Contextos

Las claves del acuerdo de Ginebra

Por Pablo Molina 

Barack Obama y Hasán Ruhaní.
"En esencia, se acuerda que el régimen de los ayatolás podrá desarrollar tecnología nuclear, pero únicamente con fines pacíficos, con la promesa explicita de que 'bajo ninguna circunstancia' utilizará esos medios para fabricar armamento atómico"

La última reunión de Irán con el P5+1 (los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU y Alemania), celebrada el pasado fin de semana en Ginebra, se saldó con un acuerdo inicial que ha sido saludado como un éxito histórico por todas las partes implicadas. Sobre todo por parte del régimen de Teherán, que organizó un recibimiento a los miembros de su equipo negociador de auténticos héroes nacionales.

Aunque al término del encuentro no hubo un documento oficial que recogiera lo acordado, la agencia iraní Fars  hizo público el texto elaborado por la Casa Blanca. Dos días después de publicar el resumen realizado por Washington, la misma agencia se hizo eco de la protesta del Gobierno iraní, que acusa a la Administración Obama de haber interpretado unilateralmente el resultado de la reunión contradiciendo en algunos puntos el sentido correcto de lo acordado. No obstante, y salvo que la República Islámica haga públicos su valoración exacta de los compromisos adquiridos y las discrepancias que mantiene con la interpretación norteamericana, los apartados esenciales del acuerdo, hasta el momento no desmentidos, son los que se recogen a continuación.

El acuerdo incluye una serie de puntos que establecen los derechos y obligaciones de ambas partes para dar por finalizada la crisis sobre el programa nuclear iraní. En esencia, se acuerda que el régimen de los ayatolás podrá desarrollar tecnología nuclear, pero únicamente con fines pacíficos, con la promesa explicita de que “bajo ninguna circunstancia” utilizará esos medios para fabricar armamento atómico.

Irán se compromete a diluir sus reservas de uranio enriquecido al 20% hasta no más del 5% de concentración, y en los próximos meses no enriquecerá mas uranio por encima de ese límite.

Además, inutilizará o reducirá la produccion de sus centrifugadoras para que no sobrepasen dichos limites; mención especial merece en este punto la central de Arak, que permanecerá paralizada durante esos seis meses. Igualmente, Irán renuncia a construir nuevas instalaciones en otras localizaciones distintas de las ya conocidas y censadas.

Más aún: Irán se compromete a facilitar a los inspectores de la Organizacion Internacional de Energía Atómica, dependiente de la ONU, el acceso a las plantas principales para que verifiquen el cumplimiento de estos extremos y a proporcionar información transparente sobre su programa nuclear. Se creará una comisión conjunta de los países presentes en Ginebra que dirimirá las cuestiones que puedan surgir en la interpretación del acuerdo.

A cambio de estos compromisos aceptados por Irán, el Grupo P5+1 no aumentará las sancionesni impondrá nuevos castigos en estos primeros seis meses. Además, quedarán en suspenso con carácter inmediato las sanciones que pesaban sobre el oro y los metales preciosos, el sector automovilístico y las exportaciones petroquímicas iraníes.

La República Islámica podrá seguir vendiendo petróleo en las cantidades actuales y repatriar parte de los fondos que mantiene en el extranjero. Así mismo, podrá comprar a otros países comida, productos agrícolas, medicinas y material sanitario.

Cumplido este primer plazo de seis meses y verificado el cumplimiento de los compromisos, en el plazo de un año se negociará una solución definitiva, tras la cual quedarían sin efecto todas las sanciones impuestas e Irán se convertiría en un país más entre los que producen energía atómica con fines no bélicos.

La solución provisional de la crisis nuclear ha sido acogida con satisfacción por la mayoría de cancillerías, y convertida por la Administración norteamericana en un “acuerdo histórico” y un éxito de la gestión del presidente Obama. En cambio Israel, el país más amenazado por la existencia de armas atómicas en manos de un régimen que ha jurado destruirlo, y los Estados del Golfo Pérsico, en abierto conflicto con Irán por el predominio en el mundo islámico, mantienen su escepticismo sobre los presuntos beneficios que el acuerdo de Ginebra va a reportar para la estabilidad regional y mundial. Netanyahu incluso ha llegado a tachar de “error histórico” lo sucedido. El tiempo dirá quién tenía razón.