son los listos. 

World Affairs Journal