Revista de Prensa

Los palestinos pueden dar gracias a Israel

 

Bandera de Israel.

El exministro israelí Moshé Arens se refiere en esta pieza a la campaña palestina contra la Declaración Balfour afirmando que, sin ésta, probablemente no existirían los palestinos “como entidad nacional reconocida internacionalmente”… y por ellos mismos. Además, repara en la tremenda inestabilidad que padece el mundo árabe y concluye:

¿Llegará el día en que los palestinos, aquellos que son ciudadanos de Israel e incluso los que viven en Jerusalén y en Judea y Samaria, reconozcan que la providencia ha sido amable con ellos? ¿Que el establecimiento del Estado de Israel puede que les haya salvado del sufrimiento que padecen sus hermanos árabes en los países vecinos?

La retórica de los líderes palestinos, como Abás en Ramala e Ismaíl Haniyeh en Gaza, puede llevarle a pensar que nada puede ser peor que la “ocupación” israelí, pero es probable que todos los palestinos lo crean. Quizá incluso algunos consideren el establecimiento del Estado de Israel una oculta bendición.

En The Spectator, Alex Ryvchin, figura prominente de la comunidad judía australiana, escribe a propósito de la última maniobra de la dirigencia palestina, que pretende encausar al Reino Unido por su adopción, en 1917, de la Declaración Balfour, en la que expresaba su apoyo a la creación de un hogar nacional judío en Tierra Santa. Ryvchin ve ahí una prueba irrefutable de la negativa palestina a aceptar la existencia de Israel.

[Durante su intervención en la reciente cumbre anual de la Liga Árabe, el ministro de Exteriores de la Autoridad Palestina, Rial al Maliki] puso de manifiesto la verdadera posición palestina –a menudo disimulada– de que Israel como Estado nación del pueblo judío no tiene cabido en ninguna parte del territorio (…) Los líderes palestinos han asimismo demostrado a qué están dispuestos a llegar para enfangar a su gente en el agravio (…) en vez de prepararla para los compromisos necesarios a fin de lograr de una vez su propio Estado.

Yaakov Amidror, general en la reserva de las Fuerzas de Defensa de Israel y exconsejero de Seguridad Nacional del primer ministro de su país, analiza las relaciones árabe-israelíes y concluye que, aunque estén en su mejor momento, no se consolidarán a menos que se produzcan cambios sustanciales en la cuestión palestina.

Israel puede aportar a estos países precisamente aquello que les falta: seguridad, tecnología y enormes mejoras en los ámbitos del agua, la agricultura y la salud.

SIn embargo, una colaboración seria, una cooperación pública y sin trabas, entre Israel y esos Estados árabes requiere de un acuerdo de paz entre Israel y los palestinos. No porque los líderes árabes lleven en el corazón este asunto, sino porque, sin él, esos líderes podrían perder el apoyo de la calle, que es imperativo si la relación [con Israel] va a hacerse pública. Por desgracia, los palestinos no se afanan en avanzar un acuerdo de paz o sus relaciones con Israel. Al contrario: el reconocimiento de que son la clave para el reforzamiento de los lazos entre Israel y los otros países de la región hace que se tengan en muy alta estima y les lleva a incrementar sus demandas.

La única manera de superar este obstáculo es cambiar el orden de los pasos. Primero construir una relación que sirva de paraguas inclusivo a los israelíes y a los árabes suníes y luego llevar a los palestinos a la mesa de negociaciones.