Revista de Prensa

Los árabes están hartos de los palestinos

 

Bandera de Palestina.

Eso es lo que sostiene el profesor israelí Mordejai Kedar, experto en el mundo árabe, que da cuenta de los motivos que habrían generado tal estado de cosas.

El sentimiento negativo no reconocido más importante en relación con los árabes palestinos es que ellos mismos son responsables de todo el sufrimiento recibido de manos de Israel. Incluso antes de 1948 (cuando Israel declaró su estadidad), perdieron las batallas que supuestamente les iban a librar de los sionistas. ¿Por qué? Pues porque no estaban unidos, estaban desorganizados, muchos de ellos no participaron en la lucha y algunos incluso cooperaron con los sionistas.

El segundo sentimiento negativo se basa en el hecho bien conocido de que muchos de esos árabes palestinos vendieron sus tierras a los judíos antes de 1948 y siguieron haciéndolo después, incluso terrenos en Judea y Samaria tras la ‘ocupación’ [israelí] de esas áreas en la Guerra de los Seis Días, en junio de 1967. Árabes palestinos vendieron tierras a judíos a cambio de miles de millones, sacaron el dinero del país, algunos depositaron sus riquezas en cuentas numeradas de la banca suiza, y ahora pretenden que el mundo árabe libere para ellos sus “tierras robadas”.

(…)

Y lo peor de todo es la sensación en el mundo árabe de que los palestinos prefieren seguir bajo la ‘ocupación’ de Israel, porque tienen mucho más que ganar, especialmente en lo económico, si [el Estado judío] sigue existiendo.

En resumen, la imagen palestina en los medios árabes ha caído hasta un nivel increíble y sin precedentes. Hoy en día no hay un solo país árabe dispuesto a arriesgarse a luchar [por los palestinos]. Y no sería extraño que algunos (Marruecos, Túnez y Emiratos, por ejemplo) reconocieran a Israel en el futuro, haya o no un acuerdo negociado con los palestinos.

Los líderes palestinos han lanzado toda clase de amenazas en caso de que se produzca la reubicación de la sede diplomática estadounidense. La Autoridad Palestina advierte incluso de que se producirán levantamientos en los países árabes. Sin embargo, Pinjas Inbari, del Jerusalem Center for Public Affairs, cree que los palestinos no van a poder movilizar al mundo árabe con ese pretexto.

[En cuanto al apoyo de los regímenes árabes a Abás, el jefe negociador de la Autoridad Palestina, Saeb] Erekat[,] dijo en una entrevista: “Con todo respeto a las capitales árabes, Jerusalén es más importante que todas ellas juntas”. Es difícil creer que algún país árabe se haya tomado a la ligera esta afrenta (…) De hecho, hay informes de que Jordania pidió a los palestinos que evitaran el lenguaje de las amenazas [en relación con el traslado de la embajada norteamericana] (…)

Aumentar la importancia de Jerusalén puede también poner de los nervios a Arabia Saudí (…) dado que los saudíes están ansiosos por preservar el sagrado estatus supremo de La Meca (…) Los saudíes no pueden tolerar la rivalidad con Jerusalén (…) Los movimientos terroristas salafistas, como el Estado Islámico, no han hecho aún ninguna referencia a Jerusalén. Incluso circularon folletos en Jerusalén Oriental que explícitamente se dirigían contra los cristianos, sin una sola palabra sobre Jerusalén o la importancia de Al Aqsa. (…)

Y por lo que se refiere a Jordania, (…) se conformaría con preservar su estatus [como protector de los lugares sagrados islámicos en el Monte del Templo] y no tiene interés en intentar detener a América en lo relacionado con el traslado de la embajada mientras se ubique en Jerusalén Occidental.

El analista israelí Dror Eydar cree que la presidencia de Donald Trump puede contribuir a eliminar la falsa creencia de que los denominados “asentamientos” israelíes son ilegales y un obstáculo para la paz con los palestinos.

Los asentamientos no son un obstáculo para la paz. La declaración [de la nueva Administración estadounidense] de que “la construcción de nuevos asentamientos o la expansión de los existentes más allá de los límites actuales puede que no ayude a alcanzar ese objetivo” suena a hablar de boquilla. Compárese con las fieras e inequívocas condenas de la Administración anterior. Además, suena como que la construcción en los asentamientos existentes es totalmente aceptable. Los límites de los asentamientos están esbozados y tienen capacidad para acomodar a un millón adicional de judíos.

El profesor Eugene Kontorovich, experto en legislación internacional, dijo que la declaración de la Casa Blanca marca “un profundo cambio de política, (…) EEUU acepta ampliamente toda construcción dentro de los asentamientos, incluidos los situados fuera de los ‘bloques’. (…)

(…) Donald Trump puede que se inscriba en la historia de nuestro pueblo con grandes letras doradas como el que, en un momento histórico crítico, ayudó al retorno a Sión; sin embargo, el futuro de los asentamientos no depende de EEUU ni del mundo, sino de nosotros mismos:  de nuestra determinación, nuestro dominio del territorio y la conciencia reforzada de nuestro simple y natural derecho a nuestra tierra.