Contextos

Los orígenes extranjeros de Hezbolá

Por Tony Badran 

Bandera de Hezbolá.
"La génesis anterior a 1982 está relacionada con la red de agentes revolucionarios iraníes, especialmente de aquellos leales al imán Ruholá Jomeini, que operaban en el Líbano en la década de 1970. Esos activistas actuaban para reclutar a jóvenes chiíes que se sometieran al liderazgo y autoridad religiosa (marja’iya) de Jomeini""El partido de la República Islámica (Hezbolá) ejercía el poder en las calles mediante bandas de matones llamados hezbolaíes. Estaban dirigidos por un joven radical, protegido de Jomeini, que también había estado en el Líbano en 1978, llamado Hadi Gafari"

Este domingo, Hezbolá celebrará el Día de la Liberación, en conmemoración de la retirada israelí del Líbano en el año 2000. Hezbolá ha creado numerosos mitos en torno a su guerra con Israel, pero resulta especialmente curiosa la forma en la que se ha servido de Israel para elaborar la historia de su propio nacimiento. Así, según la versión más conocida, cuidadosamente fomentada por el propio Partido de Dios, la organización fue fundada como respuesta a la invasión israelí en 1982. De hecho, se afirma que, de no ser por la invasión, no estaría nada claro que Hezbolá hubiera llegado a surgir, en absoluto, en la forma que tiene.

Pero en una entrevista especial, concedida el viernes pasado a Al Mayadin TV con motivo del próximo Día de la Liberación, Naim Qasem, segundo al mando de Hezbolá, si bien se ajustó en general al guión, brindó algunos detalles que contradicen la versión habitual de la génesis del grupo y del papel de Irán en la misma. “La fundación de Hezbolá estuvo vinculada a la invasión israelí”, dijo Qasem a Al Mayadin. “Pero la invasión no fue el motivo por el que se formó”. Con esta afirmación, Qasem no sólo desmentía una versión obedientemente difundida durante años por periodistas y académicos, sino que contradecía a su propio jefe, el secretario general de Hezbolá, Hasán Nasrala.

En declaraciones realizadas un par de años después de la retirada israelí, Nasrala hizo hincapié en que “los fundamentos para la fundación de Hezbolá se remontan a las circunstancias de la invasión enemiga israelí del Líbano en 1982 (…) Si vamos a la causa directa, es la invasión israelí del Líbano”.

De hecho, explicó Qasem, puede que 1982 fuera testigo de “la fundación en la práctica” de Hezbolá, pero ésta fue precedida de una fundación “teórica”. Como he relatado en un ensayo sobre esa época de la historia del partido, la génesis anterior a 1982 está relacionada con la red de agentes revolucionarios iraníes, especialmente de aquellos leales al imán Ruholá Jomeini, que operaban en el Líbano en la década de 1970. Esos activistas actuaban para reclutar a jóvenes chiíes que se sometieran al liderazgo y autoridad religiosa (marja’iya) de Jomeini. Muchos de esos agentes iraníes también se dedicaban a la enseñanza, el adoctrinamiento y la difusión del mensaje del líder islamista.

Un predicador jomeinista iraní, Sayed Isa Tabatabai, activo en el Líbano a mediados de los 70, fue mencionado por Nasrala en un discurso del pasado octubre. Tabatabai, que dirigió diversas instituciones iraníes en el Líbano, desempeño un importante papel en el reclutamiento y adiestramiento de jóvenes chiíes que se convertirían en miembros de Hezbolá. La familiaridad de los agentes jomeinistas con el Líbano y la relación de los activistas jomeinistas libaneses con ellos desmienten las afirmaciones de Qasem durante la entrevista de que “nuestro entorno no tenía conocimiento del imán Jomeini ni de su movimiento en Irán e Irak”.

Sin embargo, en respuesta a una pregunta relativa a cómo Hezbolá llegó a llamarse así, Qasem, de forma inadvertida, puso de relieve esas relaciones y la indisolubilidad entre Hezbolá y la revolución iraní. Qasem se había referido anteriormente en su libro a la cuestión del nombre del movimiento, pero había omitido un detalle que desveló durante la entrevista. “Seis meses después de la formación del partido, comenzó a surgir la idea de ‘Hezbolá’ desde las bases. El nombre emulaba al Hezbolá existente en Irán”.

Qasem tiene toda la razón: el Hezbolá del Líbano era un clon del de Irán. Pero el iraní tenía un significado muy concreto en el contexto político del país durante el crítico periodo entre 1979 y 1981. Poco después del regreso de Jomeini a Irán en el 79, sus fieles -muchos de los cuales operaban en el Líbano en los 70- y otros miembros del clero radical formaron el partido de la República Islámica. Comenzaron a llamarse a sí mismos Hezbolá y, para el verano de 1981, el partido había derrotado al fin a sus rivales domésticos, que habían estado aliados con Musa Sadr y con el movimiento Amal; ahora controlaba el Gobierno, al que denominó “el Gobierno hezbolaí”.

Qasem explicó que Jomeini “consideraba a todo el pueblo Hezbolá. Éste sería guiado a través de las mezquitas. Es decir, los eruditos (ulemas) tomarían las ideas del imán, su postura política, y movilizarían a la gente”. De hecho, la movilización por medio de las mezquitas que describe Qasem se realizó a través de otras estructuras y organismos alineados con o dirigidos por el partido de la República Islámica, como los comités revolucionarios. No es una coincidencia que, entre 1978 y 1979, los elementos que llegaron a convertirse en Hezbolá formaran en el Líbano los comités paralelos “en apoyo de la revolución islámica”. Los comités iraníes estaban organizados por la Asociación del Clero Militante, entre cuyos miembros fundadores estaban Alí Jamenei y Mohamed Beheshti, secretario general del partido de la República Islámica, asesinado en 1981. La Asociación también fue clonada en el Líbano, con el nombre de Asociación del Clero Militante del Líbano, la cual organizó concentraciones pro-Jomeini.

“Hezbolá”, prosiguió Qasem, “era esa manifestación popular”. En realidad, el partido de la República Islámica (Hezbolá) ejercía el poder en las calles mediante bandas de matones llamados hezbolaíes. Estaban dirigidos por un joven radical, protegido de Jomeini, que también había estado en el Líbano en 1978, llamado Hadi Gafari. Sus bandas de hezbolaíes atacaban a manifestantes, a periódicos críticos del Gobierno revolucionario y a rivales políticos. En una imagen que resultará familiar en el Líbano, los hezbolaíes también recorrían las calles en sus motos, con banderas y pancartas. También resulta fácil ver cómo las prácticas de los hezbolaíes son fiel reflejo de las de su clon libanés, como es evidente en el caso del asesinato del activista Hashem Salman, hasta llegar a la campaña contra la editora ejecutiva de NOW, Hanin Ghadar, por describir a Hezbolá como los matones que son.

La revelación por parte de Qasem de que Hezbolá era una imitación de su predecesor iraní era cierta, sólo que no tal y como él la expuso. Con sus comentarios en la entrevista con motivo del Día de la Liberación, esclareció, más de lo que era consciente, el contexto iraní y las estructuras de las que surgió Hezbolá, así como de la verdadera naturaleza del grupo.

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