Revista de Prensa

Las raíces del Estado Islámico

 

Estado Bandera del Estado Islámico de Irak y el Levante

El director de Política Internacional de la española Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), Rafael L. Bardají, ha escrito este documentado paper sobre la peripecia de la organización terrorista comandada por el califa Abubaker al Bagdadi.

El Estado Islámico no nace del deseo de luchar contra la intervención aliada en Irak en 2003, sino de la ambición de “purificar” el propio mundo islámico. Su auge tiene que ver sobre todo con las pasiones desatadas entre suníes y chiíes y con la ausencia de las fuerzas internacionales.

La embajadora de EEUU en la ONU, Samantha Power, ganó el premio Pulitzer en 2003 con un libro en el que relató su experiencia como corresponsal en la guerra de los Balcanes. Entonces arremetió contra la Administración norteamericana por permitir impasible que se cometiera un genocidio en el corazón de Europa. En estos momentos, la Administración a la que ella representa está asistiendo a un exterminio de minorías en el corazón de Oriente Medio, en un proceso que reproduce, aumentados, los errores que Powers denunció en su famoso libro hace más de una década.

Después de proporcionar antecedentes históricos, Power sigue [en su libro] con una serie de estudios de casos que exponen la manera en que EEUU ha fracasado en gran medida a la hora de prevenir o castigar un genocidio tras otro, de Bosnia a Camboya, de Ruanda al Irak de Sadam Husein. (…)

Cuando termine su mandato como diplomática, necesitará actualizar su libro con un nuevo capítulo sobre Siria. Sólo que esta vez tendrá que culpar a la misma Administración para la que trabaja.

Yaron Schneider, periodista especializado en asuntos árabes del canal israelí Channel 2, explica en este artículo que, a pesar de constituir una gran amenaza para Oriente Medio y Occidente, el Estado Islámico no es la fuerza yihadista todopoderosa quiere aparentar ante el mundo.

El sentimiento de frustración ante la lentitud en la constitución de un califato y el miedo al castigo que está sufriendo en sus feudos de Siria e Irak son elementos que hay tener en cuenta antes de aceptar la retórica del EI.

Como revelan las investigaciones, los ataques de París fueron probablemente planeados meses antes de que tuvieran lugar y estuvieron esperando para que el Estado Islámico diera luz verde. Desde los ataques, la propaganda del EI ha amenazado continuamente con atacar en distintos lugares en todo el mundo cada pocos días. El mando de la organización probablemente está convencido de que el derribo del avión ruso en el Sinaí y los ataques de París no pueden detener por sí mismos a los Estados que operan en su contra. Por el contrario, en las últimas semanas, el Estado Islámico ha descubierto que en breve tendrá que lidiar con la realidad de un incremento de la intervención internacional en el corazón de su denominado califato, que podría desembocar en un gran golpe. La respuesta instintiva del Estado Islámico se ha puesto de manifiesto en su retórica, mientras que su capacidad real para devolver el golpe como promete sigue resultando dudosa por ahora. Al considerar las nuevas amenazas del Estado Islámico y su ofensiva verbal deberíamos ser conscientes de esto.

La batalla contra los terroristas islamistas está siendo llevada a cabo por un conjunto de actores con distintos intereses. La necesidad de una acción coordinada, que permita una mayor efectividad, tiene que adquirir carta de naturaleza en una coalición bien engranada, con todas sus piezas moviéndose en persecución del mismo objetivo.

El Estado Islámico, mientras tanto, a la luz de lo que luce como una intensificación de las acciones militares en su contra, tanto en Siria como en Irak, ha abierto un frente alternativo: en Libia, en derredor de la ciudad de Sirte, emplazada sobre el Mar Mediterráneo. Está ocupada por sus milicias desde principios de año. La región es rica en hidrocarburos, (…) concentra el 66% de la producción libia.

La decisión de participar en la coalición militar que se organiza contra el Estado Islámico pertenece a uno de los capítulos más difíciles de la política exterior: aquel que tiene que ver con la gravísima decisión de entrar en guerra. Con todo lo que ello supone en términos de vidas humanas y destrucción. Por esto no puede nunca ser precipitada, sino meditada.

No obstante, paso a paso, la coalición militar va tomando forma. Y la confrontación con el Estado Islámico, requerida por la violencia inhumana que esa organización ha desatado, parece haber adquirido la urgencia que hasta ahora no había tenido.