Contextos

Lo que verdaderamente molesta a los árabes de los judíos

Por Fred Marún 

Bandera de Israel en llamas.
"Cuando examinamos nuestra actitud hacia los judíos, tanto a lo largo de la historia como en el presente, comprobamos que consiste en negarles el derecho humano más fundamental, el derecho sin el cual ningún otro tiene relevancia: el derecho a existir""Queremos que los judíos desaparezcan o que se sometan a nuestros dictados, pero los judíos se niegan a ser doblegados por nuestra intolerancia y a dejarse arrastrar por nuestras amenazas y calumnias. ¿Quién en su sano juicio podría culparles por ello?"

Los árabes somos expertos en exigir que se respeten nuestros derechos humanos, al menos cuando vivimos en democracias liberales como Norteamérica, Europa e Israel. Pero ¿qué ocurre cuando se trata de respetar los derechos humanos de otros, particularmente los de los judíos?

Cuando examinamos nuestra actitud hacia los judíos, tanto a lo largo de la historia como en el presente, comprobamos que consiste en negarles el derecho humano más fundamental, el derecho sin el cual ningún otro tiene relevancia: el derecho a existir.

El derecho a existir en Oriente Medio antes de 1948

Los antisionistas suelen repetir la especie de que antes del Israel moderno los judíos podían vivir en paz en Oriente Medio, y que fue el establecimiento de aquél lo que generó la hostilidad hacia los judíos. Es mentira.

Como refirió el historiador Martin Gilbert, antes del Israel moderno “los judíos tenían el estatus inferior de dhimmíes, que, pese a que les daba protección a la hora de practicar su fe, les imponía numerosas restricciones vejatorias y humillantes en su vida cotidiana”. Otro historiador, G. E. von Grunebaum, escribió que los judíos de Oriente Medio soportaron “una larga lista de persecuciones, expropiaciones arbitrarias, intentos de conversiones forzosas y pogromos”.

El derecho a existir como Estado independiente

El sionismo surgió de la necesidad de los judíos de ser dueños de su propio destino; de no seguir siendo víctimas de discriminación y masacres por el mero hecho de ser judíos. Ese proyecto fue aceptado y reconocido oficialmente por los británicos, a quienes la Sociedad de Naciones confirió un mandato sobre Palestina. Sin embargo, el mundo árabe nunca aceptó el reconocimiento formulado por Gran Bretaña en la Declaración Balfour de 1917, ni el plan de partición aprobado por Naciones Unidas en 1947, que reconocía el derecho de los judíos a un Estado propio.

La negativa de los árabes a aceptar el derecho a existir del Estado judío, que tiene más peso jurídico internacional que el de casi cualquier otro país, dio lugar a varias guerras, empezando por la de independencia de 1948-1949. El mundo árabe sigue hoy sin aceptar la idea de un Estado judío de cualquier tamaño o forma. Ni siquiera Egipto y Jordania, que han firmado acuerdos de paz con Israel, aceptan a éste como Estado judío, y siguen promoviendo el odio antisemita contra él.

El derecho a existir en Gaza, la Margen Occidental y Jerusalén Este

En 2005 Israel evacuó a todas sus tropas y habitantes judíos de Gaza, con la esperanza de que eso trajera la paz al menos en ese frente y permitiera a la Franja, ya vaciada de judíos, ser una floreciente Riviera árabe, o un segundo Singapur, y tal vez servir como modelo para la Margen Occidental. El experimento fracasó estrepitosamente. Este es un ejemplo de renuncia voluntaria de los judíos a su derecho a existir en una parte del territorio; pero, lamentablemente, los palestinos de Gaza no lo tomaron como una oportunidad para la paz, sino como una señal de que, si sigues disparando contra los judíos, se marcharán. Sigamos disparando, pues.

Hay muchas posiciones entre los sionistas sobre qué hacer con la Margen, que van desde la retirada total y unilateral, como en Gaza, a la completa anexión, con numerosas opciones intermedias. Por el momento prevalece la defensa del statu quo, sin planes específicos para el futuro.

Sea como fuere, todo el mundo sabe, a pesar de la engañosa reescritura que ha hecho Unesco de la historia, que antes de que ese trozo de tierra se llamara Margen Occidental se llamó Judea y Samaria durante más de dos mil años. Todo el mundo sabe que en Hebrón se encuentra el lugar tradicional de sepultura de los patriarcas y matriarcas bíblicos, la Cueva de los Patriarcas, considerado el segundo lugar más sagrado para el judaísmo. Cualquier persona razonable sabe que los judíos deberían tener indiscutiblemente el derecho a existir ahí, aunque fuese bajo jurisdicción árabe o musulmana. Sin embargo, igualmente todo el mundo sabe que ningún régimen árabe es capaz o tiene siquiera la voluntad de proteger la integridad de los judíos que viven bajo su jurisdicción frente al odio antisemita que emana del mundo árabe.

