Contextos

Limpieza étnica de cristianos en Egipto

Por Michael Armanious 

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"Tras el derrocamiento de Morsi, el problema no ha hecho sino intensificarse: la violencia anticristiana en Egipto se manifiesta de forma cada vez más habitual""A corto plazo, la incoherente política del presidente Obama en Oriente Medio amenazará la estabilidad de países como el Líbano, especialmente a su minoría cristiana. A largo plazo, afectará del mismo modo a los países del Golfo Pérsico""Al declarar que el uso de armas químicas era una línea roja, y que los días de Asad estaban contados, Estados Unidos hizo que líderes de Oriente Medio quedaran a la expectativa. Al no actuar, ha dado involuntariamente una señal de que Norteamérica se retira de la región"

Iskander Toss, que siempre había vivido en la localidad de Delga, en el Alto Egipto, fue secuestrado hace dos semanas, golpeado brutalmente y arrastrado por las calles sin asfaltar de la población hasta que el espíritu abandonó su cuerpo. ¿Su delito? Como sucedió en el caso de la masacre de Kenia de hace quince días, era cristiano.

Pocos días más tarde, los yihadistas de Ijwán (los Hermanos Musulmanes) abrieron su tumba, de la que sacaron su cuerpo y lo arrastraron por las calles del lugar, hasta que la mayoría de las familias coptas huyeron aterrorizadas.

Lo que es único en el caso de la muerte de Toss es que la gente conocía su nombre. En todo el país del Nilo se producen con regularidad asesinatos como el suyo.

Delga, situada 240 kms al sur de El Cairo, es una de las mayores y más antiguas localidades de Egipto. De sus más de 100.000 habitantes, 25.000 son cristianos. Contaba con una serie de iglesias –cuatro o cinco–, algunas de ellas del siglo IV. Casi todas han sido destruidas.

En los últimos 75 días, desde la destitución de Morsi, los miembros de Ijwán y sus asociados han acordonado la localidad. Obligaron a algunos cristianos a pagar la yizia, el impuesto extraordinario al que están sujetos ellos y otros no musulmanes (es como pagar una extorsión a cambio de protección). Los miembros de los Hermanos Musulmanes han hecho que la vida para la comunidad cristiana de la localidad sea insoportable.

El 16 de septiembre de este año, las Fuerzas Armadas entraron en Delga para liberar la localidad de los Hermanos Musulmanes y de sus partidarios. Esperó tanto para hacerlo a causa de lo sucedido previamente en Kerdasa, otra población al sur de El Cairo, hogar de muchas familias cristianas. Allí, los miembros de Ijwán entraron en una comisaría y tomaron como rehenes a 11 policías y soldados. Los torturaron y mataron de un tiro ante las cámaras; después prendieron fuego a la comisaría y a las iglesias de la localidad. Los cristianos huyeron de Kerdasa.

La estrategia del Gobierno consistía en esperar para darle al mundo la oportunidad de ver de lo que son capaces los Hermanos Musulmanes.

Ehab Ramzy, un abogado copto, brindó el contexto. Declaró en una entrevista televisada que su edificio de oficinas fue incendiado, al igual que 50 iglesias y 1.000 negocios pertenecientes a cristianos. Ramzy explicó que todos esos inmuebles fueron destruidos en el Alto Egipto el mismo día que Morsi fue expulsado. Ésa, afirmó, era la estrategia de los Hermanos Musulmanes: castigar a la Iglesia por no apoyar a Morsi.

Tras el derrocamiento de Morsi, el problema no ha hecho sino intensificarse: la violencia anticristiana en Egipto se manifiesta de forma cada vez más habitual. Desde la caída de Hosni Mubarak, en febrero de 2011, lo sucedido a los cristianos de Delga y Kerdasa se ha repetido en todo el país.

