Revista de Prensa

Libia: la alternativa confederal

 

Bandera libia.

A pesar de algunos progresos recientes, el país norteafricano está lejos de dejar atrás el caos. Federica Saini Fasanotti, del Center for 21st Century Security and Intelligence, considera que un modelo de confederación es lo que tiene mayores posibilidades de éxito en estos momentos.

[Quizá habría que] ayudar a los libios a construir un Estado confederal dividido en tres grandes regiones (o quizá más, si el pueblo libio lo considera apropiado): Tripolitania, Cirenaica y Fezán. Quizá es hora de que dichas provincias se conviertan en más autónomas siguiendo los diferentes caminos que elijan, en función de sus orígenes étnicos, sociales, religiosos y políticos. Es una solución extrema, por supuesto. Pero está claro que la comunidad internacional, que ha tenido mucho que ver en la revolución libia, no puede permitir ahora el fracaso de Libia como Estado.

El jefe de Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa Israelíes (IDF), Gadi Eisenkot, manifiesta su confianza en que una ofensiva contra Israel proveniente del Líbano no será suficiente para vencer a las disciplinadas fuerzas israelíes.

Veo el espíritu de los comandantes y soldados de las IDF cuando trabajan a diario para combatir las amenazas y completar sus misiones con determinación y responsabilidad (…) La amenaza desde el Líbano sigue existiendo, comprende muchos retos y requiere que las IDF estén listas para cualquier escenario. Nuestros enemigos en el norte están siempre poniéndonos a prueba, y estoy seguro de que en el momento de la verdad seremos fuertes y demostraremos que las IDF están preparadas, son poderosas y victoriosas. Estoy seguro de que el día en que llegue la orden sabremos cómo llevar a cabo el propósito de las IDF: proteger el país, asegurar su existencia y, si es necesario, ganar una guerra.

El escritor británico David Pryce-Jones escribe una réplica a un artículo previo de Ofir Haivry, del Hertzl Institute, en el que defendía un cambio de paradigma en Oriente Medio, donde sostiene que el dominio político de los árabes suníes está lejos de haber finalizado.

Es cierto que los avatares de la Historia y la distribución de las poblaciones han dado a los árabes chiíes una mayoría aquí o allá –en el Líbano, Irak y Baréin–, pero durante siglos (…) han sido oprimidos bajo el dominio de los suníes. Al dibujar las fronteras en el orden árabe posterior a 1918, el Imperio Británico y las autoridades francesas (…) siguieron la vieja costumbre otomana y dejaron el poder en manos de suníes. Este empoderamiento iba supuestamente a llevar a la formación de naciones muy en la línea occidental. Pero nada de eso ocurrió. El nacionalismo árabe se demostró en la práctica más o menos indistinguible del triunfalismo suní.

(…)

La inestabilidad continúa siendo sistémica y el desperdicio de recursos humanos, repetitivo, lo que bloquea el progreso y el desarrollo de la vida cotidiana. Al mismo tiempo, sin embargo, ofrecen una prueba más de la vitalidad de los procesos políticos habituales. (…) Como el propio Haivry observa, Arabia Saudí encabeza una coalición suní para contrarrestar la supremacía iraní. [Ambos cometen] idénticas barbaridades, [y] cada uno de ellos considera actos de justicia los suyos y criminales los del otro.

Términos como ‘implosión’ y ‘colapso’ pueden parecer prematuros.