Contextos

Líbano: las buenas intenciones no bastan

Por Hanin Ghadar 

Bandera del Líbano.
"Cuando los manifestantes del movimiento #YouStink tomaron las calles, muchos libaneses decidieron reclamar el espacio público porque desean recuperar las instituciones estatales y la ciudadanía, lejos de la obsoleta división política y, desde luego, fuera del sistema sectario. Y precisamente por eso todo el Gobierno fue presa del pánico""Este movimiento, pese a todos los errores cometidos en los últimos días, al menos ha conseguido algo en tres aspectos fundamentales: ha reabierto el espacio público a la gente, nos ha hecho superar la división entre 8 de Marzo y 14 de Marzo y, lo que es más significativo, ha despojado a los dirigentes libaneses de su aparente impunidad"

El Líbano no se vio envuelto directamente en los recientes levantamientos y revoluciones árabes; no fue posible por una serie de razones. La principal es que no tenemos un dictador: nuestro sistema, técnicamente, es democrático, aunque sectario. El motivo más desalentador es que el pueblo libanés ha estado dividido en dos bandos políticos: 14 de Marzo y 8 de Marzo. No teníamos un sistema –o nitham, en este caso– que cambiar o contra el que levantarnos. Nuestro problema, de hecho, es que carecemos de uno.

Y así es justo como empezó el movimiento #YouStink (#Apestas). Debido a la ausencia de unas instituciones estatales fuertes, los servicios se han ido deteriorando. La corrupción de la clase política ha alcanzado niveles increíbles, y nuestro silencio y aquiescencia han posibilitado a los dirigentes políticos ignorar el hecho de que, supuestamente, deben servir al pueblo. Olvidamos que somos ciudadanos, y los líderes sectarios estaban más contentos que nunca.

El factor miedo

Los libaneses llevan décadas viviendo con miedo. En la actualidad algunos temen al Estado Islámico y otros a Hezbolá, y por buenas razones. Muchos prefieren esconderse tras sus corruptos líderes antes que exigir sus derechos y servicios fundamentales. Hemos llegado a un punto en el que actuar al margen del sistema sectario se considera escandaloso y traicionero, y tememos la inseguridad hasta tal punto que nuestro poder como ciudadanos casi se ha desvanecido.

Este miedo, sumado al profundo desencanto y desilusión con el activismo político, nos había convertido en una especie de zombies cuyo único deseo era salir del Líbano para siempre. Nuestro pueblo sufrió muchas guerras, y surgieron dos ocasiones para la esperanza: el fin de la guerra civil, momento de gran potencial que trajo esperanzas a un país destrozado, y la intifada independentista de 2005 que nos libró del dominio del régimen sirio sobre las decisiones políticas e instituciones estatales libanesas. En ambos casos el activismo político no cambió nada. Los señores de la guerra de ayer son los políticos de hoy, y la corrupción ha alcanzado niveles mucho más profundos.

Por tanto, cuando los manifestantes del movimiento #YouStink tomaron las calles, muchos libaneses decidieron reclamar el espacio público porque desean recuperar las instituciones estatales y la ciudadanía, lejos de la obsoleta división política y, desde luego, fuera del sistema sectario. Y precisamente por eso todo el Gobierno fue presa del pánico. Por primera vez, era el pueblo contra la podrida clase política. Se trataba de nuestros derechos fundamentales como ciudadanos.

Esperanzas y desafíos

No es nada sorprendente, por tanto, que la cosa se haya puesto bastante fea. Cuando los líderes políticos corruptos son presa del pánico, responden con brutalidad. El líder y portavoz parlamentario del movimiento Amal, Nabih Berri, envió a sus matones a las calles para enfrentarse con las fuerzas de seguridad y con la Policía, y poner así en peligro la imagen pacífica y cívica de las protestas. Pero todo el mundo estuvo encantado de que eso sucediera, incluso en bandos políticos opuestos. Nadie trató de impedirlo.

La gente siguió acudiendo cada noche a la plaza Riad al Solh. Y cada noche la violencia aumentaba, y enviaban a los matones; pero la gente siguió acudiendo, incluso sin el movimiento #YouStink, que interrumpió sus protestas y convocó una gran manifestación para el sábado.

Parece que la calle no puede ser detenida, pese a todos los intentos por conseguirlo. Por tanto, para que #YouStink pueda tener éxito hay que prestar atención a tres factores.

En primer lugar, hay que asegurarse de que los políticos no aprovechen el espacio público para beneficiarse. Es la parte más complicada. No debería permitirse a ningún político corrupto apoyar las protestas o participar en ellas. Además, la exigencia de derribar el Gobierno conviene muchísimo a Hezbolá. El vacío creado por la dimisión del Ejecutivo podría llevar a una nueva Constitución para el Líbano, que es precisamente el objetivo a largo plazo de Hezbolá, en estos momentos extremadamente peligroso. Con Hezbolá dominando la seguridad y la escena política del país, una nueva Constitución no haría sino reforzarlo aún más; sus patrocinadores desean un sistema de reparto del poder a tres bandas, en vez de sólo a dos. En semejantes circunstancias (y sin tener en cuenta las armas que posee), se desvanecería cualquier esperanza que pudiera quedar de lograr un Líbano soberano.

Por supuesto, Hezbolá no quiere que las protestas continúen; es decir, no las quiere si siguen siendo cívicas, independientes y no partidistas. Al Partido de Dios le asusta que un movimiento que no controla pueda afectar al statu quo o haga que se planteen exigencias políticas como las que se reclaman actualmente en las protestas iraquíes; en éstas también se empezó pidiendo el fin de la corrupción y se fue subiendo de intensidad hasta manifestarse en contra de la hegemonía iraní en Irak.

En segundo lugar, hay que permanecer centrados. Para evitar que las instituciones estatales se deterioren aún más en el caso de que se produjera un vacío político, los organizadores deben centrarse en las prioridades del pueblo. Ahora se trata de la crisis de las basuras y de encontrarle una solución que no implique más corrupción. Luego, los organizadores deberían pasar a otras cuestiones, de una en una. Derribar el Gobierno sin tener una estrategia que prevea una alternativa sería un disparate.

Por último, hay que encontrar una forma de mantener el espíritu pacífico, cívico y no sectario de las protestas. No hay que permitir que se infiltren los matones y causen problemas con la Policía. No será fácil, pero no hay que consentir que se apropien del espacio público.

Este movimiento, pese a todos los errores cometidos en los últimos días, al menos ha conseguido algo en tres aspectos fundamentales: ha reabierto el espacio público a la gente, nos ha hecho superar  la división entre 8 de Marzo y 14 de Marzo y, lo que es más significativo, ha despojado a los dirigentes libaneses de su aparente impunidad.

Ciudadanía, servicios básicos, derechos fundamentales y libertad de usar el espacio público para fines públicos: eso es lo que piden los libaneses. Si los organizadores del movimiento siguen teniendo en cuenta estas cuestiones, el pueblo libanés, por una vez, tendrá una oportunidad.

© Versión original (en inglés): NOW
© Versión en español: Revista El Medio