Contextos

Los rusos están cometiendo crímenes de guerra a lo Asad

Por Haid Haid 

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"En general, los ataques aéreos rusos han ido dirigidos contra grupos no pertenecientes al ISIS, lo que contradice el objetivo declarado públicamente por Rusia, pero se ha investigado poco el impacto de dichos ataques sobre la población civil y si constituyen crímenes de guerra""Rusia ha estado atacando grupos ajenos al ISIS empleando la definición de terrorismo empleada por el régimen, que incluye a todo el que se le oponga, civiles incluidos. Además, parece que los rusos también están imitando la estrategia de guerra total de Asad"

Hoy nuestra ciudad ha sido atacada tres veces por los rusos, y la panadería ha quedado prácticamente destruida. No puedo hablar mucho en estos momentos, para no mantener la línea ocupada mientras los cazas siguen sobrevolando la ciudad”.

Mi hermano me dijo esto poco después de que el 17 de noviembre saltara la noticia de que los ataques aéreos rusos estaban alcanzando mi ciudad, Atarib, en la zona rural en torno a Alepo. Nuestra conversación no fue muy distinta de otras que sostengo por teléfono con mis familiares, en las que nos centramos en calcular el peligro en que se hallan contando el número de veces que los atacan diariamente. El peligro ha aumentado de manera significativa desde que comenzó la intervención rusa, no sólo por el mayor número de ataques aéreos diarios, sino porque los rusos están reproduciendo la estrategia de Asad de aterrorizar a la población civil.

Los ataques rusos se distinguen fácilmente de los de Asad porque sus cazas, normalmente, vuelan en grupos de tres y bombardean sin hacer maniobras, con lo que el ruido que hacen es diferente del de los ataques del régimen.

Es bien sabido que, en general, los ataques aéreos rusos se han dirigido contra grupos no afiliados al ISIS, lo que contradice el objetivo declarado públicamente por Rusia, pero se ha investigado poco el impacto de dichos ataques sobre la población civil y si constituyen crímenes de guerra.

Crímenes de guerra

Según diversas organizaciones pro derechos humanos, varios grupos han cometido crímenes de guerra en Siria, pero la mayor parte de ha tenido como autores al régimen de Asad y a sus aliados. Un reciente informe de la Red Siria de Derechos Humanos documentaba 92 ataques contra instalaciones civiles (hospitales, escuelas, mercados, etc.) cometidos sólo el mes pasado: 64 por parte del régimen y 16 por parte de las fuerzas rusas; el resto fueron obra de otros grupos.

El nivel de crímenes cometido por el régimen de Asad no debería suponer una sorpresa: encaja con su estrategia sistemática desde el inicio de la revolución pacífica, en marzo de 2011. Damasco ha aplicado una política de castigo colectivo a la población civil que tiene como objetivo matar, aterrorizar y expulsar a poblaciones enteras de áreas controladas por grupos de la oposición. Con ello, Asad ha seguido una estrategia de guerra total prohibida tajantemente por la Convención de Ginebra y las leyes de la guerra.

El régimen sirio es plenamente consciente del impacto aterrador que esta estrategia tiene en las vidas de los sirios que viven en zonas fuera de su control, con lo que se asegura de que todo el mundo esté demasiado preocupado por la supervivencia diaria como para pensar en el futuro o para crear sistemas administrativos alternativos. Es algo que he experimentado personalmente cada vez que he visitado zonas controladas por la oposición, sobre todo inmediatamente después de que se hayan producido ataques. Aún recuerdo cómo me sentí durante una visita a mi ciudad natal apenas unos días después de que una bomba de barril alcanzara el centro urbano y matara a más de 30 civiles. La única sensación que tuve durante mi visita fue el miedo constante e inexorable de que podía morir fuera a donde fuera.

Imitar la estrategia de Asad

Rusia ha estado atacando grupos ajenos al ISIS empleando la definición de terrorismo empleada por el régimen, que incluye a todo el que se le oponga, civiles incluidos. Además, parece que los rusos también están imitando la estrategia de guerra total de Asad. De los ataques sistemáticos que han realizado contra instalaciones civiles desde el inicio de sus operaciones el 30 de septiembre, 16 de ellos fueron realizados sólo en octubre, con lo que la excusa de los daños colaterales se vuelve absurda.

Los ataques rusos con un uso indiscriminado de las armas también copian la estrategia del castigo colectivo que emplea Asad. Los ataques sistemáticos sobre instalaciones civiles en particular y sobre zonas de población civil en general sirven para impulsar a los habitantes de dichas zonas a culpar a los grupos de la oposición de sus sufrimientos y de ser la causa de los ataques. Los ataques rusos han matado a 329 civiles, entre ellos 88 niños, en los primeros meses de operaciones en Siria. Además, sólo durante el mes pasado 120.000 sirios sufrieron desplazamientos internos.

La panadería de mi ciudad natal que fue destruida por los ataques aéreos rusos del 17 de noviembre era la más grande de la zona rural del este de Alepo, y atendía a 120.000 personas. Destruir unas instalaciones semejantes no sólo afecta a la gente a corto plazo, al aterrorizarla, sino que aumenta sus padecimientos a largo plazo, porque puede que encontrar una forma de proporcionar pan a 120.000 personas resulte difícil durante mucho tiempo.

A falta de una solución política para el conflicto de Siria, Gobiernos y ONG deberían al menos presionar para que deje de atacarse a civiles y para que se exijan responsabilidades a quienes lo hagan. La política se limita a la viabilidad de las demandas, pero la ética, al menos, hace posible hacer lo correcto. Instar al cese de los bombardeos aéreos y de otro tipo de ataques indiscriminados en Siria es necesario para proteger a los civiles y constituye un deber ético para todos nosotros.

© Versión original (en inglés): NOW
© Versión en español: Revista El Medio