Revista de Prensa

Los atentados silenciados de Pakistán

 

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Agus Morales explica en la revista 5W las claves de la violencia terrorista que sufre Pakistán y que ayer dejó 69 muertos en un ataque suicida perpetrado en un parque infantil repleto de cristianos que festejaban la Pascua.

El punto de inflexión fue el asalto a la Mezquita Roja de Islamabad, ordenado por el dictador Pervez Musharraf en 2007. Después vino el asesinato de la ex primera ministra Benazir Bhutto, y el caos. Ese año hubo 1.503 ataques y 3.448 muertos. En 2008, 2.577 ataques y 7.997 muertos. En 2009 el terrorismo tocó techo: 3.816 ataques y 12.632 muertos. Eso supone una media de más de diez atentados y 34 muertos al día. Muchos más muertos que en Afganistán. Un Bruselas cada día.

(…) a ningún analista se le escapa que la guerra afgana es la que marca el ritmo. La invasión estadounidense después del 11-S propició un exilio talibán al vecino Pakistán. Desde entonces, la semilla yihadista no ha hecho más que crecer, en un terreno ya fértil: el que vio nacer a los muyahidines en la década de 1980, aquellos que lucharon contra la invasión soviética con el apoyo financiero de los servicios secretos estadounidenses y saudíes.

Tras la salida de las tropas internacionales de Afganistán, la violencia repuntó en el país, a la vez que remitía, discretamente, en Pakistán. Un ciclo de violencia que se transforma y se reproduce. Son demasiados años de guerra, yihadismo, intereses geoestratégicos y partidas de ajedrez en el tablero de Asia Central.

La paz está lejos.

Por su parte, el conocido bloguero español Elentir denuncia aquí el “vergonzoso ocultamiento” de la matanza anticristiana de ayer en la prensa de su país.

Walter Russell Mead analiza en The American Interest los recientes movimientos estratégicos de Rusia en el tablero de Oriente Medio y especula con el siguiente objetivo del presidente ruso: la subida del precio del petróleo.

Putin tiene ahora varias cartas para jugar con los saudíes. Básicamente, si le ayudan en el precio del petróleo, podría ofrecerles algunas contrapartidas en Siria. Quién sabe, si el precio es correcto, podría poner un puente aéreo a Asad hacia una bonita villa en las playas de Crimea. De hecho, Putin no tiene interés en promover las ambiciones regionales de Irán más allá de cierto punto, por lo que podría muy bien explorar –de hecho puede que ya lo esté haciendo– la posibilidad de algún tipo de entendimiento con Riad. Los saudíes, viendo a Donald Trump y a Barack Obama, no pueden pensar que EEUU es una buena apuesta y tampoco están conformes con sus resultados en Yemen hasta la fecha. Deben creer que hay peores cosas que cerrar un acuerdo con Putin.

Evelyn Gordon analiza las semejanzas entre el aspirante a hacerse con la candidatura republicana a la presidencia de EEUU Ted Cruz y el actual primer ministro israelí. Ambos comparten el defecto de ser personas con las que resulta difícil trabajar (la nómina de excolaboradores que han abandonado a Netanyahu es impresionante), pero a cambio tienen claras las prioridades de sus países en materias importantes como la seguridad.

(…) si los americanos quieren una revolución, Cruz probablemente no va a poder ofrecérsela; su carencia de inteligencia emocional prácticamente impedirá la introducción de grandes reformas. Pero, como ha demostrado Netanyahu, alguien con pésimas habilidades interpersonales puede sin embargo hacer un gran trabajo en el manejo de la nave del Estado, manteniendo el país a salvo, evitando mayores desastres y haciendo modestas mejoras a lo largo del tiempo. A mi juicio, eso es infinitamente mejor de lo que América ha tenido durante estos últimos siete años y de lo que probablemente tendrá en el futuro con Hillary Clinton o Donald Trump.

Salim al Yuburi, presidente del Parlamento de Irak, firma en The New York Times un artículo en el que aboga por utilizar las enseñanzas de la conquista de Ramadi en el asalto a Mosul. Se trata de evitar las venganzas de las milicias chiíes, algo que ha venido siendo habitual cada vez que se ha arrebatado territorio al Estado Islámico.

Irak está en una encrucijada. Podemos volver a la estrategia ya fracasada y permitir a las milicias sectarias que combatan al Estado islámico y, a continuación, cometan atrocidades contra los civiles o podemos tomar como modelo el éxito de Ramadi.

Si emprendemos la liberación de Mosul, la segunda mayor ciudad de Irak, nos enfrentamos a una difícil elección. Mosul tiene más de un millón de habitantes, la mayoría de los cuales son suníes. Si damos rienda libre a las milicias sectarias, habrá una crisis humanitaria y de refugiados de proporciones incomparables. Los civiles huirán del caos y del derramamiento de sangre creado por los terroristas y las milicias y se dirigirán al norte, hacia Turquía (y los países de la Unión Europea). La comunidad internacional puede que no sea capaz de contener un éxodo a tan gran escala.

(…)

Creemos firmemente que el proceso de reconciliación de Irak está basado en tres prioridades: la liberación de nuestra tierra del Estado Islámico, la reconstrucción y la reconciliación nacional. Ramadi nos ha mostrado cuál es el camino correcto. Depende de nosotros escogerlo.