Contextos

Los ayatolás no bailan el 'Happy'

Por Pablo Molina 

Hasán Ruhaní, presidente de Irán.
"Las autoridades iraníes, de hecho, no tienen nada en contra de la felicidad, siempre que obedezca a motivos aceptados por los ayatolás. Se puede celebrar por todo lo alto la ejecución de un homosexual, el encarcelamiento de un periodista o la victoria sobre Occidente del equipo negociador iraní tras la firma de un acuerdo que preserva los subterfugios con los que Teherán pretende avanzar en el programa nuclear, pues la virtuosa policía seguramente no considerará necesario intervenir"

La prueba de que el tema ‘Happy’ es seguramente el éxito musical más rotundo de la última década a escala mundial es que está siendo celebrado hasta en países donde este tipo de efusiones pueden llevar a sus protagonistas a la cárcel. Es lo que les ha ocurrido a seis jóvenes iraníes, tres chicos y tres chicas, que grabaron un vídeo con un teléfono móvil en el que se les veía bailar por lugares públicos al ritmo de esa canción. Ellas, además, lo hicieron sin el preceptivo velo islámico, una prenda cuya ausencia del rostro femenino en lugares públicos es considerado un “atentado contra la castidad”, según explicó el comandante Hosein Yasedinia, de la policía religiosa de Teherán, al que se le atribuye el éxito de la detención de estos seis peligrosos jóvenes en un tiempo récord: fueron identificados en dos horas y llevados al calabozo en menos de seis. Si eso no es una plusmarca, incluso para el triunfante cuerpo policial iraní encargado de la prevención del vicio y la promoción de la virtud, debe de estar muy cerca.

Tras conocerse la detención de los seis jóvenes se puso en marcha en las redes sociales una campaña para su liberación. En el caso de Twitter, miles de personas de todo el mundo exigieron bajo la consigna #freehappyiranians la puesta en libertad de los seis detenidos. El autor de la canción, Pharrell Williams, escribió en su cuenta de la red social: “Es más que triste que estos chicos sean arrestados por intentar difundir la felicidad”. Algo similar parece opinar el propio presidente iraní, quien escribió el pasado miércoles la suya: “No debemos ser demasiado duros con los comportamientos causados por la alegría”. Sin embargo, las expresiones de felicidad no tienen nada que ver con los motivos por los que se llevó a la cárcel a seis jóvenes inocentes. Es el rechazo expreso a las imposiciones autoritarias del régimen mostrado en ese video lo que ha llevado a sus protagonistas a prisión, sin que sus efusiones emocionales tengan la menor relevancia.

Las autoridades iraníes, de hecho, no tienen nada en contra de la felicidad, siempre que obedezca a motivos aceptados por los ayatolás. Se puede celebrar por todo lo alto la ejecución de un homosexual, el encarcelamiento de un periodista o la victoria sobre Occidente del equipo negociador iraní tras la firma de un acuerdo que preserva los subterfugios con los que Teherán pretende avanzar en el programa nuclear, pues la virtuosa policía seguramente no considerará necesario intervenir. El problema es ser feliz al modo occidental y demostrarlo palmariamente; en el caso de la mujer, a través de la vestimenta. Pero sobre esto, que es la verdadera clave de todo el asunto, ni el famoso cantante norteamericano ni el presidente Ruhaní han considerado oportuno decir una palabra.

Ruhaní pasa por ser el presidente moderado que el pueblo iraní estaba esperando luego del mandato del iracundo Ahmadineyad, que tantos problemas originó al país por su política agresiva contra las potencias occidentales. El aperturista Ruhaní tiene una cuenta de Twitter con casi 200.000 seguidores, e incluso el líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, está también presente en la red. El presidente, citado por la agencia oficial IRNA, asegura: “Debemos reconocer el derecho de nuestros ciudadanos a conectarse a internet”, para así confirmar que él no es como su antecesor y que Irán ha entrado en la modernidad. Sin embargo, el acceso a Twitter, Facebook y Youtube está bloqueado para la mayoría de los iraníes, algo sobre lo que Ruhaní tampoco suele opinar, a pesar de que, si es cierto que los ciudadanos tienen derecho a conectarse a internet, nadie mejor que el presidente del país para garantizarles ese ejercicio. Lo mismo cabe decir sobre la represión a los internautas que se atreven a discrepar del régimen, otro exceso que el moderado Ruhaní parece, si no impulsar, al menos sí aceptar con naturalidad; que se lo pregunten si no a Arash Moghadam Aslani, condenado el pasado enero a ocho años de cárcel por criticar al Gobierno en su perfil de Facebook.

La excarcelación de los jóvenes iraníes detenidos por grabar y difundir un vídeo bailando una canción occidental de moda no es un éxito de la movilización de las redes sociales en defensa de la libertad. Es más bien la última demostración de que el régimen iraní piensa seguir actuando como siempre lo ha hecho contra cualquiera que se atreva a socavar su autoridad. La prueba es que los seis están en la calle no porque el Gobierno del moderado Ruhaní haya reconocido su error, sino porque se han arrepentido de su delito y han pedido públicamente perdón.