Revista de Prensa

La Unesco, contra la Historia

 

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El exministro israelí Yair Lapid, diputado de la Knéset y líder del partido liberal Yesh Atid (“Hay Futuro”), denuncia en este artículo la resolución de la Unesco que niega cualquier vínculo judío con el lugar más sagrado para el judaísmo, el Monte del Templo de Jerusalén.

Aparte de escandalosa, la resolución es también peligrosa. El Monte del Templo es el lugar más sensible de Oriente Medio, y quizás del mundo. La oleada de terrorismo contra Israel del pasado año estalló a causa de teorías conspiratorias, propagadas por fundamentalistas islámicos, de que Israel estaba intentando cambiar el estatus del Monte del Templo. Israel afirmó y explicó que no tenía intención de cambiar la situación ni vulnerar los derechos de los musulmanes. Yo soy miembro de la oposición al Gobierno de Israel, pero en este caso puedo asegurar que nuestro Gobierno dice la verdad y la defiende, a pesar de las dificultades.

Cuando jóvenes palestinos que ya han sido incitados contra Israel lean una decisión como esta de la Unesco, se convencerán de que las teorías de la conspiración son ciertas. Lo siguiente será coger un cuchillo, un arma o un cóctel molotov y perpetrar un ataque terrorista. (…) Gente inocente que no ha hecho nada malo morirá. Eso es lo que suele ocurrir cuando organizaciones irresponsables se involucran en situaciones complejas que no son capaces de entender.

La abstención de países occidentales como Francia y España en la resolución sobre Jerusalén obedece a circunstancias que tienen que ver con el temor a incomodar a los países musulmanes, sostiene Ephraim Herrera en Israel Hayom.

La causa de este tipo de conductas de los países occidentales es el miedo, ya sea a crear un conflicto con sus propias comunidades musulmanas o con los países musulmanes que compran decenas de millones de dólares de sus productos. (…)

Israel debe rechazar convertirse en el chivo expiatorio de la obsecuencia occidental. La decisión de cortar lazos con la Unesco es un paso importante (…) Eso forzará a los medios occidentales a informar de la grotesca distorsión de la historia (…) y obligará a los Gobiernos occidentales a enfrentarse a sus responsabilidades por los votos de sus delegados.

Jonathan Schanzer, de la Foundation for Defense of Democracies, examina aquí la historia reciente de las relaciones de Jerusalén con Pekín, y las ventajas e inconvenientes de esta posible alianza a largo plazo.

En estos momentos, entre las preocupaciones israelíes acerca de un Oriente Medio posamericano caracterizado por el altamente controvertido acuerdo nuclear con Irán y las continuas discusiones con la Administración Obama acerca de la política de asentamientos, no es un secreto que Israel está buscando nuevos aliados. La fuerza creciente de la campaña de Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS), diseñada para aislar a Israel económicamente, ha provocado que el Estado judío busque nuevos mercados también. Cada vez más voces en Israel creen que China es una buena opción.

A lo sumo sería un matrimonio de conveniencia. El apoyo de Pekín a Irán mientras hacía su apuesta por obtener armas nucleares, su apoyo al régimen de Asad y sus carnicerías en Siria o incluso los recientes ataques de China a sus pequeñas poblaciones judías no auguran precisamente una cooperación estratégica. El antidemocrático estilo de Gobierno chino está también en profundo desacuerdo con la vibrante democracia israelí. Y eso por citar sólo unos pocos desafíos.

China, en otras palabras, no es buen [aliado para el largo plazo] para Israel. Las relaciones casi seguro seguirán en los niveles actuales e incluso mejorarán en algunas áreas. Pero las predicciones de una nueva relación especial que sustituya a la de Israel y EEUU son muy prematuras.