Contextos

Los grandes planes del 'racista' Netanyahu para empoderar a los árabes israelíes

Por Evelyn Gordon 

Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel.
"La pasada debió de ser una semana complicada para todos aquellos que equivocadamente creen que el primer ministro de Israel es un desvergonzado racista antiárabe""Aunque los ultras de derecha puedan disfrutar haciendo miserables a los árabes, los políticos conservadores preponderantes, como Netanyahu y Bennett, están por lo general más interesados en asegurar que el 20% de la población del país sea una ciudadanía productiva y económicamente independiente, en vez de un fardo para el sistema de bienestar"

La pasada debió de ser una semana complicada para todos aquellos que equivocadamente creen que el primer ministro de Israel es un desvergonzado racista antiárabe: en los últimos días, el Gobierno de Benjamín Netanyahu ha desvelado no una sino dos grandes iniciativas beneficiosas para los árabes; iniciativas que incluso el ultraizquierdista Haaretz, que lo detesta, ha calificado de “encomiables” e incluso “revolucionarias”.

Así empieza el reportaje de Haaretz sobre la primera de ellas:

Por primera vez, un equipo gubernamental ha documentado el alcance de la escasez de tierra y vivienda en las comunidades árabes de Israel y propuesto recomendaciones para acabar con ella.

Aunque la escasez de vivienda ha sido una de las mayores quejas de la comunidad árabe desde hace décadas, ningún otro primer ministro en los 67 años de existencia de Israel ha hecho demasiado al respecto. Pero el último Gobierno de Netanyahu no sólo anunció el establecimiento de la primera ciudad árabe de nueva planta en la historia de Israel, sino que creó un grupo de trabajo interministerial para la elaboración de recomendaciones más comprehensivas, que fueron presentadas al actual Gobierno la semana pasada.

Además, como advirtió Haaretz en otro análisis, esas recomendaciones no son sino “una revolución”. Luego de décadas en que las fronteras de las localidades árabes han permanecido inalteradas, pese a la septuplicación de su población, la nueva propuesta recomienda expandirlas para proveer a las comunidades árabes de más tierras para la construcción de viviendas.

La segunda iniciativa tiene que ver con la educación. También aquí el anterior Ejecutivo de Netantahu dio pasos significativos adoptando un plan de cinco años para mejorar la financiación de las escuelas árabes por valor de 1.000 millones de shékels (unos 260 millones de dólares).

Muchos comentaristas predijeron que sería desechado por el nuevo ministro de Educación, Naftalí Bennett, del derechista Hogar Judío. Lejos de ello, la semana pasada Bennett no sólo anunció la continuación del plan, sino que le añadió un importante elemento. Todas las guarderías –judías y árabes– tendrán un segundo asistente, en lugar de sólo un profesor y un asistente para cada clase de un máximo de 35 alumnos. En las comunidades prósperas, el Gobierno cubrirá sólo el 50% del coste, mientras que en las pobres se hará cargo del 90%. Como apuntaba Haaretz, la mayoría de las comunidades pobres son árabes, por lo que tal decisón dará un fuerte impulso a la educación temprana en las localidades árabes. Lo que llevó al periódico, que también detesta a Bennett, a titular: “Naftalí Bennett: el inverosímil campeón de la educación árabe.

En realidad, estas iniciativas no deberían sorprender a nadie. Aunque los ultras de derecha puedan disfrutar haciendo miserables a los árabes, los políticos conservadores preponderantes, como Netanyahu y Bennett, están por lo general más interesados en asegurar que el 20% de la población del país sea una ciudadanía productiva y económicamente independiente, en vez de un fardo para el sistema de bienestar. Y eso pasa por asegurar que tenga acceso a recursos básicos como educación, trabajo y vivienda de calidad, de ahí que los Gobiernos precedentes de Netanyahu hayan apostado fuerte por la integración árabe por otras vías.

Hay aún otra razón por la que los Gobiernos de supuesta línea dura de Netanyahu son precisamente los que dan pasos revolucionarios para potenciar la integración árabe: los políticos presa de la ficción de que la paz israelo-palestina es alcanzable de manera inminente tienden a conceder menos prioridad a los demás asuntos, llevados por la teoría de que una vez se alcance la paz la mayoría se resolverán por sí solos. En primer lugar, esperan que la paz genere grandes financieros, lo que dejaría a Israel mucho dinero que podría destinar a otros problemas. En segundo lugar, esperan que las tensiones entre árabes y judíos en Israel se disipen considerablemente, pues consideran que la ausencia de un Estado palestino es la principal queja de los árabes israelíes.

Incluso asumiendo que ambas proposiciones fueran ciertas (cosa que yo no hago), obviamente son irrelevantes si la paz no es inminente. Un Gobierno que no cree que la paz esté a la vuelta de la esquina no puede permitirse posponer otras cuestiones acuciantes; necesita hacer lo que pueda con los recursos de que dispone. En lo relacionado con los árabes israelíes, eso significa tratar de afrontar sus auténticas necesidades educativas, laborales y de vivienda aun reconociendo que las tensiones sobre el conflicto palestino persistirán, especialmente desde que las encuestas repetidamente muestran no sólo que los árabes israelíes consideran esas cuestiones sus grandes prioridades, sino que el afrontarlas impulsa su identificación con el Estado. Según un sondeo del pasado mayo, el 65% de los árabes israelíes se declaran orgullosos de ser israelíes; en uno de febrero el 55% se identificó con la bandera de Israel.

Pero ¿por qué dejar que los hechos perturben un inveterado dogma progresista? Después de todo, todos sabemos que los Gobiernos de derechas no pueden ser buenos para los árabes israelíes, incluso cuando dan pasos inauditos para corregir las discriminaciones de que han sido objeto.

© Versión original (en inglés): Commentary
© Versión en español: Revista El Medio