Contextos

Las engañosas declaraciones palestinas, un arma estratégica

Por Manfred Gerstenfeld 

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"La comunicación, y, sobre todo, el disimulo, fueron dos de las principales constantes de la vida y la carrera de Yaser Arafat. Se convirtió en líder de la OLP gracias al micrófono y la pluma, no al rifle""Periódicamente, tanto Arafat como Abás declararon que 'reconocían a Israel'. Posteriormente, explicaban en árabe que reconocían el hecho, pero no el derecho a existir de Israel. Además, rechazaban cualquier intento de reconocer la soberanía judía, o incluso el nacionalismo judío"

El Dr. Michael Widlanski es autor de Battle for our Minds: Western Elites and the Terror Threat [“La batalla por nuestras mentes: élites occidentales y la amenaza terrorista”]. Es profesor en la Universidad Bar Ilán y fue asesor de asuntos estratégicos del Ministerio de Seguridad Pública israelí en la edición de los archivos de la Orient House de la OLP. En el curso 2013-2014 fue profesor invitado de la cátedra Schusterman de la Universidad de California en Irvine. A continuación reproduzco un extracto de las declaraciones que me hizo.

Los dirigentes palestinos han desarrollado mensajes ambiguos como armas estratégicas para desarmar, desmoralizar y engañar a sus enemigos, al tiempo que logran el apoyo de terceros. Realizan declaraciones con duplicidades, destinadas a diferentes audiencias, en la tradición de la ‘taqiyya’ (el arte del disimulo). Se trata de una estrategia aprobada por el islam: el empleo de la mentira para derrotar a los enemigos. Cuando hablan en inglés pueden parecer amantes de la paz, pero, al mismo tiempo, difunden mensajes belicosos en árabe destinados a los árabes”.

Este método de ambigüedad destructiva ya fue practicado antes de la Segunda Guerra Mundial por el Gran Muftí de Jerusalén, Haj Amín al Huseini. Estaba muy implicado en la difusión de mensajes falsos sobre judíos que “trataban de conquistar el Monte del Templo” a comienzos de los años 20 del siglo pasado y, posteriormente, se dedicó a realizar emisiones propagandísticas para los nazis. Los dirigentes de Fatah, especialmente Yaser Arafat y Mahmud Abás, siguen los pasos de Huseini al valerse de la ambigüedad.

La comunicación, y, sobre todo, el disimulo, fueron dos de las principales constantes de la vida y la carrera de Yaser Arafat. Se convirtió en líder de la OLP gracias al micrófono y la pluma, no al rifle. Llegó a dirigir Al Fatah al conseguir llamar la atención de la prensa en Egipto en la década de 1950. En 1968 se convirtió en el líder indiscutible de la OLP tras un hábil aprovechamiento periodístico de la “batalla de Karameh”.

Entre 1968 y 1974, Fatah y la OLP dejaron claro que querían reemplazar a Israel por una “Palestina democrática”. Eso era un eufemismo de lo que había declarado Ahmad Shukeiry, quien fuera líder de la OLP: “(…) destruir a Israel y echar a los judíos al mar”. Desde 1974, la organización siguió “moderando” su tono, pero no sus verdaderos objetivos. Adoptó la “estrategia de fases” y declaró que trataría de ganar zonas de Palestina/Israel empleando medios pacíficos. A partir de entonces, emplearía las armas para la batalla final. Arafat y Abás siguieron refinando esta estrategia en años sucesivos.

Hamás ha sido más directo que la OLP/Fatah al declarar sus objetivos y tácticas: destruir a Israel con la fuerza de las armas. Desde entonces, ha aprendido de Arafat y de Abás. En los últimos años, también Hamás ha tenido portavoces que sugerían que podrían considerar dejar que Israel sobreviviera en el caso de que se retirara a las líneas del armisticio de 1949 o a las de la partición de 1947.

Pese a toda pretensión de lo contrario, ningún dirigente de la OLP ha renunciado a las exigencias de que los “refugiados palestinos regresen a sus hogares” en Israel. Pero muchos destacados israelíes y estadounidenses también promueven esta falacia. Arafat, Abás y negociadores como Yaser Abd Rabo, Nabil Shaath y Ahmed Qreia (también conocido como Abu Alá) han rechazado insistente y públicamente semejantes afirmaciones israelíes sobre los refugiados, realizadas por Ehud Olmert, Tzipi Livni y, sobre todo, Yosi Beilin y Shlomo Ben Ami.

De manera análoga han sido rechazadas otras afirmaciones de muchos israelíes y estadounidenses que sostenían que la OLP había aceptado reconocer y aceptar los asentamientos israelíes a cambio de ceder territorio en Israel a la soberanía palestina. Otro tanto sucede con las afirmaciones de que los dirigentes de la organización estaban dispuestos a aceptar el control israelí de algunos lugares sagrados de Jerusalén Este, y de que Ramala o Al Azaria serían la capital de Palestina. Abás declaró en repetidas ocasiones a medios árabes -recientemente, por ejemplo, en agosto de 2013- que no habrá judíos viviendo en territorio palestino y que Jerusalén será la capital palestina.

Abás dijo a un entrevistador israelí que no quería regresar a Safed. Posteriormente, declaró a entrevistadores árabes que todos los árabes podrían decidir dónde ir y cuándo hacerlo. Concretamente, afirmó que todos los refugiados tendrían el “derecho” de regresar a sus hogares.

Las afirmaciones que sostienen que la OLP ha enmendado sus estatutos también son falsas. Se considera que la ceremonia de 1998 al respecto fue una farsa escenificada por los palestinos, aunque fuera aprobada por Bill Clinton y Benjamín Netanyahu. Destacados palestinos, como el presidente del Consejo Nacional Palestino, Salim Zaanun, dicen que los estatutos de la organización siguen en vigor.

Periódicamente, tanto Arafat como Abás declararon que “reconocían a Israel”. Posteriormente, explicaban en árabe que reconocían el hecho, pero no el derecho a existir de Israel. Además, rechazaban cualquier intento de reconocer la soberanía judía, o incluso el nacionalismo judío. Abás ha rechazado reiteradamente la exigencia de Netanyahu de que la OLP acepte a Israel como un Estado predominantemente judío. Hasta el día de hoy, la cúpula de la organización aprueba mapas y libros de texto que se refieren a toda “Palestina”, incluidas Tel Aviv y Haifa, como árabe. Muchos israelíes y occidentales prefieren creer que los líderes de la OLP  “no creen en lo que dicen” en árabe. Sin embargo, la historia ha demostrado que los mensajes que dirigen a su propia gente son su verdadero punto de vista.

Israel fracasa en sus comunicaciones externas en parte porque no hay un punto de vista israelí común. Toda lucha tiene una faceta mental; es particularmente así en las batallas en las que está implicado el terrorismo. Para poder ganar, los israelíes deben aprender cuáles son las verdaderas metas y tácticas palestinas.