Contextos

Los payasos españoles y la calle palestina

Por Jesús M. Pérez 

Kefia palestina.
"Los palestinos quedan reducidos, sin voz ni voto, al papel de objeto de la acción del bienintencionado europeo que acude a socorrerlo""Llama la atención lo poco que escuchamos las voces palestinas en los medios. Escuchamos, eso sí, voces palestinas denunciando atropellos e injusticias de Israel. También tenemos bastantes retratos de la derecha israelí más recalcitrante y de los diferentes defectos de la sociedad israelí. Pero las opiniones palestinas que reflejan las encuestas, contrarias a la coexistencia de dos Estados y contrarias a las iniciativas de paz, no aparecen con tanto detalle en los medios occidentales"

Del 7 al 16 de septiembre tuvo lugar en Nablús, Ramala y Jerusalén la tercera edición de Festiclown, festival internacional de clowns organizado por el colectivo español Pallasos en Rebeldía. El último día, varios miembros del colectivo posaron desnudos frente al muro construido por Israel en algunos tramos de los límites con Cisjordania. Se trató de una acción simbólica que, según el portavoz, de Pallasos en Rebeldía, era una metáfora que hacía alusión al cuento El traje nuevo del emperador. Sin embargo, el rechazo mostrado por los palestinos y en general por los musulmanes a la performance llevó a Pallasos en Rebeldía a pedir públicamente disculpas. Así, el asunto terminó de forma imprevista convertido en la perfecta metáfora de los esfuerzos de los occidentales biempensantes a favor de la causa palestina.

Tenemos en este caso a unos activistas occidentales que actuaron sin tener en cuenta la realidad de la sociedad en la que se sumergen y sin tener en cuenta la opinión de aquellos a cuyo auxilio se supone han acudido. En el pasado, algunas comunidades palestinas ya mostraron su rechazo a la llegada de activistas que no respetan sus costumbres. Y si bien el profundo conservadurismo de la sociedad palestina enmascara problemas como el de los crímenes de honor, ese desprecio inicial a las sensibilidades locales no es más que una forma de paternalismo bienintencionado que infantiliza al Otro. Aquí los palestinos quedan reducidos, sin voz ni voto, al papel de objeto de la acción del bienintencionado europeo que acude a socorrerlo. Un fenómeno que en Estados Unidos ha quedado retratado en el concepto complejo de blanco salvador (white saviour complex).

La anécdota de los payasos españoles, trasladada al conjunto del conflicto palestino-israelí, nos lleva a preguntarnos qué piensan los palestinos y a qué aspiran. Si no les escucháramos y atendiéramos sólo a los periodistas, activistas y académicos españoles que nos han explicado tantas veces los orígenes y la naturaleza del conflicto, concluiríamos que todo gira en torno a la ocupación israelí de Cisjordania y al bloqueo de la Franja de Gaza. Con ese diagnóstico, la solución definitiva del conflicto pasaría por que Israel se retirara hasta las líneas del armisticio de 1949, las mal llamadas “fronteras de 1967”, para dar paso a la creación del Estado palestino.

Ese modelo, paz por territorios, quedó invalidado por las experiencias históricas de la guerra del Líbano de 2006 y la intervención en Gaza en 2009, la operación Plomo Fundido. Las previas retiradas unilaterales de Israel de la franja sur del Líbano en 2000 y la desconexión con Gaza de 2005 no generaron una predisposición positiva en Hezbolá y Hamás para convivir en paz con Israel. Tampoco una hipotética retirada de Cisjordania y el levantamiento del bloqueo a Gaza, con una subsiguiente proclamación del Estado palestino, garantizaría la paz. Podría existir pronto un Palestina independiente con fronteras definidas definitivamente que emitiera moneda propia, sellos de correos y pasaportes, pero mientras las autoridades palestinas no cuenten con el monopolio de la violencia Palestina será un Estado fallido.

Así que escuchemos a los palestinos. Contamos con estudios de opinión como los del Palestinian Center for Policy and Survey Research, el Jerusalem Media & Communication Centre y el Pew Research Center. Todos han publicado resultados de encuestas que recaban la opinión de los palestinos sobre política y asuntos relacionados con el conflicto con Israel. Así, según una encuesta realizada entre el 17 y 19 de septiembre de este año, un 48% de los palestinos se muestra a favor de una solución al conflicto que considere dos Estados. Ese porcentaje ha ido disminuyendo en cada una las diversas encuestas hechas en el último año y medio. Y si revisamos una serie histórica de la década anterior, vemos que ese apoyo ha tenido altibajos que nunca han superado el máximo inicial. Además, en la primavera de 2014, un 63% de la población palestina opinaba que Israel y una Palestina independiente no podrían convivir en paz.

El referido sondeo de septiembre recogía la opinión de la sociedad palestina sobre dos propuestas de paz. La primera, la Iniciativa Árabe de Paz, fue lanzada por Arabia Saudita en 2002. Propone, fundamentalmente, la retirada de Israel hasta las líneas del armisticio de 1949 a cambio del reconocimiento diplomático de los países árabes. El 45% de los palestinos consultados apoyaban la iniciativa y un 49% la rechazaban. La otra propuesta, la Iniciativa Francesa lanzada este año, propone la retirada de Israel hasta líneas del armisticio de 1949 siguiendo un calendario determinado y considera algunos canjes de territorios. Además, propone Jerusalén como capital conjunta de ambos Estados y una conferencia de paz internacional. Un 60% rechazaba la propuesta francesa y un 37% la aceptaba. Cabe recordar que la iniciativa también fue rechazada públicamente por Hamás.

A este breve repaso de la opinión pública palestina debería añadirse un análisis del discurso de los medios oficiales palestinos y un análisis de los contenidos de los materiales educativos palestinos. Encontraríamos que una de las aspiraciones que reflejan es la desaparición del Estado de Israel. Basta recordar el caso de Reem Sahwil, la adolescente palestina que lloró en un programa de TV tras contarle a Angela Merkel que disponía sólo de un un permiso de residencia temporal. La canciller no le prometió solucionar su caso, como hubiera sido de esperar de un político de otras latitudes. Convertidas aquellas imágenes en un fenómeno viral en Internet, Reem Sahwil fue entrevistada por los medios y contó que esperaba que un día Israel no existiera más, sólo Palestina.

Una conclusión provisional es que llama la atención lo poco que escuchamos las voces palestinas en los medios. Escuchamos, eso sí, voces palestinas denunciando atropellos e injusticias de Israel. También tenemos bastantes retratos de la derecha israelí más recalcitrante y de los diferentes defectos de la sociedad israelí. Pero las opiniones palestinas que reflejan las encuestas, contrarias a la coexistencia de dos Estados y contrarias a las iniciativas de paz, no aparecen con tanto detalle en los medios occidentales.

Cabe preguntarse si los activistas que desde fuera luchan por la causa palestina tienen claro por cuál de sus variantes lo hacen. ¿Luchan por la creación de un Estado palestino que coexista con Israel o luchan por un Estado palestino que suponga la desaparición de Israel? En el primer caso, deberían saber que su causa tiene un apoyo que ya no llega a la mitad de la población palestina, y empezar a conocer mejor la realidad de aquellos a quienes acuden a salvar. En el segundo, somos nosotros, aquí en Occidente, los que tenemos que tener claro que eso es así y empezar a entender la verdadera naturaleza de su lucha.