Los cristianos de la localidad de Marinab, en la gobernación de Asuán, situada unos 1.100 kiómetros al sur de El Cairo, también fueron asediados por los yihadistas en octubre de 2011. El suministro de alimentos y los contactos con el exterior fueron interrumpidos hasta que accedieran al derribo de su iglesia, que violaba las normas de edificación al exhibir una cruz, cosa que para los yihadistas resultaba ofensiva.

La muerte de Iskander Toss y los persistentes ataques contra los cristianos muestran una preocupante realidad en Oriente Medio.

El 19 de septiembre, Mohamed Hasanein Heikal, asesor de numerosos líderes del Medio Oriente, afirmó en una entrevista en televisión que la mayoría de los países de la región poseen armas químicas, las preferidas por las naciones pobres. Afirmó también que, a corto plazo, la incoherente política del presidente Obama en Oriente Medio amenazará la estabilidad de países como el Líbano, especialmente a su minoría cristiana. A largo plazo, afectará del mismo modo a los países del Golfo Pérsico. Añadió que lo sucedido en Delga no es sólo un indicador de lo que es capaz Ijwán, sino de lo que está por llegar.

La cuestión alcanzó su punto culminante con la respuesta de la actual Administración estadounidense al ataque con gas sarín del pasado 21 de agosto en las afueras de Damasco, en el que murieron varios cientos de personas.

Al no atacar a Asad, un títere del Irán chií, Estados Unidos no sólo ha reforzado a sus rivales, Rusia y China; también ha dado alas a los mulás iraníes y a los extremistas suníes de Siria y Egipto, quienes ahora parecen creer que la guerra de desgaste que desde hace décadas libran los radicales contra los norteamericanos por fin da sus frutos.

Los pueblos británico y estadounidense han dejado claro que no apoyan un ataque contra el régimen de Asad; a su vez, los cristianos sirios y del resto de Oriente Medio también se han mostrado unánimes en su oposición a dicho ataque: temen que eso desencadene las fuerzas de los yihadistas y provoque la completa destrucción del cristianismo en la región.

En todo esto hay una ironía: al no actuar contra Bashar al Asad tras decir que lo haría, EEUU no sólo ha puesto en un peligro aún mayor a las minorías religiosas y étnicas de la zona; también a los musulmanes moderados y partidarios de reformas.

Al declarar que el uso de armas químicas era una línea roja, y que los días de Asad estaban contados, Estados Unidos hizo que líderes de Oriente Medio quedaran a la expectativa. Al no actuar, ha dado involuntariamente una señal de que Norteamérica se retira de la región. Lo que implica esa retirada es que la violencia contra cristianos y otros no musulmanes puede proseguir impunemente.

Un reciente discurso del presidente Barack Obama, la víspera del 12º aniversario de los ataques del 11-S, no hizo nada por borrar esa impresión a los yihadistas de todo el mundo. Mientras que la credibilidad estadounidense en la región se ha deteriorado, la violencia islamista contra los cristianos de Oriente Medio ha ido en aumento.

El problema es especialmente evidente en Siria, donde los cristianos han sido expulsados de sus hogares en Malula por yihadistas suníes asociados con Al Qaeda. A comienzos de este año, el barrio cristiano de Homs fue destruido por completo y todos sus habitantes expulsados: más de 100.000 personas fueron desalojadas de sus viviendas. Fueron destruidas iglesias de los siglos II, III y IV.

Si la violencia contra los cristianos de Oriente Medio sigue sin recibir una respuesta significativa por parte de la Administración estadounidense y de los dirigentes de la región, para las células yihadistas residentes en Europa y Norteamérica será una señal de que por fin ha llegado su momento.

Pese a que ahora los Hermanos Musulmanes han sido ilegalizados y expulsados de las instituciones en Egipto, como organización internacional son todavía una fuerza a tener en cuenta: aunque estén bloqueados en Egipto, su plan declarado es crear problemas a las democracias occidentales.

Si el pueblo norteamericano y su actual Administración dan la espalda a Oriente Medio, es prácticamente seguro que los cristianos y la libertad en la región serán destruidos.

Gatestone Institute