Contextos

Los cálculos de Rusia en Siria

Por Mohamed Shnety 

Vladímir Putin, presidente de Rusia.
"Rusia quiere desempeñar el papel de mediador de paz y poder así salvar a su aliado de Damasco. Además, intenta demostrarle a Occidente que no está obstaculizando una solución política en Siria, sino que está buscando activamente la reconciliación"

La primera ronda de conversaciones de paz en Moscú entre los representantes del régimen de Bashar al Asad y los de la oposición Siria concluyó la última semana de enero sin que hubiera sorpresas. Ambas partes acordaron celebrar una segunda ronda, con la esperanza de hallar una solución a la crisis siria, aunque no se concretó ninguna fecha para ello. Buena parte de los opositores que instan a una solución política y al diálogo (como Moaz al Jatib, expresidente de la Coalición Nacional Siria) se negaron a participar; criticaban la iniciativa promovida por Rusia debido a su falta de visión y a la ausencia de ideas claras para poner fin a la guerra civil y detener la expansión del Estado Islámico de Irak y el Levante. Así, la Coalición Nacional Siria y otras facciones de la oposición se negaron a participar, mostrando con ello su falta de confianza tanto en Rusia como en el régimen sirio. Así que la pregunta es: ¿por qué Rusia tomó la iniciativa de organizar estas conversaciones de paz?

Rusia quiere desempeñar el papel de mediador de paz y poder así salvar a su aliado de Damasco. Además, intenta demostrarle a Occidente que no está obstaculizando una solución política en Siria, sino que está buscando activamente la reconciliación. El presidente ruso, Vladímir Putin, trata de lograr para su país un papel mediador similar al de Estados Unidos en el conflicto palestino-israelí. Asegurar una solución política le permitiría a Moscú poder forjar una alianza entre antiguos enemigos –el régimen y la oposición– y priorizar la lucha contra amenaza terrorista procedente de Siria.

El actual conflicto sirio ha sido descrito de muchas formas: levantamiento, revolución, guerra civil y, por último, guerra de peones entre poderes regionales y locales. Para Rusia, Siria es de una importancia fundamental: alberga su única base militar fuera de la antigua Unión Soviética. Como consecuencia de ello, la actuación del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas respecto a Siria ha sido muy escasa, gracias a los vetos ruso y chino, lo que ha obligado a Occidente a quedarse de brazos cruzados pese a las numerosas señales de que el régimen sirio está aterrorizando a su propio pueblo. Además, hay fuertes indicios de que la financiación de países árabes y no árabes a diversos grupos rebeldes sirios ha resultado ineficaz. Y, dado el declive sirio, desde entonces muchos de esos rebeldes se han radicalizado.

Pero Moscú es consciente de que la revolución siria ha dejado de ser una causa gloriosa. Sabe que ahora está inmerso en el caos, junto al régimen de Asad y a Irán, en un país en el que las tensiones sectarias han alcanzado el punto álgido y que es terreno fértil para el extremismo y el radicalismo. Por tanto, está tratando de presentarse como el anhelado mediador y como un líder de la guerra contra el terrorismo. En la misma línea que el régimen de Damasco, que facilitó la expansión del Estado Islámico y que ahora se está ofreciendo a colaborar con Occidente en la lucha contra el extremismo, Rusia considera que las conversaciones de paz son un medio de recuperar legitimidad, sobre todo tras su invasión de Crimea y de la imposición de sanciones internacionales.

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