Jerusalén Este, que fue capturada por el rey de Jordania y separada del resto de Jerusalén durante la guerra de independencia de Israel, forma parte de Jerusalén y comprende el Monte del Templo, el lugar más sagrado de los judíos. La Ciudad Vieja de Jerusalén estuvo habitada por judíos hasta la limpieza étnica de la guerra de 1948-1949.

Aunque en el pasado Israel ha ofrecido dos veces –primero con el primer ministro Ehud Barak y después con el primer ministro Ehud Olmert– Jerusalén Este como parte de un Estado palestino, es muy probable que no vuelva a hacer esa oferta. Los judíos saben que eso significaría una nueva ola de limpieza étnica, que negaría a los judíos el derecho a existir precisamente donde es más importante.

El derecho a existir en el Oriente Medio de hoy

Durante la guerra de independencia de Israel, los judíos fueron objeto de limpieza étnica en Gaza, la Margen Occidental y Jerusalén Este, y en los años siguientes en el resto del mundo árabe.

Hoy, los enemigos de Israel, muchos de ellos árabes, están desafiando su derecho a existir, y por lo tanto el derecho de los judíos a existir, en dos frentes, que se traducen en la amenaza de aniquilación nuclear y la aniquilación mediante el desborde demográfico.

El régimen islamista de Irán ha reiterado su intención de destruir Israel utilizando armas nucleares. Si no tiene éxito, el sedicente movimiento “propalestino”, que incluye al movimiento Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS), tiene un plan distinto para destruir al Estado judío, que pasa por la conformación de un Estado único con el retorno de todos los descendientes de los refugiados palestinos. La negativa del presidente palestino, Mahmud Abás, y de su predecesor, Yaser Arafat, a aceptar cualquier solución de dos Estados parte de ese plan.

El derecho a existir en cualquier otra parte

Los antisionistas afirman que los judíos son imperialistas en Oriente Medio, como lo fueron los británicos y los franceses, y que, como ellos, deberían marcharse y volver a donde pertenecen. Esta analogía es, por supuesto, falsa: la historia de los judíos en Oriente Medio es incluso más antigua que la de los musulmanes y los árabes.

¿Pertenecen los judíos a Europa, que intentó hace solo unas décadas matar a cualquier hombre, mujer o niño judío? ¿Pertenecen los judíos a Norteamérica, donde hasta hace unos pocos cientos de años no había europeos, sino tan solo indios?

Decir que los judíos pertenecen a dichos lugares no se corresponde con la realidad; es solo una afirmación interesada al servicio de los antisionistas.

Los judíos no se rendirán

Como árabes, denunciamos que los palestinos se sientan humillados en los controles fronterizos israelíes. Nos quejamos de que Israel construya en la Margen Occidental sin autorización palestina, y de que ose defenderse contra los terroristas palestinos. Pero ¿cuántos de nosotros nos hemos parado a pensar en cómo hemos llegado a esta situación? ¿Cuántos de nosotros tenemos el valor de admitir que librar una guerra tras otra contra los judíos con el fin de negarles el derecho a existir, y rechazar cualquier solución razonable al conflicto, ha dado lugar a la situación actual?

Nuestro mensaje a los judíos, a lo largo de la historia y en particular cuando han cometido la temeridad de querer gobernarse a sí mismos, ha sido claro: no podemos tolerar vuestra existencia.

Sin embargo, los judíos exigen su derecho a existir, y a existir como iguales en el territorio donde han existido y al que han pertenecido durante más de tres mil años.

Negar a un pueblo el derecho a existir es un crimen de proporciones inimaginables. Nosotros, los árabes, pretendemos hacer creer que nuestra falta de respeto por el derecho de los judíos a existir no es la causa de nuestro conflicto con los judíos. En su lugar, afirmamos que el conflicto tiene que ver con la “ocupación” y los “asentamientos”. Los judíos ven lo que los islamistas radicales están haciendo ahora con los cristianos y otras minorías también presentes en Oriente Medio durante miles de años, antes incluso de que naciera el profeta musulmán Mahoma: yazidíes, kurdos, etc. ¿Dónde están ahora estos pueblos nativos de Irak, Siria y Egipto? ¿Viven en libertad? ¿O están siendo perseguidos y ejecutados en su propio solar histórico, asesinados por los islamistas? Los judíos saben que esto es lo que les pasaría a si no tuviesen su propio Estado.

La verdadera queja que tienen los árabes con respecto a los judíos es que su mera existencia. Queremos que los judíos desaparezcan o que se sometan a nuestros dictados, pero los judíos se niegan a ser doblegados por nuestra intolerancia y a dejarse arrastrar por nuestras amenazas y calumnias.

¿Quién en su sano juicio podría culparles por ello?

© Versión original (en inglés): Gatestone Institute
© Versión en español: Revista El Medio