Contextos

Lo que 'Our Boys' no quiere que sepamos

Por Jonathan S. Tobin 

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"Los amigos de Israel no hacen mal en sentir animadversión hacia la serie. Pese a los méritos artísticos que pueda tener, se recordará sobre todo como una contribución más de la comunidad artística israelí a la doble vara de medir y los prejuicios con que tratan a su país sus verdaderos enemigos"

El brutal asesinato de Mohamed Abu Jdeir a manos de tres extremistas judíos es una historia que merece ser contada. Lo mismo se puede decir del relato sobre la rapidez y la eficacia con que los servicios de seguridad israelíes rastrearon a los asesinos, a los que la Justicia israelí impuso duras condenas.

La serie Our Boys, de HBO, producida por Keshet Media Group, que dirige el Canal 12 de Israel, se centra exclusivamente en el salvaje crimen: el joven árabe palestino de 16 años, residente en el barrio jerosolimitano de Shuafat, fue secuestrado, apalizado y quemado vivo en junio de 2014. 

Comprensiblemente, la serie ha levantado ampollas entre los israelíes. Sin embargo, el problema de Our Boys no es que airee algunos trapos sucios de Israel. Si esa fuese la única crítica sustancial que se le pudiese hacer, el furor que ha desatado –el primer ministro Netanyahu la ha calificado de “antisemita”– no estaría justificado. 

Documentar las transgresiones de unos pocos judíos, así como los diligentes esfuerzos de sus compatriotas para atraparlos y castigarlos, no es ninguna afrenta al pueblo judío. Si se la considerara una mera incursión en el género true crime, se podría juzgar de forma positiva como un documento sobre el referido incidente meticulosamente producido, con un buen trabajo de interpretación por parte de los actores, aunque su ritmo glacial sea problemático. De hecho, esa es la referencia donde se enmarca la mayoría de las objeciones de los críticos estadounidenses.

Otros la considerarán un aporte más de la próspera industria televisiva de Israel, que ha producido éxitos de Netflix como Fauda y Shtisel e inspirado series como Homeland. Pero muchos de los que suelen enorgullecerse de que las series israelíes tengan tanta repercusión no están aplaudiendo Our Boys

La indignación que ha generado no se debe a que muestre a unos asesinos judíos y a una víctima árabe palestina. Es el contexto del que se extrae este deplorable incidente aislado, y las motivaciones políticas, penosamente obvias, de sus productores y guionistas lo que se está cuestionando. En este sentido, el mérito artístico de Our Boys –y su objetivo declarado de rastrear el origen de los crímenes de odio– no puede justificar la agenda manipuladora a la que sirve.

El verano de 2014 fue un momento traumático para los israelíes. En el mes de junio, una célula terrorista de Hamás que operaba en la Margen Occidental secuestró a tres adolescentes israelíes y los asesinó a sangre fría. La búsqueda de 18 días hizo que el Estado judío se uniera para rezar por que volvieran sanos y salvos con sus desconsolados padres. Fue un momento de unidad nacional. El descubrimiento de sus cuerpos fue un impactante recordatorio de la brutalidad de los enemigos de Israel.

En la hora de la venganza, tres judíos violaron no sólo las leyes de Israel, también las de su fe. Decidieron responder a la crueldad con crueldad, secuestraron a un muchacho árabe al azar y lo mataron de un modo que provocó indignación y vergüenza. El servicio de seguridad israelí, el Shin Bet, que no atrapó a los asesinos de los tres israelíes hasta septiembre, los rastreó e hizo todo lo que pudo por eliminar la red terrorista de Hamás que operaba en la Margen Occidental.

Aparentemente segura en su fortaleza de Gaza, y con un arma en su arsenal (los túneles terroristas excavados bajo la frontera) que la mayoría de los israelíes desconocían, Hamás intensificó el conflicto con grandes bombardeos de cohetería contra pueblos y ciudades de Israel. Aunque Netanyahu era reacio a ordenar al Ejército que entrara en Gaza para neutralizar los depósitos de misiles, Hamás –cuyo verdadero objetivo era debilitar el régimen corrupto del líder de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás, en la Margen Occidental– le forzó a ello con sus continuas violaciones del alto el fuego e intentando utilizar los túneles para mandar a escuadrones terroristas a Israel para que secuestraran y asesinaran a más israelíes.

