Revista de Prensa

Los líderes palestinos no creen en la solución de los dos Estados

 

El presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abás.

Meses después de anunciar sus planes para demandar a Gran Bretaña por la Declaración de Balfour, los líderes de la Autoridad Palestina siguen cuestionando la legitimidad de Israel. Para David Horovitz, es evidente que no quieren establecer un Estado palestino en Gaza y la Margen Occidental, sino destruir el Estado judío.

La nueva campaña palestina para destacar las (…) ilegalidades e iniquidades de la Declaración de Balfour (…) muestran una inalterable hostilidad a la misma noción de soberanía judía sobre cualquier lugar de Tierra Santa y un permanente rechazo a aceptar la legitimidad judía aquí.

La declaración de 1917 prometió salvaguardar los derechos de los demás, aun cuando trataba de hacer realidad los derechos de los judíos. Así ocurrió también con la votación de la ONU sobre la partición, en 1947. Y sin embargo aquí estamos aún, un siglo después, con los líderes palestinos tachando de “crimen” el inicio de un proceso que, si lo hubieran aceptado, les hubiera proporcionado entonces un Estado. Para el liderazgo palestino, en 2016 los judíos seguimos siendo gente que no pertenecemos a este lugar, que se hizo con algo que no era suyo.

Al declarar la guerra diplomática y legal a la Declaración de Balfour, los líderes palestinos están diciendo al mundo –para su permanente desgracia y la nuestra– que nada ha cambiado en 100 años, que su oposición a nuestro Estado, sean cuales sean sus fronteras, sigue siendo mayor que su deseo a tener una entidad independiente propia. Un siglo después, están afirmando que su rechazo a compartir cualquier parte de esta tierra con el pueblo judío sigue siendo absoluto.

Es la conclusión a la que llega el analista turco Semih Idiz en Hurriyet tras la batida represiva contra el diario Cumhuriyet, enésima embestida contra los medios por parte del régimen de Erdogan.

Cualquiera que conozca Turquía sabe que ‘Cumhuriyet’ es un diario firmemente laico y kemalista de tendencia izquierdista, y que suscribe los valores democráticos europeos. Por eso ha sido severamente crítico con el presidente Recep Tayyip Erdogan y el gobernante Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP).

(…)

Turquía está volviendo la espalda a Occidente y yendo en otra dirección. Los paradigmas básicos que guiaron a la República desde su fundación han cambiado con el AKP. Europa, con su actitud de “no queremos a Turquía entre nosotros”, ha contibuido a ello.

En cuanto al enfoque actual de Europa sobre Turquía, es cínico, por decir algo. Los discursos de protesta sobre el asalto a ‘Cumhuriyet’ no son más que lágrimas de cocodrilo. Para muchos líderes europeos, apaciguar a Ankara para evitar que cientos de miles de musulmanes lleguen a Europa parece más importante que ir todos en apoyo de la amenazada democracia turca.

El periodista saudí Abderramán al Rachid se refiere en esta pieza al deseo de Erdogan de participar en los combates contra el Estado Islámico en suelo iraquí, posibilidad que Bagdad rechaza por considerarla una provocación que podría desembocar en un serio conflicto entre las dos naciones. La presencia activa de Irán en Irak y su apoyo al Gobierno de Bagdad añaden un elemento de gravedad en el desarrollo de los acontecimientos.

Los iraníes están actuando rápidamente, puesto que están inmersos en una carrera contra el tiempo antes de las elecciones americanas, y quieren beneficiarse del eslogan de la ‘lucha contra el terrorismo’. Quieren expandir y lanzar múltiples guerras para estrechar el control sobre los pasos fronterizos entre Siria, Irak y las zonas ricas en petróleo.

Sin embargo, a pesar de las amenazas contra sus intereses, no creo que los líderes turcos tengan el deseo de una confrontación, incluso aunque su Ejército sea mucho más fuerte que los de Irán e Irak y esté también mejor equipado. Las fuerzas iraníes y sus milicias, traídas desde Afganistán, Pakistán, Irak y el Líbano, están dirigiéndose hacia la frontera turca y van persiguiendo a las fuerzas de la oposición siria que apoya Turquía.

Están también alentando el establecimiento de una zona de exclusión para los kurdos, y esto equivale a un espantapájaros para el Gobierno de Ankara. Al mismo tiempo, los turcos están pagando el precio en los terrenos de la economía y la seguridad que implica albergar a más de dos millones de refugiados sirios y enfrentarse al plan ruso-iraní de llevar las batallas a su territorio con el apoyo de los separatistas kurdos de Turquía.