Contextos

Los flamantes socios de Erdogan: Irán y Rusia

Por Aykan Erdemir 

El primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, a la derecha, y el presidente ruso, Vladimir Putin, se dan la mano en su reunión en Estambul, Turquía.
"EEUU y la OTAN deben atender las preocupaciones de Turquía en materia de seguridad, y también recordarle sus responsabilidades como aliado"

Las autoridades rusas anunciaron el lunes que el presidente ruso, Vladímir Putin, se reunirá con sus homólogos turco e iraní, Recep Tayyip Erdogan y Hasán Ruhaní, en algún momento de los próximos meses; es la señal más reciente de que están profundizando en las relaciones trilaterales. A principios de este mes, funcionarios de los tres países mantuvieron dos días de conversaciones sobre Siria en Astaná, la capital de Kazajistán, a colación de la Declaración de Moscú, que sus ministros de Exteriores firmaron en diciembre. El giro que Turquía está dando hacia los dos principales adversarios de la OTAN sigue generando interrogantes sobre su compromiso con la alianza transatlántica.

Hasta hace poco, Erdogan era un actor principal en la proxy war que se libra en Siria contra el régimen de Asad, al cual respaldan Rusia e Irán. Las relaciones entre Ankara y Moscú estuvieron en su punto más bajo en noviembre de 2015, cuando Turquía derribó un avión ruso. Sin embargo, las sanciones rusas contra la convulsa economía turca y el abortado golpe turco del pasado julio empujaron a Erdogan de vuelta a los brazos de Putin, y los dos hombres fuertes limaron asperezas durante una cumbre bilateral celebrada el pasado verano en San Petersburgo.

La firma turca de la Declaración de Moscú, que habla de garantizar la “soberanía, independencia, unidad e integridad territorial” de Siria, representa el abandono de su política de promover un cambio de régimen en el país vecino. La convergencia de Ankara con las posturas rusa e iraní continuó en la cumbre de Astaná, donde las partes anunciaron un mecanismo trilateral de control y aplicación del alto el fuego en Siria. Que la cumbre se celebrara en Astaná fue un intento deliberado ruso-iraní de minar las negociaciones sobre Siria lideradas por Occidente en Génova.

En el Foro Económico Mundial de Davos, celebrado la semana anterior, el viceprimer ministro turco, Mehmet Simsek, reiteró el giro de 180 grados de su Gobierno afirmando que Ankara “ya no puede seguir insistiendo en alcanzar un acuerdo en Siria que no incluya a Asad”. Estas declaraciones no sentaron bien entre la bases islamistas del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), y la oficina de Simsek lo desmintió diciendo que una agencia de noticias rusa había tergiversado sus palabras. Poco después, sin embargo, surgió un vídeo de la intervención del ministro que confirmaba dichas declaraciones.

El giro de Turquía hacia Rusia e Irán, y el subsiguiente cambio de rumbo en su política sobre Siria, surge de dos acontecimientos interrelacionados. El apoyo de Erdogan a proxies yihadistas en Siria ha tenido un efecto rebote en su país, ya que en el verano de 2015 Turquía se convirtió en objetivo de la violencia yihadista. Las autoridades turcas también asistido a la expansión, en los territorios bajo control kurdo del norte de Siria, del Partido de la Unión Democrática (PYD), vinculado al Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), considerado organización terrorista por Ankara y Washington. Para Turquía, la posibilidad de una entidad administrada por el PYD en la frontera del país representa una amenaza existencial contra su seguridad nacional.

EEUU y la OTAN deben atender las preocupaciones de Turquía en materia de seguridad, y también recordarle sus responsabilidades como aliado. De lo contrario, se estará ayudando a Moscú y a Teherán a alterar los términos del debate sobre Siria, y a acercar aún más a Turquía, país miembro de la OTAN desde hace décadas, a esa órbita antioccidental.

© Versión original (en inglés): Foundation for Defense of Democracies (FDD)
© Versión en español: Revista El Medio