Contextos

Las estadísticas desmontan la amenaza demográfica sobre Israel

Por Tom Wilson 

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"El Departamento Central de Estadísticas israelí ha publicado las cifras de la tasa de natalidad de 2013, que han revelado que la tasa de natalidad judía sigue creciendo mientras que la musulmana continúa descendiendo. Si bien las predicciones sobre población son a menudo, por su propia naturaleza, inexactas, debido a infinidad de variables impredecibles, parece que éste es un frente en el que los israelíes pueden permitirse algo de optimismo""Un estudio de 2006 realizado por investigadores de la Universidad Bar Ilán sustentaba considerablemente la creencia de que la AP podría haber inflado sus estadísticas de población en más de un millón de personas al contar dos veces a ciertos grupos y al incluir a palestinos que residen en ultramar. Esto podría tener la ventaja no sólo de hundir la moral de los israelíes, sino, lo que es más importante, permitiría a la AP obtener más fondos de la comunidad internacional basándose en que tiene una población mucho mayor a la que mantener"

Las cifras publicadas el pasado día 18 de marzo muestran que la situación demográfica israelí continúa avanzando en una dirección positiva para el futuro del Estado judío, muy al contrario de la la opinión generalizada que sostiene la existencia  de un inminente peligro para la demografía de Israel. El Departamento Central de Estadísticas israelí ha publicado las cifras de la tasa de natalidad de 2013, que han revelado que la tasa de natalidad judía sigue creciendo mientras que la musulmana continúa descendiendo. Si bien las predicciones sobre población son a menudo, por su propia naturaleza, inexactas, debido a infinidad de variables impredecibles, parece que éste es un frente en el que los israelíes pueden permitirse algo de optimismo. Pero, pese al creciente número de pruebas en contra, no faltan voces que advierten a Israel de una inminente catástrofe demográfica. Éste es uno de los principales pilares de la doctrina de la izquierda israelí, y una amenaza con la que el presidente Obama ha estado intentando atemorizar, cada vez más, a Israel.

Las últimas estadísticas muestran que en 2013 hubo un total de 127.101 nacimientos de judíos, frente a 34.766 nacimientos en familias musulmanas. Eso significa que el año pasado la tasa de natalidad judía aumentó en un 1,3%, mientras que la musulmana disminuyó un 5,5%. El crecimiento en la tasa judía se debe, en buena medida, al sector ultraortodoxo, pero también contribuyen a ello los inmigrantes rusos, cuya tasa de natalidad es ahora más próxima a la media israelí. En general, el porcentaje de población israelí no judía ha aumentado en los últimos años; los israelíes árabes constituyen actualmente casi un 21% de la población. Pero con la tasa de natalidad árabe en descenso, y con la de los judíos en tendencia ascendente, parece que dentro de las fronteras israelíes anteriores a 1967 el carácter judío del Estado seguirá siendo fuerte. Todo esto, sin embargo, es sin tener en cuenta la situación en la Margen Occidental.

El alarmismo que promueven Obama y Kerry, por no hablar de la izquierda judía tanto de Israel como de Estados Unidos, sostiene que la situación demográfica de Israel debe tener en cuenta a toda la población al oeste del Jordán, para incluir así a los palestinos. Esto ya es de por sí una proposición cuestionable. Ciertamente, en el caso de Gaza no hay motivo alguno para que su población se incluya en el mapa demográfico israelí. Israel abandonó completamente la Franja en 2005, y no resulta convincente la afirmación sostenida por algunos miembros de la izquierda de que el hecho de que Israel defienda las fronteras de Gaza frente al terrorismo supone una continuación de la ocupación.

Pero cuando se trata de la Margen Occidental la cuestión es algo más complicada. El mantra de Haaretz-J Street-Beinart, adoptado ahora también por Obama, es que Israel no puede mantener su presencia en la Margen y seguir siendo un Estado judío y democrático. Esto también resulta engañoso. El argumento sobre la democracia es especialmente endeble, porque se supone que los palestinos pueden votar en sus propias elecciones. El hecho de que la Autoridad Palestina no las celebre nunca no viene al caso.

Dicho esto, incluso si Israel tuviera que incluir a los palestinos de la Margen Occidental en la ecuación demográfica, la cosa seguiría sin estar, ni mucho menos, tan negra como se ha sugerido a menudo. Como escribió Uri Sadot en Foreign Policy en diciembre, si se tomara una estimación por alto del número de árabes de la Margen (algunos sostienen que son más de 2 millones y medio) y se sumara al número de árabes de Israel, entonces seguirían constituyendo menos de un tercio de la población total. Pero va ganando fuerza la idea de que la Autoridad Palestina puede haber engañado terriblemente a la comunidad internacional respecto al número de palestinos que viven realmente en la Margen Occidental. Un estudio de 2006 realizado por investigadores de la Universidad Bar Ilán sustentaba considerablemente la creencia de que la AP podría haber inflado sus estadísticas de población en más de un millón de personas al contar dos veces a ciertos grupos y al incluir a palestinos que residen en ultramar. Esto podría tener la ventaja no sólo de hundir la moral de los israelíes, sino, lo que es más importante, permitiría a la AP obtener más fondos de la comunidad internacional basándose en que tiene una población mucho mayor a la que mantener.

Caroline Glick, en su último libro, The Israeli Solution, señala que la decreciente tasa de natalidad que observamos en los israelíes árabes está, de hecho, en línea con tendencias de todo el mundo árabe, y resulta consistente con una tendencia existente entre los palestinos de la Margen Occidental. Como señala Glick, ahora hay paridad entre las tasas de natalidad judía y palestina: ambas presentan una media de 2,98 nacimientos por mujer. Para los palestinos, esto supone un gran descenso respecto a los 4,25 nacimientos por mujer de 2000. Si se proyecta este patrón hacia el futuro, la amenaza demográfica se convierte en un mito. Además, debe recordarse que Israel ha reforzado regularmente su ventaja demográfica con oleadas de inmigración judía. Teniendo en cuenta el empeoramiento de la economía y el antisemitismo existentes en Europa y Sudamérica, no hay razones para suponer que la inmigración no vaya a seguir complementando a la población judía de Israel.

En 1987, Thomas Friedman concedió a Israel doce años antes de que estallara la bomba demográfica. Aún estamos esperando. Quienes, como Obama, tratan de usar la demografía para asustar a Israel y hacer que se precipite a realizar concesiones territoriales que serían estratégicamente insensatas, carecen de estadísticas que sostengan sus amenazas.

Commentary