Revista de Prensa

Llaman al boicot contra Arabia Saudí

 

Egipto, Turquía y Arabia Saudí, la 'vanguardia suní'.

Asra Nomani recuerda en esta pieza para CNN la angustia de un episodio personal, cuando realizó su peregrinación a La Meca y estuvo a punto de perecer en una de las habituales aglomeraciones masivas. La falta de seguridad, la explotación comercial de la peregrinación anual de los musulmanes y la vulneración de los derechos humanos en el reino son argumentos suficientes, a juicio de la autora, para boicotear al régimen saudí. 

Estoy más segura que nunca de que los musulmanes tienen que boicotear a la industria multimillonaria de la peregrinación anual (…) y a un régimen saudí que explota su papel como “custodio” de las sagradas mezquitas de La Meca y Medina para asegurarse inmunidad moral. Y ello a pesar de la horrible trayectoria en materia de derechos humanos, la negación del voto a las mujeres, las estampidas mortales (…) y la exportación de una interpretación violenta del islam.

Arad Nir explica en este artículo para Al Monitor la complejidad de las relaciones de Ankara con Jerusalén y la utilización electoral de este asunto por parte de Erdogan.

El presidente turco quiere cambiar la Constitución para investirse de más amplios poderes y sus eventuales ataques a Israel cumplen el papel de agitar el voto a su favor en determinadas capas de la sociedad.

Desde el flagrante ataque de Erdogan contra Israel durante la operación ‘Margen Protector’, el presidente turco ha bajado el tono de sus pronunciamientos. Durante la última campaña parlamentaria se abstuvo de atacar a Israel. Como presidente no concurría a dichas elecciones directamente, pero desempeñó un papel muy activo en la campaña, con el deseo de cambiar la Constitución e imbuir la presidencia con poderes ejecutivos. Su Partido Justicia y Desarrollo, de hecho, obtuvo una mayoría en el Parlamento, pero por primera vez no alcanzó la mayoría absoluta y la coalición resultante no puede aprobar el cambio constitucional que pretendía. Erdogan fue derrotado.

Pero no se da por vencido. Después de convocar nuevas elecciones, ha vuelto a su vieja canción. Ha aprovechado la oportunidad de la escalada de violencia en el Monte del Templo para atacar a Israel una vez más. En su reunión del pasado 14 de septiembre con el jefe político de Hamás, Jaled Meshal –que es de nuevo un invitado bienvenido al palacio presidencial de Ankara–, Erdogan dijo que Israel está dañando la santidad de la mezquita de Al Aqsa.

Con la muerte del mulá Omar, confirmada el pasado mes de julio, había cierta incertidumbre sobre el futuro del grupo terrorista. Esta semana se ha confirmado que ahora lo comanda el mulá Ajtar Mansur. Una investigación de la BBC ha sacado a la luz nuevos datos sobre su funcionamiento y fuentes de financiación, algunas bien peculiares.

La mayoría del dinero con que los talibanes logran financiar sus actividades proviene de fuentes como el impuesto de extorsión a los comercios y la protección al suministro de drogas.

Pero no viven unicamente de estas actividades. También el comercio de la miel, el opio –uno de los principales productos de Afganistán– y el narcotráfico.

“Además de aplicar impuestos a los campesinos que cultivan adormidera (parecida a la amapola común), también tienen el cobro de peaje en las autopistas, el robo de suministros a comerciantes y a las fuerzas de seguridad, así [las] empresas privadas extranjeras que prefieren pagar a los talibanes antes que al ejército regular”, afirmó Wahid Mozhda (un asesor del ministro de Relaciones Exteriores de Afganistán).

La complejidad del avispero sirio implica –sostienen algunos– la necesidad de un mínimo entendimiento entre todos los actores (EEUU, Rusia, Irán, los países árabes y el régimen de Asad), sin el cual la guerra seguramente se estancará en el tiempo. Ramón A. Mestre defiende en este artículo para El Nuevo Herald la necesidad de llegar a acuerdos con Rusia y con lo que queda del régimen de Bashar al Asad. 

Con todo, a corto plazo las salidas aceptables a la tragedia siria despiden la peste de un mal menor pues conllevan la necesidad de negociar una alianza con el régimen de Bashir al-Assad a fin de combatir con eficacia a ISIS, Jabhat al-Nusra y Ahrar al-Sham, las bandas fundamentalistas que controlan la mitad de Siria. Dichas salidas posibles a la guerra actual también implican establecer una alianza chocante pero necesaria con la Rusia de Putin, el mayor proveedor de material bélico a al-Assad. Sin la participación de Rusia, turcos, europeos, sauditas y estadounidenses no podrán aplicarle un torniquete a la hemorragia de refugiados mientras la coalición explora arreglos más permanentes en Siria. Pensándolo bien, aun con la cooperación rusa será casi imposible parar el desangramiento del país.

Sin embargo, si realmente aspira a neutralizar a ISIS en Siria, Estados Unidos tiene que fraguar alianzas con Putin y con al-Assad, por mucho que nos repugne el régimen sirio. Saleh Muslim, un líder de los kurdos sirios, acaba de afirmar que “la derrota total del presidente al-Assad por el Estado Islámico y grupos afiliados a al-Qaeda constituiría una calamidad para el mundo”. Saleh aclaró que si surgiera una opción mejor entonces favorecía sustituir a al-Assad pero jamás aceptaría sustituirlo por una tiranía salafista, la sucursal del califato vesánico. Semejante final a la guerra civil acabaría despoblando al país y desembocaría en la masacre de miles de cristianos y chiitas.