La Librería

Las nuevas tribus de Israel

Por Juan Antonio Cabrera Montero 

Israel. Una manifestación.
"En veinte breves capítulos, encontramos de todo: 'kibutzniks', judíos orientales, etíopes, rusos, mesiánicos, ultraortodoxos, samaritanos, pacifistas, colonos, musulmanes moderados, musulmanes radicales, beduinos, drusos, árabes cristianos, inmigrantes cristianos, cristianos de origen hebraico. Quizá lo único que una a todos ellos es el pasaporte"

Podemos comenzar con una pregunta al lector que no haya estado en Israel: ¿cómo imagina usted a un ciudadano israelí? ¿Alto, bajo, religioso, laico, blanco, moreno, judío, cristiano, musulmán? En Latte, miele e falafel: un viaggio tra le tribù di Israele (“Leche, miel y falafel: un viaje por las tribus de Israel”) la periodista italiana Elisa Pinna puede ayudarle a conocer mejor algunos de los aspectos de la sociedad israelí que pasan inadvertidos por ser minoritarios, casi anecdóticos, aunque importantes.

En veinte breves capítulos, encontramos de todo: kibutzniks, judíos orientales, etíopes, rusos, mesiánicos, ultraortodoxos, samaritanos, pacifistas, colonos, musulmanes moderados, musulmanes radicales, beduinos, drusos, árabes cristianos, inmigrantes cristianos, cristianos de origen hebraico. Quizás lo único que una a todos ellos es el pasaporte. El resto de cosas, cuanto menos, los distancia, y parecería, incluso, que los convirtiera en ciudadanos de tantas sociedades diferentes como etnias, religiones o convicciones políticas coexisten en Israel.

El estilo es ágil, marca de la casa. Elisa Pinna es una periodista italiana especialista en temas religiosos (ha informado durante años sobre el Vaticano) y Oriente Medio. Ha viajado en muchas ocasiones a Israel, conoce bien esas tierras y a sus gentes, a las que retrata en este libro con un estilo directo, vivo, muy periodístico. El acercamiento a tantas realidades como grupos describe es bastante equilibrado, algo difícil en estos casos.

Es éste un libro rico en anécdotas, curiosidades, datos históricos, demográficos, vivencias personales y comunitarias. Un buen libro al que sólo sobra la presentación, perpetrada por otra periodista israelí de mirada torva, Amira Hass. No sabemos si ha cobrado por la soflama que ocupa las siete primeras páginas del libro; lo que sí sabemos, porque nos lo cuenta ella misma, ¡es que no ha leído el libro! Y se nota. Aprovecha el púlpito que le ofrece la editorial Terra Santa –siempre hay cristianos despistados que piden perdón por hablar bien de Israel– para lanzar todo tipo de acusaciones contra la ocupación israelí de Gaza, Judea y Samaría. Nihil novum sub sole, para citar el Qohélet.

Hass, que conoce al menos cuatro lenguas, ignora el italiano, por eso no ha podido apreciar la descripción que Pinna realiza de los diferentes grupos sociales que hemos indicado al inicio; sólo ha leído un resumen del libro en inglés. Esta obra no pretende ser exhaustiva. Aparecen en ella muchas de las nuevas tribus de Israel, no todas, pero su lectura permite al lector descubrir bastantes de esos diferentes rostros de la Tierra. Se convierte así en una especie de guía del país –todos los grupos de los que habla están conformados por ciudadanos israelíes– que seguramente ayudará a comprender mejor una nación de la que todos hablan y a la que pocos conocen lo suficiente como para poder dar opiniones medianamente válidas.

El libro es crónica y también historia. Los sueños truncados de los pioneros, representados, en parte, por los últimos mohicanos que aún añoran la fuerza y la importancia que tuvieron los kibbutzim. Los recuerdos de sus primeros pobladores se mezclan con las expectativas de sus hijos y nietos, para quienes no está hecha la vida socialista y prefieren la vitalidad y el progreso de las grandes zonas urbanas, con el área de Tel Aviv a la cabeza. Las peripecias, casi siempre trágicas, de los judíos orientales y etíopes que lograron, no sin dificultad, llegar a Eretz Ysrael para encontrarse, después, con que todos los judíos eran iguales, pero unos más que otros, al menos en las primeras generaciones.

Se nos habla también de los diferentes grupos judíos religiosos ortodoxos, herederos de la tradición que mantuvo vivo en la demasiado larga e injusta diáspora el sentido de pueblo. Mismo objetivo, quizás, pero seguramente diferentes métodos. A pesar de que se verificó el dicho de “El año que viene en Jerusalén”, no todos estuvieron de acuerdo en cómo organizarse una vez llegados a la Ciudad Santa y aledaños.

Encontramos también a las minorías árabes, mayoría en muchas ciudades, sobre todo en Galilea, sus problemas de identidad, el conflicto de estar a medio camino entre dos tradiciones. No olvida la autora a los colonos, quizá el grupo que más portadas ha ocupado en los medios de todo el mundo. Sus razones, sus métodos, sus logros, sus excesos, así como la oposición interna que ha surgido contra ellos y que se va organizando no sin dificultades.

Es ésta, en definitiva, una obra que no hace sino describir gran parte de la sociedad de uno de los países más atractivos del mundo por su historia y sus tradiciones. No todo en Israel es leche y miel: la convivencia no siempre es fácil, hay más fronteras internas, no precisamente geopolíticas, de las que uno pueda imaginar, y las distancias, siempre cortas, se convierten en abismos sobre los que muchas veces no es posible construir puentes.

Elisa Pinna, Latte, miele e falafel: un viaggio tra le tribù di Israele, Terra Santa, Milán, 2013, 220 páginas.