Revista de Prensa

Lieberman-Netanyahu: sólo puede quedar uno

 

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En el Jerusalem Post, Seth Frantzman escribe que puede que Netanyahu salga fortalecido del sonoro revés que cosechó la semana pasada, cuando se le agotó el plazo para la conformación de un nuevo Gobierno.

En el poder desde hace diez años, el primer ministro israelí pareció trastabillar el miércoles, cuando llevó a la Knéset [Parlamento] a la autodisolución y a la convocatoria de unas nuevas elecciones (…) porque Netanyahu fracasó a la hora de conformar una coalición de gobierno. ¿Cómo pudo llegar a una situación así el genio que ha dominado la política israelí en la última década y que cuenta con treinta años de experiencia en lo relacionado con la conformación de alianzas parlamentarias? ¿Y si resultara que este es el mejor de los mundos para él? Sigue siendo primer ministro, y las encuestas dicen que muy posiblemente obtenga un buen resultado en septiembre, mientras que sus rivales tendrían que pugnar por los restos.

(…)

[Netanyahu] dice que la ciudadanía le eligió para encabezar y conformar un Gobierno, y que Lieberman lo ha impedido (…) Si consigue mantener el discurso de culpar a Lieberman y demandar un mandato poderoso en las próximas elecciones, quizá la salgan las cuentas parlamentarias y tenga dos meses para componer el Gobierno que desee. Todo esto sucede en un momento importante para Israel. EEUU quiere proponer un plan de paz, pero puede que las nuevas elecciones lo pospongan. Asimismo, Netanyahu también tratará de librarse de las comparecencias judiciales preliminares sobre las acusaciones de corrupción que pesan sobre él. Que de hecho ya se pospusieron hasta octubre.

En la National Review, Jonathan Tobin advierte de que no es la primera vez que se entierra la carrera política del líder del Likud de manera harto precipitada, pero no descarta que estemos en el principio del fin de la era Netanyahu.

Existe la percepción de que Netanyahu, que ha imperado sobre el mundo político israelí sin apenas competencia durante los últimos diez años, ha quedado debilitado y de que puede que esté próximo el fin de su tiempo como líder israelí. Y de que es esa debilidad, más que devoción a principio alguno, lo que ha inducido a Lieberman [a negarse a sumarse a su coalición de gobierno].

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La auténtica razón de la terquedad de Lieberman es su creencia en que Netanyahu acabará sucumbiendo ante las causas por corrupción que pesan sobre él. (…) [Lieberman se ve] como un potencial ‘kingmaker’: podría elegir al sucesor de Netanyahu, ya fuera [el líder centrista Benny] Gantz o, más probablemente, uno de los correligionarios del primer ministro en el Likud.

No es la primera vez que los rivales dan por muerto a Netanyahu. Pero el desafío que se le presenta [a Lieberman] en los meses venideros es formidable. La falta de confianza del electorado en los rivales centristas e izquierdistas [de Netanyahu] hacen probable que el bloque derechista-religioso vuelva a cosechar la mayoría [parlamentaria] en septiembre. (…)

Puede perfectamente que los votantes israelíes sigan considerando a Netanyahu el hombre indispensable (…) pero el bochorno que hubo de sufrir la semana pasada ha socavado su imagen de invencibilidad. A menos que logre encontrar la manera de librarse de sus problemas legales, este revés puede ser el principio del fin para el hombre que ha marcado la política israelí –y las relaciones israelo-americanas– durante el último decenio.

En Tablet, Liel Leibovitz dice que la que se apuntó el líder de Israel Beitenu la semana pasada puede ser una victoria pírrica… que de hecho acabe reforzando al supuestamente derrotado Bibi Netanyahu.

(…) si su maniobra no ha sido más juego de poder puro y duro, puede que Lieberman tenga muy pronto un tremendo despertar. (…) es muy probable que los resultados [de las elecciones de septiembre] sean los mismos [que en abril] o que, aún más probable, den al bloque de la derecha una victoria incluso más contundente. Así, es altamente probable que los 138.598 israelíes que votaron por (…) la fracasada Nueva Derecha [que no consiguió escaños por muy poco] voten a la Derecha Unida o al Likud, como lo harán muchos –por no decir la mayoría– de los 118.031 que votaron por (…) Zehut [otro partido de derechas que no consiguió representación]. Estos votos previamente desperdiciados (…) podrían valer cuatro, cinco o seis escaños. Y los haredíes, furiosos por lo que perciben como un ominoso ataque a su manera de vivir [por parte del laico Lieberman], es muy probable que vayan a votar en aún mayores cantidades (…), lo que daría [a sus partidos, aliados de Netanyahu] unos cuantos escaños más.

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Si el Likud, los partidos haredíes y la Derecha Unida ganan fuerza, y el [centrista] Partido Azul y Blanco y los laboristas la pierden, la maniobra de Lieberman resultará desastrosa (…)