El resultado fueron 50 días de guerra que obligaron a buena parte de la población de Israel a pasarse los días entrando y saliendo a toda prisa de los refugios antiaéreos, mientras los bombardeos amenazaban gran parte del país, incluidas Tel Aviv y Jerusalén. No fue hasta después de una desesperada lucha contra sus terroristas –que utilizaron desvergonzadamente a civiles como escudos humanos–, y de que la Administración Obama presionara a Israel para que se contuviera, que Hamás –que gobierna Gaza como un Estado palestino en todo excepto el nombre– mandó parar.

Así que se puede perdonar a los israelíes si les parece mal que el foco de la única serie de la televisión internacional que intenta representar estos acontecimientos se ponga exclusivamente sobre el asesinato de Mohamed Abu Jdeir.

El sufrimiento de los tres muchachos israelíes que fueron asesinados no interesa a Our Boys, salvo para procurar la incitación al odio hacia los árabes. Hamás también está ausente en el relato. Los palestinos son sólo víctimas oprimidas e impotentes objeto del odio irracional de judíos religiosos mizrajíes como los asesinos del joven Mohamed.

El objetivo de cada episodio es retratar como moralmente equivalentes a las dos partes del conflicto, donde una sociedad no es menos propensa a la violencia colectiva y la intolerancia que la otra.

Eso es cierto en la medida en que todos somos seres humanos merecedores de respeto y capaces de odiar. Pero la serie presenta a la sociedad israelí como si fuese mucho más responsable del manido ciclo de violencia que los mucho menos poderosos palestinos. Our Boys es, como señaló un eufórico escritor en el periódico israelí Haaretz, “una serie descaradamente izquierdista que podría haber sido sacada de las páginas de Haaretz”, es decir, que adopta el tono de hostilidad hacia el Estado judío habitual en la inmensa mayoría de los artículos publicados ahí (Haaretz a veces también publica columnas de opinión de mi autoría). Representa la visión de las élites askenazis de la izquierda israelí y considera que el único tema apto para el debate son los supuestos pecados de Israel.

Aunque los defectos de Israel no se deberían excluir del debate, la izquierda israelí parece pensar que no se debe aludir al odio y la violencia de la cultura política palestina. Así las cosas, mientras Our Boys pinta a los tres asesinos judíos como una especie de producto natural de la sociedad israelí, no dice que fueron vilipendiados por casi todos los israelíes y encerrados en la cárcel (a dos se les condenó a cadena perpetua, y al otro, que tenía la misma edad que su víctima, le cayeron 20 años), los palestinos tratan como héroes a los asesinos de judíos. Incluso les pagan por ello.

De los tres miembros de Hamás que asesinaron a los tres muchachos israelíes, dos murieron cuando se resistieron a ser capturados. El tercero está cumpliendo tres cadenas perpetuas en Israel. Pero las familias de todos ellos están recibiendo generosas pensiones de la supuestamente moderada Autoridad Palestina como recompensa por su vileza.

¿Debería importarnos saber que el asesinato de niños a sangre fría es una aberración para los israelíes y una loable obligación para los palestinos? Si queremos que haya paz alguna vez, debe importarnos. Pero para quienes sólo pretenden arremeter contra Israel y quitar importancia a la violencia palestina contra los judíos, se trata de una información que se debe dejar de lado.

Un retrato de Israel con todos sus defectos e imperfecciones no es intrínsecamente antisemita. Los países libres son capaces de introspección y de debatir abiertamente sobre sus defectos, así como de analizar las motivaciones de quienes perpetran crímenes terribles. Sólo una insignificante porción de la sociedad israelí cree que se puede defender el asesinato de ese muchacho palestino. Que la mayoría de los palestinos y sus regímenes no se limitan a justificar el asesinato de niños israelíes, sino que consideran esos crímenes como actos de heroísmo, es algo que no se puede ignorar. Pero eso es precisamente lo que hace Our Boys, y es esto, no su relato dramatizado de un crimen cometido por israelíes, lo verdaderamente indignante.

Los amigos de Israel no hacen mal en sentir animadversión hacia la serie. Pese a los méritos artísticos que pueda tener, se recordará sobre todo como una contribución más de la comunidad artística israelí a la doble vara de medir y los prejuicios con que tratan a su país sus verdaderos enemigos.

© Versión original (en inglés): JNS
© Versión en español: Revista El Medio