Revista de Prensa

Los palestinos, grandes damnificados del boicot antiisraelí

 

Manifestantes pro BDS.

El activista palestino pro derechos humanos Basem Eid denuncia la utilización política del pueblo palestino por los que tienen como único objetivo dañar y deslegitimar a Israel.

Los palestinos estamos faltos de liderazgo. Nuestros líderes –tanto los de Hamás como los de Al Fatah– son corruptos. Mahmud Abás fue elegido presidente en 2005 para un mandato de cuatro años y aún sigue en el poder, a pesar de que no ha habido elecciones desde ese mismo 2005. (…) no tiene autoridad para hablar con Israel de paz o de una solución permanente.

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El movimiento BDS [Boicot, Desinversión y Sanciones contra Israel] y demás actividades antiisraelíes utilizan los asentamientos en la Margen Occidental para demonizar a Israel, pero no parecen comprender que la construcción en los asentamientos beneficia a los palestinos. Los asentamientos son una gran fuente de trabajo bien remunerado para los obreros palestinos, y se puede decir incluso que los palestinos levantaron los asentamientos. (…)

Todos sabemos cómo comenzó el conflicto con Israel. Los líderes árabes vieron la guerra contra los judíos como una manera de crear un ‘enemigo’ conveniente que podían utilizar para mantener a su pueblo sojuzgado, mientras [ellos], sus familias y sus amigos vivían a todo tren. El mundo árabe es casi mil veces más grande que Israel, así que la existencia de Israel nunca fue una amenaza para el mundo árabe, pero sí una gran oportunidad para que los corruptos dirigentes árabes mantuvieran a sus pueblos distraídos.

Esa es la tragedia de las naciones árabes con la que hay que lidiar; nosotros, los palestinos, estamos cansados de pagar por ello.

En el Jerusalem Post, David Makovsky recuerda lo ocurrido en 1967, cuando Egipto cerró los Estrechos de Tirán, una vía marítima vital para el aprovisionamiento energético de Israel, y las potencias internacionales no cumplieron con su palabra. Makovsky concluye que la mejor garantía es una adecuada capacidad de autodefensa.

El 22 de mayo de 1967, el presidente egipcio, Gamal Abdel Naser, cerró los estrechos [de Tirán], un golpe crucial contra Israel, que dependía de las importaciones de crudo de Irán. (…) el primer ministro [israelí], Leví Eshkol, envió a su ministro de Exteriores, Aba Eban, a una gira relámpago por París, Londres y Washington, a fin de que la comunidad internacional reabriera los estrechos y evitara la guerra. (…)

La noción de que las garantías internacionales no son invulnerables no debería confundirse con la creencia de que Israel debe confiar solo en la fuerza. El tratado de paz entre Egipto e Israel de 1979 y el de Jordania e Israel de 1994 han resistido enormes choques regionales y bilaterales en las últimas décadas. (…) [Pero] a la hora de la verdad, Israel necesita ser capaz de defenderse por sí mismo.

El periodista saudí Turki Aldajil cree que los encontronazos entre El Cairo y Riad no son lo que define las relaciones entre ambos líderes del mundo árabe, sino el entendimiento de fondo que existe entre ellos sobre cuestiones esenciales.

Egipto tiene su propia visión sobre la crisis siria, diferente de Arabia Saudí. Todo el mundo lo sabe. Tener puntos de vista diferentes sobre un asunto o dos no significa abandonar la cooperación en los cientos de temas en los que se está de acuerdo.

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En medio de esta crítica incontrolada de los medios de comunicación, Egipto anunció que sus operaciones con la coalición árabe para restaurar la legitimidad en el Yemen seguirán y condenó el papel malicioso que desempeñan algunas partes en la región. Egipto es también uno de los miembros fundadores de las alianzas árabe e islámica. Los nuevos informes son una cosa, pero la sabiduría y la conciencia de los líderes de Egipto y Arabia Saudí son otra distinta.

Egipto y Arabia Saudí son los flancos del mundo árabe. La sabiduría [en las relaciones entre] dos países hermanos se basa siempre en “organizar las diferencias” hasta que los motivos subyacentes desaparezcan.