Contextos

Los centros de exterminio de Bashar al Asad

Por Pablo Molina 

Pantallazo del vídeo de Amnistía Internacional
"En un informe de Amnistía Internacional (AI) hecho público esta semana se acusa al régimen de Asad de convertir las cárceles en verdaderos centros de exterminio, en los que se estaría ahorcando a miles de prisioneros sin la menor garantía legal"

La guerra de Siria es escenario de sangrientas matanzas que en ocasiones son provocadas por la utilización de armamento prohibido, según denuncias de organizaciones de derechos humanos confirmadas posteriormente por informes de organismos internacionales. El Ejército de Bashar al Asad ha empleado gases venenosos en sus ataques a las zonas dominadas por los rebeldes; pero lo que viene ocurriendo a lo largo de estos seis años de conflicto en las zonas controladas por la dictadura baazista no difiere en exceso, en términos de crueldad, de lo que sucede en los campos de batalla.

En un informe de Amnistía Internacional (AI) hecho público esta semana se acusa al régimen de Asad de convertir las cárceles en verdaderos centros de exterminio, en los que se estaría ahorcando a miles de prisioneros sin la menor garantía legal. El documento, titulado “El matadero humano: ahorcamientos masivos y exterminio en la prisión de Saydnaya”, recoge datos y testimonios referidos precisamente a ese centro de internamiento, situado al norte de la capital siria, donde se habrían llevado a cabo miles de ejecuciones extrajudiciales y se practicaría cotidianamente todo tipo de torturas, a cuál más inhumana.

La información recopilada por AI se basa en una investigación iniciada a finales de 2015, en el transcurso de la cual se ha entrevistado a 84 personas. Entre ellas había reclusos que consiguieron salir con vida de Saydnaya, pero también exguardias y funcionarios de la prisión, así como jueces y abogados, conocedores de primera mano de lo que ocurre en esa penitenciaría. Según los cálculos de AI, desde el inicio de la guerra y hasta 2015 se habrían producido 13.000 ejecuciones de opositores sólo en esa prisión. Las ejecuciones han venido siendo una práctica habitual en Saydnaya:

Todas las semanas –y a menudo dos veces a la semana– se ahorcaba a las víctimas en grupos de 50, de madrugada y en total secreto. Hay razones de peso para creer que esta rutina sigue produciéndose. Por otra parte, un gran número de reclusos ha muerto como consecuencia de las políticas de exterminio de las autoridades, que incluyen las torturas reiteradas y la privación sistemática de alimentos, agua, medicinas y atención médica. Además, los presos de Saydnaya deben obedecer una serie de normas sádicas y deshumanizadoras.

El único trámite judicial previo a la ejecución de los detenidos es, según el informe, una comparecencia de un par de minutos ante un oscuro Tribunal Militar de Campaña que se limita a ordenar la muerte del recluso sin atender a sus declaraciones y, por supuesto, sin que éste reciba asistencia jurídica para poder esbozar siquiera algo parecido a una defensa.

Antes de ser ahorcados, los prisioneros de Saydnaya son sometidos, según AI, a todo tipo de cruentas torturas:

Muchos de los presos declararon que habían sido violados y, en algunos casos, obligados a violar a otros reclusos. La tortura y las palizas se emplean habitualmente como forma de castigo y degradación, y a menudo causan lesiones permanentes, incapacidad e incluso la muerte. El suelo de las celdas está cubierto de sangre y pus de las heridas de los presos. Los guardias de la prisión recogen los cuerpos de los reclusos muertos cada mañana, hacia las 9.

Según Nader, ex preso de Saydnaya, son muchos los que mueren antes de que se dicte su orden de ejecución:

Todos los días había uno o dos muertos en nuestro pabellón (…) Recuerdo que el guardia nos preguntaba cuántos [muertos] teníamos. Decía: ‘Sala número 1, ¿cuántos? Sala número 2, ¿cuántos?’, y así sucesivamente (…) En una ocasión (…) llegaron los guardias, sala por sala, y nos pegaron en la cabeza, el pecho y el cuello. Ese día murieron 13 personas en nuestro pabellón.

Lynn Maaluf, directora adjunta del informe, cree que los hallazgos recogidos en este documento han de tener consecuencias en la manera de abordar el conflicto sirio por parte de las principales instituciones internacionales:

Las conversaciones de paz sobre Siria que se celebrarán próximamente en Ginebra no pueden ignorar estos hallazgos. Hay que incluir en el orden del día el que se acabe con estas atrocidades en las prisiones del Gobierno sirio. La ONU debe realizar inmediatamente una investigación independiente sobre los crímenes que se están cometiendo en Saydnaya y exigir el acceso de observadores independientes a todos los centros de reclusión.