Revista de Prensa

Lo que Trump no dijo y debió decir en Riad

 

Donald Trump. presidente de EEUU

Elliott Abrams, del Council on Foreign Relations, celebra algunas afirmaciones del presidente estadounidense durante su reciente visita a Arabia Saudí. Sin embargo, sostiene que se quedaron en el tintero algunas cuestiones de gran importancia.

Por dos veces, Trump se refirió al terrorismo islamista y al extremismo como una “ideología”, sugiriendo que lo entiende como un sistema de creencias; pero parecía argumentar que la sola acción militar los derrotaría. No lo hará: el extremismo islamista es una idea peligrosa y no será derrotada únicamente con acciones militares. (…) El enfoque militarista de Trump funcionaría si los terroristas hubieran caído del cielo como las criaturas de una película de invasiones alienígenas. Pero los terroristas no caen del cielo; en realidad, emergen de las sociedades a cuyos líderes se estaba dirigiendo [Trump] en esos momentos.

(…)

Aunque con razón, Trump también se mantuvo alejado del hecho embarazoso de que el islam wahabita de Arabia Saudí es cuando menos una droga que actúa como puerta de entrada al extremismo. En todo el mundo, el dinero saudí se está utilizando para suprimir las formas indígenas del islam. Predicadores, mezquitas y escuelas saudíes enseñan que las versiones locales y moderadas del islam son impuras y tienen que ser reemplazadas por la única versión verdadera: la saudí wahabita. Pero esa versión del islam amenaza a los no creyentes con su desprecio y a menudo con odio, oprime a las mujeres y se opone a la democracia. Habría sido poco educado y de hecho necio por parte de Trump decir esto en público como invitado en Arabia Saudí, pero espero que lo dijera en privado. 

En Israel Hayom, el profesor Abraham Ben-Zvi considera que la visita de Trump a la región supondrá un giro estratégico fundamental, cuyas dimensiones se apreciarán cuando los ecos de este importante viaje se desvanezcan.

No cabe duda de que el eje moderado suní, liderado por Arabia Saudí y Egipto, y que Obama sacrificó en el altar del acuerdo con Irán, está ansioso por expandir y profundizar su colaboración estratégica con la Administración Trump.

Este giro proporciona a la Casa Blanca nuevos puntos de influencia [sobre] este eje, que se siente amenazado por Irán y sus aliados en Oriente Medio. La referencia de Trump a las “razones para la esperanza” tras su visita a Riad indica que esta influencia ya se ha ejercido y que probablemente muy pronto se manifestará explícitamente.

(…) La niebla solo se disipará completamente una vez que [Trump] abandone la región; solo entonces podremos evaluar si ha tenido éxito en motivar a los actores lo suficiente para que hagan borrón y cuenta nueva.

Eyal Zisser, el vicerrector de la Universidad de Tel Aviv, destaca el escaso entusiasmo que la visita de Trump ha despertado en el líder palestino. Para Zisser, la causa de este aparente recelo es clara.

Al contrario que su predecesor, Barack Obama, ni Trump ni sus asesores han sucumbido a los encantos palestinos, y no están mostrando la misma calidez hacia la causa palestina que la anterior Administración. Con Trump las cosas son mucho más simples: el terrorismo es terrorismo, la incitación es incitación y Hamás es un mal tipo al que hay que combatir. No hay paciencia para la negociación estilo bazar de Oriente Medio, donde los palestinos fijan condiciones antes incluso de sentarse a discutir un acuerdo de paz, lo que impide que las conversaciones empiecen siquiera.

(…)

Abás tiene que decidir si quiere seguir jugando, aferrándose a la fútil esperanza de que un día la comunidad internacional, liderada por Washington, fuerce a Israel a aceptar su versión ideal de un acuerdo, o (…) unir sus manos a las de Trump.

Sobre Abás recae un gran eso, pero también sobre Trump, que tiene que poner sus cartas sobre la mesa. O Abás ofrece una alianza y un compromiso auténticos o el presidente dirigirá su atención a otra parte y lo dejará a su suerte.