Contextos

Las exigencias de la República Islámica

Por Clifford D. May 

Hasán Ruhaní, presidente de Irán.
"Si el apaciguamiento es la política actual hacia la República Islámica, ¿cuál será la que se adopte si Teherán satisface su ambición de convertirse en la nuclearizada potencia hegemónica de Oriente Medio?"

Gran Bretaña, Francia y Alemania son tres de los aliados más cercanos de Estados Unidos, pero no siempre actúan como tales. Recientemente sus ministros de Exteriores se reunieron en Viena con sus homólogos de China y Rusia, adversarios estratégicos de EEUU, así como con el de la República Islámica de Irán, régimen cuyo grito de guerra es “¡Muerte a América!”.

¿Cuál era su misión? Socavar la política de Estados Unidos y reducir la presión económica que la Administración Trump está intentando ejercer sobre los gobernantes de Irán para que abandonen su letal agresividad tanto dentro como fuera de su país.

Los mandatarios franceses, británicos y alemanes no ven así la situación, por supuesto. En 2015 se sumaron al Plan de Acción Conjunto y Completo (PACC) de Obama. Les disgustó que Donald Trump dijera que era un completo desastre, y se enfadaron cuando, hace dos meses, se retiró de él.

Siguen insistiendo en que el PACC es un acuerdo razonable. A cambio de beneficios económicos, los teócratas de Irán han prometido ralentizar –que no finalizar– su programa ilícito de desarrollo de armas nucleares.

A menudo se suele pasar por alto que los teócratas iraníes no reconocen tener un programa de armas nucleares. Sin embargo, están amenazando con acelerarlo si los europeos no les compensan totalmente por las pérdidas económicas derivadas de la reimposición de las sanciones estadounidenses.

Justo antes de la reunión de Viena, el presidente iraní, Hasán Ruhaní, telefoneó al presidente francés, Emmanuel Macron, y le dijo que lo que está en este momento encima de la mesa no satisface sus “exigencias”.

Cabría preguntarse: ¿en qué tipo de negociación una parte plantea “exigencias” a la otra? El ministro francés de Exteriores, Jean-Yves Le Drian, se lamentó ante un periodista: “Deben poner fin a las amenazas para que podamos encontrar soluciones e Irán pueda recibir las compensaciones económicas necesarias”.

Al término del encuentro de Viena, nada se había resuelto. Federica Mogherini, responsable de la política exterior de la Unión Europea, dijo únicamente que las conversaciones se reanudarían en una fecha próxima.

El ministro de Exteriores alemán, Heiko Maas, fue más cándido: “No podremos compensar todo el impacto de la salida de las empresas de Irán”, dijo.

No será porque no se haya intentado. El semanario alemán Bild ha informado de que el Banco Central de Alemania prevé entregar a funcionarios iraníes 300 millones de euros en efectivo, que después volarán a Irán.

Que los jerarcas iraníes necesiten un dineral en efectivo sólo subraya cuánto se ha debilitado la economía de la República Islámica. La causa principal son las décadas de mala gestión y corrupción; pero las sanciones reimpuestas por Estados Unidos –habrá más en agosto y noviembre– están pasando factura.

Los iraníes de a pie saben a quién echar la culpa. Han sido dejados en la pobreza y privados de libertades fundamentales mientras la clase religiosa/gobernante se ha vuelto increíblemente rica. En las calles se corea: “¡Nuestro enemigo está aquí mismo! ¡Mienten cuando dicen que es América!”. También se clama: “¡Somos el pueblo y no tenemos agua!”. Se alude así a una sequía que los teócratas atribuyen a –¿lo adivinan?– Israel, a quien acusan de robarles “las nubes” y “la nieve”. (Para ser justos: si el Mosad puede robar 55.000 documentos de un archivo nuclear en Teherán, ¿qué dificultad le supondría capturar y pasar de contrabando vapor de agua condensado y congelado?).

Los miles de millones de dólares proporcionados por Obama al régimen de Teherán se podrían haber utilizado en el saneamiento del suministro de agua y en la construcción de plantas desaladoras. Pero los gobernantes de Irán vienen teniendo otras prioridades: financiar al dictador sirio Bashar al Asad, a Hezbolá, a las milicias chiíes, a los rebeldes huzis, a Hamás e incluso a los talibanes de Afganistán.

Los teócratas han lanzado ahora una nueva amenaza que podría resultar muy onerosa: el bloqueo de las exportaciones petroleras de sus vecinos. “Si se proscriben las exportaciones iraníes de petróleo, no daremos permiso para que se exporte petróleo al mundo a través del Estrecho de Ormuz”, ha declarado Esmail Kowsari, comandante de los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica.

La idea de que los cargueros que navegan por esa vía marítima estratégica necesiten permiso de Irán es un disparate. Si los mandatarios iraníes materializaran la amenaza, la Marina estadounidense emprendería acciones para “asegurar la libertad de navegación y el libre flujo de comercio donde lo permita la legislación internacional”, según ha referido un portavoz del Mando Central de EEUU.

Entre tanto, y mientras los gobernantes de Irán insisten en sus interpretaciones de la legalidad internacional, las autoridades belgas detienen a un diplomático iraní relacionado con un complot para atentar en Francia en un mitin organizado por un grupo de la oposición iraní.

El Departamento de Estado ha publicado un informe sobre el terrorismo patrocinado por Irán en Europa entre 1979, año del triunfo de la revolución jomeinista, y 2018. Se alude tanto a los atentados materializados como a los frustrados, y perpetrados por parte de los servicios de inteligencia iraníes y de Hezbolá, el satélite libanés de Teherán, en más de una docena de países. Gran Bretaña, Francia y Alemania figuran en esa lista.

Los gobernantes de Irán han “llevado sufrimiento y muerte al mundo y a su propio pueblo. Sólo en Europa, los asesinatos, atentados y otros ataques terroristas patrocinados por Irán han segado incontables vidas”, ha tuiteado el secretario norteamericano de Estado, Mike Pompeo, que ha pedido a los líderes europeos que saquen a colación esta historia sangrienta cuando se relacionen con representantes del régimen.

Actualmente, sin embargo, británicos, franceses y alemanes parecen abominar de ofender a los líderes iraníes y estar ansiosos por aplacarlos.

Lo que plantea esta pregunta: si el apaciguamiento es la política actual hacia la República Islámica, ¿cuál será la que se adopte si Teherán satisface su ambición de convertirse en la nuclearizada potencia hegemónica de Oriente Medio?

© Versión original (en inglés): Foundation for Defense of Democracies (FDD)
© Versión en español: Revista El Medio