Contextos

Las minorías, chivo expiatorio en la Turquía post intentona golpista

Por Aykan Erdemir 

Bandera de Turquía.

El golpe frustrado del 15 de julio en Turquía ha hecho que los distintos partidos del país mostraran su apoyo al Gobierno electo. Las tres mayores formaciones de la oposición condenaron explícitamente la intentona, y el Gobierno respondió agradeciéndoselo en el Parlamento. Ese aparente espíritu de unidad, sin embargo, no incluye a todos. El golpe fallido ha desencadenado una ola de odio y violencia contra las minorías religiosas por su supuesta “complicidad” en el incidente.

Tras el fracasado golpe, las minorías religiosas de Turquía se apresuraron a demostrar su lealtad a su patria. Aunque han estado en la diana del discurso del odio del presidente, Recep Tayyip Erdogan, y su Partido Justicia y Desarrollo (AKP), de raíz islamista, durante gran parte de los 13 años que llevan en el poder, se han mantenido sin vacilaciones del lado del Gobierno electo.

Al día siguiente de la intentona, los líderes religiosos de las comunidades judía, armenia, griega ortodoxa y siríaca lo condenaron en una declaración conjunta, a la que se unieron después representantes de los credos aleví y chií. Estos gestos, sin embargo, no bastaron para blindarles ante la creciente animosidad contra las minorías de los partidarios del Gobierno.

Como muestra de solidaridad, el pasado día 7 los líderes religiosos de los judíos y los cristianos de Turquía se unieron a la multitudinaria manifestación contra el golpe que, con el lema “Democracia y mártires”, había sido promovida por el Gobierno en Estambul. Aun así, en su condena contra los conspiradores, tres de los oradores injuriaron a las minorías religiosas al tachar a los golpistas de “escoria de Bizancio”, “cruzados” y “horda de infieles”.

De hecho, existe una alarmante tendencia entre los medios progubernamentales a vincular la trama golpista con las minorías. Un periodista progubernamental insistía dos días después de la intentona en que Fethullah Gülen –un clérigo suní afincado en EEUU al que Erdogan acusa de ser el cerebro del golpe– es de madre judía y padre armenio, y miembro de la jerarquía clerical católica. Otro columnista progubernamental afirmaba que los conspiradores podrían estar ocultándose en iglesias. Como era de esperar, no pasó mucho tiempo hasta que la incitación generó ataques físicos contra las minorías.

Varias iglesias en las ciudades de Trebisonda, junto al mar Negro, y Malatya, en Anatolia, escenarios de atentados mortales contra los cristianos hace una década, fueron las primeras en ser atacadas tras el golpe. Después, un instituto armenio de Estambul fue objeto de actos vandálicos. Las siguientes fueron un local de culto aleví y una serie de hogares en Malatya, y varios turistas cristianos fueron hostigados en Gaziantep.

Estos delitos apuntan a una alarmante tendencia a convertir a las minorías turcas en chivos expiatorios. El país ya conoce las consecuencias de ello: los pogromos contra judíos, cristianos y alevíes en los años 30, 50, 70 y 90 del siglo pasado costaron la vida a cientos de inocentes. El Gobierno, que insiste en que el golpe fallido fue una victoria para la “democracia”, debe demostrar que las menguantes minorías religiosas también tienen un lugar en ella.

© Versión original (en inglés): Foundation for Defense of Democracies
© Versión en español: Revista El Medio