Revista de Prensa

Llanto por el Líbano

 

Bandera del Líbano.

El periodista canadiense Fred Marún escribe una muy apesadumbrada nota sobre su país de origen, al que vaticina un futuro nada promisorio.

Lloro por el Líbano. No sólo por la guerra civil, la invasión siria y las dos guerras contra Israel, todo lo cual ha causado una gran devastación humana y material (…) y llevado a muchos de sus ciudadanos a decenas de países de todo el mundo; también porque está condenado a ver más guerra, sangre, lágrimas y destrucción.

Desde que hay entidades no gubernamentales armadas, el Líbano es inestable. Junto con Israel, (…) es el único país en el vecindario con un sistema político que de alguna manera podría ser considerado democrático. No es perfecto, pero es un buen principio y puede evolucionar con el tiempo. Sin embargo, el país no puede soportar la existencia de grupos armados que tratan de imponer su voluntad mediante la violencia.

(…)

Aunque Hezbolá es un peón de Irán y recibe vasta ayuda militar de Teherán, es asimismo una entidad libanesa, y numerosos libaneses, soldados y mandos militares incluidos, lo apoyan. Hezbolá es un cáncer que está devorando al Líbano; pero, para el Líbano, eliminarlo sería un suicidio.

Lo único que podría llevar a una eliminación pacífica del ala militar de Hezbolá sería la presión sobre Irán. Si Irán dejara de armar a Hezbolá y retirara su apoyo moral [a su brazo armado], es muy probable que Hezbolá acabara cediendo y desarmándose.

Para que esto ocurriera, tendría que producirse un cambio de régimen en Irán o poner una enorme presión sobre Teherán. De una u otra manera, Irán es la clave para que el Líbano pueda gestionar sus asuntos sin violencia, por medio de su imperfecto pero aprovechable sistema político.

No obstante, es improbable que las cosas vayan a ser así. El régimen iraní luce más estable que nunca, debido en gran medida al acuerdo suscrito con Teherán por el presidente Barack Obama y otros países. Pese a las bravatas de Donald Trump ante Naciones Unidas, no hay voluntad política internacional de hacer frente a Irán, especialmente en pro de un pequeño país cuyo bienestar parece no importar a nadie.

(…)

Durante la guerra civil iniciada en 1975, se habló bastante de dividir el Líbano en regiones cristianas, chiíes y suníes. Lamentablemente, no fue así. Eso podría haberlo salvado.

La razón por la que el Líbano es tan fácilmente manipulable por fuerzas externas es que no tiene una fuerte identidad propia. (…)

Los libaneses cristianos y los drusos tienen un fuerte sentido de identidad libanés, pero los musulmanes no. Los chiíes se sienten más próximos a los musulmanes chiíes, especialmente a Irán, que a los demás libaneses, y los suníes se sienten más próximos a los musulmanes suníes, especialmente a Arabia Saudí.

Esto deja el Líbano en una situación miserable, con unas perspectivas aún más miserables. Los que nos preocupamos por el Líbano tenemos un largo lamento de que nadie escucha ni se preocupa. Estamos esperando un milagro que es improbable que se produzca.